Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

Si deseas corregir, matizar, opinar o pedir más información sobre lo aquí apuntado, te animo a participar.

jueves, 23 de febrero de 2012

San Mamés de Palacio de Torío



Si seguimos el monte de la Candamia y la ribera del Torío hacia el Norte, en el límite entre Villaverde de Arriba y Palacio de Torío podemos encontrar la curiosa ermita de la Virgen de San Mamés construida sobre un notorio túmulo que invita a pensar en la cristianización de un lugar de culto prehistórico.



La advocación de la ermita corresponde a Nuestra Señora de la Encarnación y se celebra su fiesta el primer domingo después de la Pascua de Resurrección con una procesión en la que se realiza el traslado de la imagen de la ermita a la parroquia. Su identificación con San Mamés parece responder a que este santo era el titular de algunas fincas en término de Palacio de Torío incluyendo una de estas la ermita(1).


Desde el túmulo de la ermita, los picos más señalados se encuentran al Norte-Noroeste, destacando especialmente Polvareda y San Mateo, fuera del recorrido de los lugares de salida y puesta del Sol o la Luna. Desde este punto de observación el único alineamiento solar o lunar que he reconocido es con un parcialmente oculto Pico de Santiago en el lunasticio mayor Norte.


Lo cierto es que me decepciona un poco ya que esperaba algo que pudiera explicar la advocación de la ermita, aparentemente en relación con la fiesta de media estación de Beltaine o el equinoccio de primavera. No podemos descartar algún alineamiento estelar con una declinación elevada, por ejemplo Arturo, con Polvareda o San Mateo, pero tampoco contamos con algún dato adicional parece apoyar esta posibilidad. Es posible que la ermita sustituyera algún elemento megalítico. En cualquier caso, a partir de la imagen satelital del túmulo me da la impresión que el terreno hacia el Este del túmulo oculta una estructura.


Muy cerca de aquí encontramos un punto muy curioso en el que coincide una encrucijada con el límite entre nada menos que 5 términos: Canalejas y Castrillino, Santovenia del Monte, Santa María del Monte del Condado, Villaverde de Abajo, Abadengo de Torío con Palacio de Torío y que se denomina “Las Cruces”. Recordemos que la constitución de un límite peculiar entre varias unidades territoriales locales es una de las características que permiten la localización e identificación de espacios sagrados antiguos(2) y que una de las funciones más importantes de los monumentos megalíticos era la de servir de límite entre comunidades humanas(3), con notables pervivencias incluso en la Edad Media.



«El valor territorial de los monumentos megalíticos es una herencia de sus usos pasados. Como construcciones visibles, los megalitos crearon paisajes culturales, y su función como marcadores de territorios prehistóricos está bien documentada. Sin embargo, el valor territorial de los megalitos no termina en la Prehistoria. Llegados a la Edad Media, existen centenares de contratos agrarios y expedientes de apeos en los que se hace referencia a monumentos megalíticos como marcos de territorio. Cuando se tenían que precisar los lindes de un terreno, era común recurrir a elementos fijos en el paisaje como ríos, caminos, fuentes y, con muchísima frecuencia, túmulos y dólmenes. También existen innumerables topónimos medievales, como Monte da Meda, o Lugar de Mámoas, que muy probablemente aluden a los megalitos que identifican el territorio. El empleo de megalitos como marcos de territorio disminuye a lo largo de la Edad Moderna, probablemente porque muchos han sido destruidos ya, y también por los cambios que tienen lugar en la demarcación de lindes. No obstante, muchos topónimos perduran hasta hoy como vestigios de la antigua presencia de monumentos y su valor territorial»(4).

La cristianización de estos lugares mediante cruces tuvo como consecuencia, en mi opinión, que el topónimo “cruz” pasara a denominar encrucijadas y mojones(5), como sucedió con la Cruz de Fierro.




Su hubo en Las Cruces un monumento megalítico, de él no queda ningún resto material, por lo que esta suposición, en principio, sólo se apoya en su nombre, en el carácter singular del límite que indica y en la bien conocida función de límite territorial de estos monumentos. Sin embargo, podemos reforzar esta posibilidad en base a su notable potencial astronómico: está alineado con el Teleno en el lunasticio menor Sur, con el Alto de la Cañada en la puesta del sol de Beltaine y Lugnasad y con la Peña Los Machaos en la puesta del solsticio de verano.


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(1) «El patrono de Abadengo era San Mamés, que tenía en posesión varias fincas en término de Palacio. Dentro de estas fincas había una ermita de Nuestra Señora de la Encarnación, que hoy dicen de San Mamés, sin duda por estar enclavada en las posesiones de aquel santo. Esta ermita poseía varias fincas y ganados, dados a los vecinos en renta especial, que pagaban al mayordomo de la Virgen. Entre esas fincas había una, en el término que llaman «La fuente de la Virgen» por la que recibía en renta dos heminas de centeno» TORÍO FERNÁNDEZ, C., http://www.torio.com.es/villaverdearriba/Abadengo.htm

(2) 1.-«Ser punto central de división de unidades territoriales locales, sean estos parroquias, arciprestazgos o términos municipales; lo normal es que el mapa de estos límites adopte una característica morfológica radial con varias parroquias convergiendo sus extremos sobre el mismo punto. Esto estaría en sintonía con estudios desarrollados por otros autores sobre la cultura céltica que defienden la existencia de santuarios en lugares deshabitados y fronterizos» PARCERO OUBIÑA, C., CRIADO BOADO, F., SANTOS ESTÉVEZ, M. La arqueología de los espacios sagrados, Arqueología Espacial, 19-20, Arqueología del Paisaje, Teruel, 1998, pp. 513-515

(3) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 22-27

(4) MARTINÓN-TORRES, M, El megalito ha muerto. ¡Larga vida al megalito! PH67, Especial monográfico, Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Agosto 2008, p. 92

(5) «CRUX-CIS, “Cruz”. A parte del significado religioso-cristiano, en origen alude a bifurcación de caminos, como indican los términos “Cruzar, cruce, encrucijada”. En toponimia menor no es raro la aplicación de CRUZ a caminos. Entre Valdevimbre y Villagallegos hay un camino llamado La Cruz de los Caminos (H-194). J.R. Morala también cita La Cruzada de Los Caminos (MORALA RODRÍGUEZ, J.R., Toponimia de la comarca de Los Oteros (León),Tesis doctoral dirigida por E. Alarcos Llorach, Oviedo, 1987, p. 951). También en torno a Renedo de Valderaduey hay un Cruzacaminos, Cruz de Los Caminos (Robledo, H-131), La Encrucijada (Espinoso de Compludo y Laguna de Somoza, H-192), Las Encrucijadas (O. Folgoso de a Riobera, H-159), El Crucero (Posada del Bierzo, H-158), La Crucillada (Flores del Sil, H-158).
«CRUZ también se aplicó antiguamente a “Hitos, mojones, en la delimitación de un término (FLORIANO, a.c., Diplomática española del periodo astur, IDEA, Oviedo, 1949, p.615)». GARCÍA MARTÍNEZ, J., El significado de los pueblos de León, Celarayn, 1992, pp. 42-43.
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(1) Ermita de la Virgen de San Mamés de Palacio de Torío, Miguel Ángel González, 2011

(2) Ermita de la Virgen de San Mamés de Palacio de Torío, Miguel Ángel González, 2011

(3) Vista desde la ermita de la Virgen de San Mamés hacia el Pico Santiago, Miguel Ángel González, 2011

(4) Vista satelital de la ermita de la Virgen de San Mamés. Observa el relieve del terreno a la derecha del túmulo, hacia el Este. Sigpac

(5) Mapa con la ermita de la Virgen de San Mamés y el límite de Las Cruces donde convergen 4 municipios. Sigpac

(6) Mapa Topográfico Nacional, 1:50000, 130, Instituto Geográfico Nacional, 1932

(7) Vista desde Las Cruces hacia Teleno, Miguel Ángel González, 2011

(8) Vista desde Las Cruces hacia el Alto de la Cañada, la cadena montañosa encabezada por los Arcos, Miguel Ángel González, 2011

 (9) Vista desde Las Cruces hacia Los Machaos, Miguel Ángel González, 2011 

martes, 21 de febrero de 2012

La creación del mundo y otros mitos asturianos

Hace unos días tuve la suerte de contactar con Cristobo de Milio Carrín y leer su libro La creación del mundo y otros mitos asturianos. Cuando leí la cita con la que encabeza su libro, supe que iba que iba a disfrutarlo:

«Hablando hace años sobre las leyendas de su pueblo con un anciano asturiano, de los de misa diaría, decía él:
"...Porque nuestra religión... (pausa dubitativa y miradas furtivas en torno) ...Bueno, la religión que hay ahora es la auténtica: (bajando la voz) pero antes había otra y esa era la nuestra"»
  
Cristobo rastrea las trazas de la mitología astur a partir de sus reminiscencias culturales tradicionales en Asturias y León. Dice: «Incluiré muchas leyendas, ritos y creencias del folklore leonés; considero que la continuidad cultural entre asturianos y leoneses es absoluta, y trataré cualquier dato recopilado en León como si fuese de procedencia asturiana». Información que será desmenuzada, analizada y comparada con la procedente de otras regiones europeas, y especialmente atlánticas. Sobre ello advierte «He encontrado muchos mitos celtas en nuestra tradición. Es una parte de nuestra identidad que suele ocultarse, taparse como si fuese algo vergonzoso porque no encaja en el tópico de "lo español", mediterráneo y latino. Empeñarsse en rebuscar lo que nos viene del norte y no del sur es "darles argumentos a los nacionalistas" y "buscar elementos de desunión". Fue un placer comprobar que la realidad es tozuda, que la represión ha fracasado y que Asturias mantiene vivo, a pesar de todo, el vínculo con los pueblos hermanos del Arco Atlántico»

De especial interés para mi es el mito de la creación del mundo, según el cual se produce un enfrentamiento entre las fuerzas del bien y del mal personificadas respectivamente en un joven y un anciano o mujer que se enfrentan u oponen como representación de la renovación periódica de la naturaleza, de la renovación cíclica del rey viejo por el nuevo, del triunfo del Verano sobre el Invierno, que supone la destrucción del orden anterior y la consiguiente recreación del mundo, y que se relaciona con las fiestas de media estación de Imbolc o Beltaine o con el solsticio de verano. Sobre ello traté en mi serie de artículos Quién es el dios Teleno.  Como podéis imaginar, la coincidencia en el tema abordado me ha encantado.

Con el fin de complementar esta serie de artículos, voy a tomar sólo dos muestras, de las muchas que hay, que me han parecido muy interesantes y que apoyan, nuevamente, la presencia de este mito universal en la cultura antigua astur.

El primero es el de la niña encantada, recogido por Aurelio del Llano(1):

Erase un grande señor que tenia dos hijas: una estaba para casarse con un conde. Y la otra hablaba secretamente con un mozo pobre y plebeyo. 
Enteróse de ésto el padre de la niña y la encerró en un cuarto del palacio.
Por una ventana se comunicaba con su novio, pero ésto se descubrió y el mozo determinó marchar con un señor que iba a pelear contra los moros. 
De acuerdo con los encantadores, el padre cogió a su hija y con el dinero que le correspondia en herencia la llevó a una montaña; un encantador comenzó a leer por un libro, y de una cueva salió el Cuélebre que había de guardar a la niña. Esta, llorando a lágrima viva, rogaba a su padre que no la encantara, pero el tirano la hizo entrar en la cueva y como único consuelo le dijo los medios que tenia que emplear el que se atreviera a libertarla y la dejó allí encantada. 
Mientras tanto, su novio, dispuesto a ganar honores, hizo tantas cosas peleando contra los moros, que el rey le hizo noble y le dio armas para su escudo. 
Y con ésto regresó y presentóse delante del palacio de su novia. Por un criado viejo que estimaba mucho a la niña, supo lo del encantamiento. Y el mozo fué a la montaña y registró todas las cuevas sin resultado alguno. 
Después sentóse a descansar bajo la sombra de un fresno y de pronto oyó la voz de un pastor que iba detrás de su rebaño cantando: 

— Niña que estás encantada 
en la cueva de Cirbian, 
he de libertarte yo 
la mañana de San Juan. 

El mozo atravesó corriendo un cotollal, llegó al pié de la fuente donde estaba el pastor y le preguntó el significado de la copla. 
El pastor le contestó que estando él metido en el hueco de un roble para librarse de la lluvia, había visto, lleno de miedo, el encantamiento de la niña. Y que el padre al marcharse habia dicho a su hija: 

— El que se atreva a desencantarte tiene que presentarse aquí la mañana de San Juan cargado de reliquias y dar muerte al Cuélebre, de una lanzada en la garganta. 

Y si no hay quien se atreva a hacer esto — agregó el pastor — lo haré yo cuando sea hombre. ¡Si supiera usted que guapa es la nena!. 

— ¡Calla! A esa joven me corresponde a mí desencantarla. 

Y la mañana de San Juan, armado de lanza y cargado de reliquias, presentóse el mozo en la cueva donde estaba encantada su novia y esperó. 
Al poco tiempo sintió un ruido muy grande y vio que en dirección a el avanzaba el Cuélebre silbando y dando golpes con la cola. 
El mozo, aprovechando un momento en que el Cuélebre se enderezó frente a él, hinchando el cuello, le dio un golpe de lanza en la garganta y le mató. 
Inmediatamente se rompió el encanto y apareció la niña llena de hermosura delante del valiente mozo. Este la cogió en sus brazos y la depositó desmayada en el campo. 
El pastor presenció la lucha del mozo con el Cuélebre desde el mismo sitio que había presenciado el encantamiento. 
Y cuando vio al Cuélebre caer muerto, fué corriendo a dar cuenta de lo ocurrido al antiguo criado de la niña. El padre de ésta había muerto el día que la encantó. 
Hiciéronse grandes preparativos en el palacio, y todos los habitantes del contorno se dirigieron a la montaña en busca de los enamorados, los cuales se casaron a los pocos días. Y dieron al pastor una parte del dinero que había acompañado a la niña en su encantamiento. 

Cristobo de Milio Carrín señala la sustitución del rey viejo, que ha encerrado a su hija porque sabe su descendencia  supondrá su fin, por el mozo que da muerte a un culebrón que es, al mismo tiempo, el propio rey. El muchacho se unirá a la joven, la Gran Diosa en su aspecto de virgen, desencantándola, fertilizándola, accediendo así al tesoro que simboliza la vida. Y no lo hace un día cualquiera o en un lugar cualquiera, sino en la cueva donde está encerrada y en la noche de San Juan(2). Las analogía con el relato irlandés de Lug contra Balor es evidente. Si yo conociera esta cueva, estad seguros que trataría de averiguar si esta está orientada en el solsticio de verano.

El otro relato proceden del occidente de Asturias (3):

¡Veite, cerzo, cercellín,
deste valle regueiro,
que ahí chi ven Xuan de Riba
xurando y devotando
que chi a partir úa dida
si te coye costa arriba
que chi ha partir un brazo
si te coye costa abaxo...!

Aquí, Cristobo de Milio Carrín pone de manifiesto la identidad de Xuan de Riba con el Sol, y la personificación de los fenómenos metereológicos adversos en un ser, un enemigo de Xuan, que será derrotado por este partiendo su brazo o el dedo del pie(4) como Indra hizo con el dragón Vritra.

Hay mucho más, así que os recomiendo leer el libro. 

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(1) LLANO ROZA DE AMPUDIA, A., Del folklore asturiano. Mitos, supersticiones, costumbres, 1922, pp. 85-87

(2) DE MILIO CARRÍN, C., La creación del mundo y otros mitos asturianos, 2008, pp. 187-191

(3) Gran Enciclopedia Asturiana, Silverio Cañada, Gijón, 1970, t. 13, p. 180, citado en DE MILIO CARRÍN, C., La creación del mundo y otros mitos asturianos, 2008, p. 366

(4) Gran Enciclopedia Asturiana, Silverio Cañada, Gijón, 1970, t. 13, p. 180, citado en DE MILIO CARRÍN, C., La creación del mundo y otros mitos asturianos, 2008, p. 368

jueves, 16 de febrero de 2012

El santuario rupestre de Quintanilla de Somoza: un paradigma del calendario en el paisaje

Charla sobre el santuario rupestre de Quintanilla de Somoza de la serie “Historias Petreas” de las VIII Jornadas Entrecuesto 2012.

En Maragatería, se han hallado varias manifestaciones de arte rupestre prehistórico. Podríamos compararlas a los huesos de un fósil: se limpian y tratan para hacer posible su conservación. Sin embargo, se requiere un paso adicional que es imaginar el tejido que los envolvía para reconstruir su apariencia y modo de vida. Si en el caso de los huesos este tejido envolvente se obtiene a partir de conocimientos en Anatomía que se han nutrido del estudio de los animales actuales, el de estos yacimientos rupestres procede de leyendas, tradiciones, celebraciones festivas, ideas religiosas y otras reminiscencias culturales reconocidas localmente, en Maragatería, que pueden ser comparadas con las de otros ámbitos regionales más amplios en busca de analogías que nos permitan rellenar lagunas o reconocer patrones. Ese es el propósito de mi libro: Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo, y de la Muerte, o de los distintos artículos que sigo publicando en mi blog asturiense.blogspot.com.

Sin embargo, hoy vamos a centrarnos en el complejo rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza. A pesar de que su existencia fue dada a conocer en la prensa leonesa poco después del hallazgo de los petroglifos de Peñafaciel(1), ya un artículo de Jose María Luengo de 1990 se hacía eco de su existencia. Decía: «Tambien el Sr. Perandones me da cuenta de la existencia de un lugar, cerca de Quintanilla de Somoza, donde existen unas peñas con círculos pequeños que van haciendo indicación hasta llegar a medio kilómetro aproximadamente, a una caja también de peña, donde dicen se encontraron monedas con ocho bordes y tenían fechas de 535. El lugar merece un estudio detenido, ya que puede tratarse o bien de signos circulares o de las típicas cazoletas que tanto abundan en los castros gallegos»(2).

El yacimiento consiste en una peña con una acumulación de piedras de cuarzo blanco o geijos, cazoletas, incisiones y un megalito. Hacia el oriente existe otra peña más pequeña con cazoletas y algo más alejado, un poste de piedra alargado con rebajes e incisiones que la tradición dice que procede del Pico del Castro.











En mi opinión, el estudio de este santuario no debe hacerse de manera independiente a una pieza importantísima hallada en sus inmediaciones, la célebre lápida votiva con la leyenda: “Uno es Zeus-Serapis-Iao” con una gran mano mostrando la palma y los dedos extendidos, y un triángulo encima. Se postula su origen en el siglo III de nuestra era y ha sido objeto de estudio por parte de varios investigadores tales como Antonio García Bellido(3), Julio Mangas(4), Martín Almagro Basch(5), María Paz de Hoz(6) o Sabino Perea y Santiago Montero(7), entre otros, que ya la han descrito e interpretado como un producto cultural romano en un momento en el que en el conjunto del Imperio bullen influencias culturales y religiosas entre sus provincias. Sin embargo, ninguno de ellos lo ha hecho en el contexto de un espacio de culto prerromano astur, algo que considero necesario dada su proximidad al notable yacimiento megalítico y de arte rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza.

Como podemos observar, destaca una mano extendida, la misma que utilizamos hoy en día para saludarnos. No creo que sea símbolo de hospitalidad como sostiene la placa que la identifica en el museo de León, sino como propiciador de salud y prosperidad en beneficio de la persona que recibe el saludo. Se trata de un símbolo muy antiguo, pues aparece como atributo de muchas figuras antropomorfas presentes en representaciones de arte rupestre europeos: escandinavos, italianos, españoles y franceses, de los que infiere Adolfo Zavaroni que la mano abierta era un símbolo de resurrección por excelencia del dios de la fecundación(8). Su significado también está presente en diversos relatos mitológicos indoeuropeos que tratan la recreación periódica del mundo así como el triunfo y sustitución del dios joven del verano sobre el dios viejo del invierno, tema que he tratado en la serie de artículos de mi blog: Quién es el dios Teleno. En estos relatos, la mano es el atributo principal de un dios de origen mortal, hijo solar del dios supremo del cielo, cuyo destino es crear el mundo y ocupar el puesto de su padre después de dar muerte a las fuerzas de la oscuridad personificadas en un dios viejo con características evidentemente lunares y cuyo atributo es precisamente la perdida de una mano. Según Gricout y Hollard, la mano podría representar al sol y los dedos sus rayos(9).
Si volvemos al ara observamos un triángulo, una unidad con tres caras. La estructura tripartita es otra de las características esenciales de este joven hijo del Sol, que además se reproduce en los panteones divinos fundamentales de las religiones indoeuropeas: la triada capitolina latina con Júpiter-Marte-Quirino, la nórdica con Thor-Odín-Freyr, la irlandesa con Dagda-Lug-Ogmios, o las galas Cernunnos-Apolo-Mercurio, Taranis-Teutates-Esus, etc. Una de estas caras, o vértices, correspondería al dios manco y viejo del invierno mientras que la otra, al dios joven del verano de la mano poderosa. Un dato procedente del estudio de Sabino Perea y Santiago Montero nos va a permitir profundizar más en esta idea. Se trata de una fórmula del oráculo de Apolo Klario conservado por Macrobio en el 400 d.C., que puede relacionarse con la inscripción de la lápida de Quintanilla. Macrobio dice:

«Y como aquel verso es más ambiguo, este otro del mismo poeta [Orfeo] es más elaborado: "Uno Zeus, uno Hades, uno Helios, uno Dioniso".
«La autoridad de este verso se basa en un oráculo de Apolo Clario en el que le da otro nombre más al sol, que en estos versos sagrados, entre otros nombres, recibe el de Iao. Pues Apolo Clario, al serle preguntado cuál de los dioses había que considerar que era aquel que es llamado Iao, habló así: "Aquellos que conocen los misterios impronunciables deben mantenerlos en secreto. Mas si tu comprensión es limitada y tu mente débil, sabe que Iao es el dios supremo de todos los dioses, en invierno Hades, Zeus al comenzar la primavera, Helio en verano y en otoño el tierno Yaco"
«El sentido de este oráculo y la interpretación de la divinidad y de su nombre, según la cual Iao se identifica con el padre Liber y con el Sol, han sido estudiados por Cornelio Labeón en un libro cuyo título es El oráculo de Apolo Clario»(10).

Es decir, el significado último de esta lápida es la afirmación de que existe un único dios con varias facetas complementarias que se corresponden con las distintas estaciones del año. Iao representaría a la divinidad suprema, Serapis a su aspecto lunar, viejo e invernal y Zeus a su aspecto solar, joven y veraniego.

En cuanto a nuestro santuario rupestre, el elemento que me parece más interesante es su megalito. Consiste en una gran bloque alargado apoyado en dos lajas, que está alineado hacia la dirección del nacimiento del sol en las fiestas de media estación invernales. Este alineamiento coincide con el de la Albarda de Peñafaciel así como el de la mayoría de los dólmenes del occidente europeo los cuales han sido analizados estadísticamente por Michael Hoskin(11). En relación con este uso astronómico está la afimación del astrónomo inglés, y fundador de la revista Nature: «los dólmenes no han sido, estoy convencido, en muchos casos originalmente tumbas, sino lugares de observación que permanecen en la oscuridad para observar a lo largo de una línea de visión; esto se conseguía con mayor eficacia por medio de un sepulcro de corredor, el predecesor de la oscurecida naos en Stonehenge, escudada por sus trilitos cubiertos»(12).




En el sentido contrario del eje del megalito se produce el alineamiento con la puesta del sol en las fiestas de media estación que dan comienzo y fin al verano, Lugnasad o Asamblea de Lug y Beltaine o Fuego de Bel. Es decir, este megalito verifica las cuatro fiestas de media estación que dividen el año en cuatro estaciones.


El calendario nos permite medir el transcurso del tiempo. Desde antiguo el Hombre observó que el movimiento de los astros en el cielo era regular, y se sirvió especialmente del ciclo de la luna (en sociedades de cazadores) y del sol (en sociedades agrícolas y ganaderas), así como de las estrellas para regular sus actividades de explotación económica de la Naturaleza. De hecho, hasta hace muy poco, el momento de iniciar determinadas tareas relacionadas con el campo se correspondía con ciertas fechas del calendario cristiano.

En el solsticio de verano el Sol hace su recorrido más alto y el día es el más largo del año en medio del periodo de tiempo en el que la tierra exhibe su máximo crecimiento y fertilidad. En el solsticio de invierno, cuando la tierra parece muerta, fría y estéril, el recorrido del Sol es el más bajo y el día es el más corto. Son los polos del ciclo anual del Sol e invitan a la división del año en dos partes que darían comienzo en los equinoccios. Un paso más es dividir el año en cuarto partes que se corresponden con nuestras estaciones de modo que la fecha central del verano y del inverno estén ocupadas con sus respectivos solsticios. Si estas estaciones tienen las misma duración darán comienzo en unas fechas que se conocen con fiestas de media estación, que se producen a medio camino entre los solsticios y los equinoccios y que popularmente se conocen como “calendario celta”. En mi libro, Teleno. Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte, hice un recorrido por los calendarios atlántico, germánico, griego y romano, así como por nuestras fiestas populares constatando que los Carnavales, San Antón, Santa Brígida, Las Candelas o San Blas remiten a la fiesta de media estación que denominamos convencionalmente Imbolc, las fiestas del mayo y las rogativas a Beltaine, San Juan, San Pedro o San Antonio al solsticio de verano, las fiestas patronales de agosto a Lugnasad, Todos los Santos o San Martín a Samain y la Navidad al soslticio de invierno(13). Las fiestas de San Salvador, patrón de Quintanilla de Somoza, San Antón, frecuentemente en relación con el comienzo del Carnaval junto con la Candelaria o San Blas, y la fiesta del Cristo el martes siguiente a la Pascua de Pentecostés, bien pueden ser reminiscencias de las fiestas de Lugnasad, Imbolc y Beltaine de este calendario prehistórico ancestral.

Está claro entonces que si hay unas fechas que son fiestas que además tienen un significado sagrado ya que cumplen con una determinada función mágica orientada a gobernar los ciclos de la Naturaleza a favor del Hombre, habrá también unas direcciones sagradas, ligadas a esta función. Nuestro megalito, además de manifestar esta dirección sagrada en un alineamiento definido por el eje de su estructura, tendría además un propósito práctico que es el de conocer el acontecimiento de estas fechas principales, es decir, permitir al Hombre el seguimiento del ciclo solar.

En mi blog hay un artículo con título La génesis del calendario: el calendario prehistórico, en el que defiendo que el hombre antiguo no podía determinar el acontecimiento de los equinoccios para utilizarlos como base para la determinación de las fiestas de media estación. En su lugar utilizaban el punto medio entre los solsticios, criterio que me ha permitido determinar que fue en torno al s. X cuando se asentó la tradición popular de considerar la celebración de estas antiguas fiestas a principios de febrero, mayo, agosto y noviembre.

Podemos concluir, por tanto, que la lápida votiva de Quintanilla de Somoza, aunque producto de un momento en el que el territorio astur está integrado en el Imperio Romano, aparece en el contexto de un santuario prerromano en cuya estructura se proyectan las direcciones sagradas que señalan el acontecimiento de las cuatro fiestas de media estación, un calendario original que es sensible en nuestro calendario festivo popular. La interpretación de la lápida subraya el carácter sagrado de este calendario y nos proporciona una clave para la comprensión de la cosmovisión de los astures del siglo III que se basa en la unidad de la divinidad aunque esta pueda manifestarse en la oposición de sus dos facetas contrarias y complementarias: sol/luna, luz/oscuridad, hombre/mujer, verano/invierno o vida/muerte, que mantienen un conflicto crítico en la renovación anual que el Hombre debe resolver, bien por procedimientos mágicos, bien rogando a sus dioses, una concepción que sería coincidente con la deducida en otras religiones indoeuropeas.

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(1) GANCEDO, E., Hallan nuevos grupos de petroglifos a lo largo de 300 metros de roca, Diario de León 13/8/2009

(2) LUENGO MARTÍNEZ, J. M., Lo Celta y lo Celtibérico en la Provincia de León, Estudios Arqueológicos, Homenaje del Excmo. Ayuntamiento. Astorga, 1990, pp. 145-186

(3) GARCÍA BELLIDO, A. Notas sobre arqueología hispano-romana de la Provincia de León, Tierras de León, Vol. 1, nº 2, 1961, pp. 17-20

(4) MANGAS, J., Cultos minorasiáticos en el noroeste de la Hispania romana, Complutum Extra 6 (I), 1996, pp. 485-486

(5) ALMAGRO BASCH, M., Manifestaciones del culto de Zeus Serapis y de Sabazios en España, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2006, Edición original: ALMAGRO BASCH, M., Cuadernos de trabajos de la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma, nº 8, 1956, pp. 199-212

(6) PAZ DE HOZ, M., Henoteísmo y magia en una inscripción de Hispania, Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik 118, 1997, pp. 227-230

(7) PEREA, S., MONTERO, S., La misteriosa inscripción hispana a Zeus, Serapis y Iao: su relación con la magia y con la teología oracular del Apolo de Klaros, Miscellanea epigrafica in onore di Lidio Gasperini, pp. 711-736

(8) ZAVARONI, A., Raised open hands: divinities not worshippers: http://www.ssfpa.se/pdf/2007/Zavaroni-artikel-A07.pdf

(9) GRICOURT, D., HOLLARD, D., Le dieu celtique Lugus sur des monnaies gallo-romaines du IIIe siècle, Dialogues d’Histoire Ancienne, XXIII, p. 237, citado en HILY, G., Le dieu celtique Lugus, École practique des Hautes Études. Section des sciencies historiques et philologiques. Menttions historie, textes et documents. Doctorat en littératures celtiques médiévales et histoire des religions, Pierre-Yves Lambert (Dir.), 2007, p. 353

(10) MACROBIO, Saturnalia, 1, 18.17-20, citado en PEREA, S., MONTERO, S., La misteriosa inscripción hispana a Zeus, Serapis y Iao: su relación con la magia y con la teología oracular del Apolo de Klaros, Miscellanea epigrafica in onore di Lidio Gasperini, pp. 729-730

(11) HOSKIN, M., Orientations of Dolmens of Western Europe: Summary and Conclusions, Journal for the History of Astronomy, Vol. 39, No. 4, p. 507-514; HOSKIN, M., Orientations of dolmens of Western Europe, Complutum, Nº 20, 2, 2010, pp. 165-175; HOSKIN, M., El estudio científico de los megalitos. La arqueoastronomía, PH67, Especial monográfico, Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Agosto 2008, pp. 84-91

(12) LOCKYER, J. N., Stonehenge and Other British Stone Monuments Astronomically Considered, MacMillan and Co., 1906, p. 41

(13) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 97-196
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(1) Arte rupestre de Maragatería, Miguel Ángel González, 2012

(2) Mapa del emplazamiento del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Sigpac

(3) Restos de la antigua iglesia de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2010

(4) Santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2010

(5) Segunda peña con cazoletas del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2010

(6) Poste de piedra del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza (antiguamente en Pico Castro), Miguel Ángel González, 2010

(7) Cazoletas del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza (antiguamente en Pico Castro), Miguel Ángel González, 2011

(8) Cazoletas sobre el megalito del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2011

(9) Megalito del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2010

(10) Megalito del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2010

(11) Incisiones sobre el megalito del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2010

(12) Lápida votiva de Quintanilla de Somoza, tomada de VV.AA. La Enciclopedia de León. Diario de León, 2005

(13) Distintas representaciones de figuras antropomorfas con manos destacadas en el arte rupestre europeo, más una cerámica celtibérica

(14) Una moneda tipo Thasos y una imitación del Este de Europa, que muestran en una cara a Dionisos y en la otra a Hércules. Obsérvese en la segunda, la mano con dedos largos

(15) Triangulo que representa la unidad de lo divino

(16) Amanecer en Imbolc o Samain desde el megalito del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2010

(17) Amanecer en Imbolc o Samain desde el megalito del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2011

(18) Peñafaciel, Miguel Ángel González, 2010

(19) Amanecer en Imbolc o Samain desde La Albarda de Peñafaciel, Miguel Ángel González, 2011

(20) Orientación de las tumbas megalíticas del oeste europeo. HOSKIN, M., El estudio científico de los megalitos. La arqueoastronomía, PH67, Especial monográfico, Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Agosto 2008, Gráfico 3, p. 89

(21) Puesta del sol en Beltaine o Lugnasad desde el megalito del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza, Miguel Ángel González, 2011

(22) La construcción del calendario




jueves, 9 de febrero de 2012

El calendario lunar prehistórico de Camposagrado

«¿Qué encuentra en estos parajas solitarios y sin las mínimas ventajas para la subsistencia el hombre de cada época? ¿Acaso su cualidad de páramo con apariencias de desierto? Desde siempre el yermo ha lanzado sobre ciertos espíritus un no se qué de fascinación. Su silencio y la amplitud de su horizonte lo convierten en lugar apto para la contemplación y para el encuentro con la Divinidad.
«Hay parajes privilegiados, como ventanas abiertas a lo trascendente. Desde ellas trató de asomarse al más allá el hombre de todos los tiempos. En estos espacios encontraremos mensajes que sólo podremos descifrar, y ello no sin grandes dificultades, ayudados de varias ciencias convergentes: la Fenomenología de la religión, la Etnología, la Antropología cultural, la Historia religiosa, la Teología»(1).
El rey Pelayo es nuestro rey Arturo particular, de modo que nos es fácil discernir cuando los episodios por él protagonizados responden a un hecho histórico o cuando se trata de un relato mítico. En este segundo caso se produce probablemente la reutilización de un relato de tradición oral más antiguo, ligado a un lugar concreto, cambiando los protagonistas y adaptándolo de acuerdo a los intereses del falsificador y para mayor gloria del obispo, rey o noble necesitado de hazañas y legitimidad para apropiarse algún recurso, bien o dominio.

Es el caso de la conocida como “Covadonga leonesa”, que algunos autores como Díez Monar creen cierta(2), una batalla brutal producida en el año 722 entre las tropas musulmanas y cristianas, capitaneadas respectivamente por Almanzor y Pelayo, y que es tan auténtica como la inmediatamente anterior de Covadonga, cerca de Cangas de Onís. No es coincidencia que estas tradiciones de batallas aparezcan asociadas a un santuario con grandes visos de origen pagano. De hecho, asistimos nuevamente a la representación de la lucha cíclica del Bien contra el Mal, del Verano contra el Invierno, un suceso mítico inserto en el ciclo festivo que probablemente se celebraba originalmente en la primavera pero que finalmente fue asociado a la festividad de la Virgen en septiembre(3).

El primer historiador que se hace eco de la tradición de Camposagrado fue el canónigo Fernández Álvarez y Miranda en su Antigüedad de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Campo sagrado de las Montañas de León, estatutos y loables exercicios de sus cofadres de 1653, el cual utiliza fuentes que no pueden ser contrastadas(4), hasta el punto que Sánchez Badiola incluso cuestiona la existencia de una tradición popular previa(5).

Según este relato, en el lugar de Camposagrado tuvo lugar la segunda gran batalla entre moros y cristianos, capitaneados estos últimos por Pelayo, después de aquella de Covadonga de 722. Santiago había revelado a Pelayo en un sueño que el enfrentamiento debía producirse en el lugar donde tiempo atrás había acampado acompañado por el Arzobispo de Toledo, Urbano, y donde habían dejado como recuerdo la imagen de Nuestra Señora de Camposagrado. Una vez allí, el Capitán Colinas propuso a Pelayo preparar un trampa, de manera que fueron excavados trece pozos ocultando cada uno de ellos cincuenta guerreros cristianos emboscados. Al día siguiente se produjo la batalla, terrible y sangrienta, en la que los cristianos tenían todas las de perder. Cuando los moros se creían ya victoriosos y habían descuidado la batalla, entró en escena el Capitán Colinas y sus guerreros que resolvieron el conflicto a su favor. Urbano bendijo el campo de batalla y dio sepultura a los muertos. Pelayo mandó levantar dos ermitas, una donde Pelayo fue inspirado por Santiago, en la Llana de Benllera, y la otra donde fue deshecho el ejercito musulmán por el Capitán Colinas, en Camposagrado. Los pozos se extienden a dos kilómetros al norte de Camposagrado hasta la cima de un monte llamado Mala Muerte(6).

El paraje es generoso en cuanto a topónimos que aluden a esta leyenda: Las Rendidas, Vallina de la Trampa, el Muro de la Trampa, Valdebanderas, Pozos de Colinas, Cordemoros, Valamuerte o Malamuerte,...







La fiesta principal se celebra el 8 de septiembre, Natividad de la Santísima Virgen, mientras que la Rogativa lo hace el segundo domingo de junio, procesión y misa campestre, pregón, ofrenda de productos tradicionales, trajes regionales, concurso de mastín leonés y corro de lucha leonesa, aunque antiguamente era en el mes de mayo, en días separados para el ayuntamiento de Carrocera y el de Rioseco de Tapia(7).
La configuración y emplazamiento del Santuario de Camposagrado responde a la función de límite reconocido en los santuarios prehistóricos(8), en el nacimiento del arroyo de Espinadal y dividiendo las diócesis de Oviedo y León, las parroquias de Benllera y Rioseco de Tapia y entre los ayuntamientos de Carrocera y Rioseca. Además, la Muria del Agua, adyacente al santuario y que antiguamente era una muria de piedras en el medio de una charca, divide los términos de Benllera, Rioseco y Tapia. Incluso el propio edificio está dividido en dos mitades por su eje, cada una con su respectiva puerta, lo que era motivo de frecuentes enfrentamientos entre obispos, párrocos y seglares:

«Ha habido en tiempos pasados grandes pleitos, entre los Obispos de Oviedo y León, sobre a quien tocaba la visita de esta santa Casa; hoy al presente la visita el de León, no sé cual sea la causa. También hubo grandes disgustos sobre qué cura había de decir la misa el día que se celebra la principal festividad de nuestra Señora; al presente la dice un año el uno, y otro el otro. La causa de esta conveniencia he oído a muchas personas de aquella tierra, que en un gran disgusto que hubo entre los curas de los dichos dos lugares, el uno tiro el bonete a la pared, y se abrió la Capilla Mayor por medio: milagro, que se tiene por cierto, que obró Nuestro Señor por la intercesión de su Santa Madre, para la quietud de los fieles, y mayor servicio suyo. La abertura se ve patentemente en la misma pared»(9).

A este respecto, nos explica Viñayo:

«La sociología y la antropología cultural sí saben darnos explicación coherente a todos los fenómenos en apariencia contradictorios. Comenzarán relatándonos hechos muy similares, referidos a otros muchos santuarios y ermitas esparcidos por lugares muy distantes entre sí, pero que tienen en común su condición rural y a un Santo como símbolo protector. Nos hablarán del “ritual de integración y diferenciación”, de una búsqueda de afirmación comunitaria y de la confesión de la propia identidda y personalidad de cada grupo primordial –clan, barrio, aldea o pueblo– trata de poner de manifiesto. Puede también intervenir como ingrediente un cauce o deshagüe ordenado a descargar la agresividad colectiva. Con estas batallas anuales y regidas por un rito ancestral se evitaban batallas más frecuentes, tanto entre los poblados rivales como entre los vecinos de la comunidad. El estudio profundo de estos fenómenos nos descubrirán un trasfondo vital y social y no un simple episodio irracional o un producto de la calentura pasajera de los vapores de la bebida; los historiadores de la religiosidad popular hacen notar cómo los santuarios de mayor devoción se encuentran situados en los límites de las demarcaciones territoriales o en las encrucijadas de los caminos de acceso a varios pueblos»(10).

A dos kilómetros del Santuario hacia el Cillerón encontramos una fila de grandes montículos horadados en su centro, tradicionalmente trece, dispuestos regularmente y al lado de un reguero(11). Finalizan en un montículo conocido como El Espinal, muy cerca de un topónimo conocido como La Fuente del Moro. La noticia más antigua que tenemos de ellos procede del Libro de la Montería del Rey Alfonso XI:

«Val Semana, et Val de Cadiellas, et Val de Ponja es todo un monte, et es bueno de oso en verano, et de puerco en ivierno. Et son las vocerías, la una por cima de la loma de Val de Cadiellas, et la otra á los Pozos de Colina fasta el Cillero. Et es el armada á Campo Sagrado, et otras dos armadas al rio de Bernesga: la una, á la boca de Val de Cadiellas, et la otra á la boca de Val Semana»(12).

Antonio Justel propuso la función de lucernas para las galerías subterráneas que recorren el valle o respiraderos del canal romano de “La Griega” que conducía el agua desde el río Torre hasta las explotaciones auríferas de Villaroquel(13). Sin embargo, parece más probable que se trate de túmulos prehistóricos saqueados, lo que explicaría el pozo central. Ya César Morán había apuntado la posible existencia de dólmenes en ese lugar, y P. Redondo halló una punta romboidal de retoque plano y un trapecio que igualmente son elementos que suelen formar parte de los ajuares megalíticos(14):

«En la Hoja de León, término de Benllera, a mano izquierda de la carretera de León a Caboalles, están los Pozos de Colinas. Son motillas, mámoas, túmulos con todas las apariencias de dólmenes. Todos ellos presentan una gran hoyo, excavación en el centro desde tiempo inmemorial; de ahí la denominación de pozos. Los túmulos son 14, aunque la tradición los reduce a 13; es que no cuenta uno que toca al Cillerón y que es el primero de la serie contando de NO. a SE. Allí mismo, junto al primero, hay una especie de sepultura, y a lado, una cruz formada en el suelo con cantos rodados. Están en una valle muy abierto, y ocupan algo más de un kilómetro, separados unos de otros por medios regulares.
«La leyenda los atribuye a una batalla entre moros y cristianos, en los que intervienen el apóstol Santiago, Pelayo y el capitán Colinas. Y explica los pozos diciendo que son trampas o celadas que hicieron en una noche 500 azadoneros cristianos. Oculta allí la fuerza, avanzaban por el campo los moros muy tranquilos; salieron rápidamente los cristianos de su escondite, se lanzaron de improvisto contra los agarenos, y los destrozaron en parte considerable. venía la noche encima y no estaba completa la victora. Entonces el capitán Colinas clamó a la Virgen pidiéndole que continuase la luz del día hasta poder derrotar por completo al enemigo. la Virgen concedió el espacio de tiempo que medía entre la puesta de sol y la noche cerrada.
«Probablemente los hoyos en cuestión no son más que excavaciones practicadas por los buscadores de tesoros, como han hecho en otros muchísimos dólmenes.
«En la misma Hoja de León, que es un gran despoblado, está el santuario de la Virgen de Campo Sagrado. Se llamó así, sigue diciendo la leyenda, por la sepultura que allí recibieron los cristianos muertos en la batalla, cementerio, campo santo, campo sagrado, y aún dice que se debe llamar campo sangrad, y no campo sagrado.
«No es difícil que ese nombre de Campo Sagrado provenga de los túmulos considerados como dólmenes, desde una época en que el pueblo aún conocía la finalidad de esos monumentos, que eran para enterrar a los difuntos.
«Nosotros exploramos uno de estos supuestos dólmenes, como quien registra una casa robada, teniendo en cuenta que hay muchas cosas que a los primeros excavadores no interesaban, tales como huesos, piedras, fragmentos de vasijas, etc. Sólo encontramos carbones vegetales, tierra quemada y una cuarcita que había sufrido intensamente la acción del fuego, y parte de ella estaba convertida en cal. Sabido es que en todos los dólmenes aparecen señales de fuego, bien fueses para la cremación de cadáveres, bien para los ritos o ceremonias verificados en el momento del sepelio»(15).

Hay también noticia, no sé si de origen popular o erudito, de un monumento megalítico en el pinar de Camposagrado, aproximadamente sobre el kilómetro 22, interpretado por Antonio Justel como calendario lunar(16):

«Por cierto, que al lado de la carretera, en Camposagrado, donde hoy existe la plantación de pinos, había una serie de trece círculos de enormes piedras con veintiocho piedras en cada círculo, presididas por una gran pilastra oquedada. Se atribuían a los adoradores de la luna. Trece lunas al año con veintiocho días lunares cada una. El estudio e investigación sobre tal curiosidad lo tiene realizado el mentado inspector don Antonio Justel publicado en el Boletín de la Inspección de León nº 19 de enero de 1970. Las piedras se llevaron al alto del Portillo de Puente Castro, algunas sirvieron de basamento de la estatua del Quijote, de Victor de los Ríos, que posteriormente se trasladó al campus universitario»(17).

Aún no he podido acceder directamente al artículo de Justel, que sólo conozco a partir de la valoración que realiza Sánchez Badiola y de una página web(18).

«Una extraña teoría místico-cósmica, que hablaba de polos magnéticos, propiedades telúricas y alineamientos prehistóricos que formaban parte de un inmenso calendario solar [...] Para Justel, los topónimos Benllera y Valsemana estaban intimamente relacionados entre sí, remontándose nada menos que al Neolítico y la Edad del Bronce. Ambas derivarían de sendas divinidades solares: Saman, dios del ocaso, y Belen, que lo era del amanecer. Durante la fiesta de Saman se celebraba el solsticio de invierno y el Año Nuevo celta, que tenía lugar en noviembre. La Belaria, o Benlera, estaba, por el contrario, dedicado a Belen o Belennos, y era celebrada durante el mes de mayo. Estos cultos dejaron entre Benllera y Valsemana un extenso campo de alineamientos megalíticos, grandes morrillos silíceos dispuestos de seis en seis metros, en hileras de 28 piedras, formando círculos en torno a otra piedra central, de mayor tamaño. Las líneas marcarían la salida del sol y de la luna y sus variaciones, indicando tanto los meses como los días. El hecho de que Valsemana se halle hacia oriente, y Benllera hacia el oeste, aunque pudiera contradecir la tesis de Justel, era explicada por este mediante un cataclismo “que trastocó el orden existente (...) cambió el rumbo solar modificando los lugares de salida y puesta del mismo: Belen venía a ser el equivalente galo de Apolo, y su era se vinculó a la constelación de Aries. Dado que antes del cataclismo la montaña de Camposagrado se hallaba en el Hemisferio Sur, sus moradores de entonces, colocados en el observatorio-templo, si miraban hacia la cordillera a las doce de la noche del primero de noviembre, verían la constelación de Geminis cruzar el meridiano. Y, por si ello fuera poco, inmediatamente tras ella surcaría el firmamento la de Pegaso, justo sobre el pago que, en memoria de ello, lleva todavía el nombre de “Cuesta del Caballo”. Por último, el paraje de Balamuerte, lejos de las explicaciones legendarias, vendría de Baal-Mot, señor de la lluvia y la muerte»(19).

Una vez sentadas las bases, comencemos nuestro análisis.

Desde la Muria del Agua se produce un alineamiento en el solsticio de verano sobre la Cuerda y otro en el lunasticio mayor Norte sobre Peña Mala, si bien no tengo claro que desde aquí fueran visibles ambos referentes del paisaje.

En lo relativo a los Pozos de Colinas, podemos comprobar su disposición lineal mediante una imagen por satélite, en dos rectas con orientaciones de 183,1º y 190,9º, es decir, casi Norte-Sur. Podríamos pensar que buscan un par de alineamientos, al Sur verdadero y a una estrella, por ejemplo, de la Cruz del Sur. Sin embargo la diferencia con este eje cardinal es demasiado grande y no tiene sentido una alineación de varios túmulos cuando la intervisibilidad de estos se limita a los inmediatos.

De los 13 pozos, sólo pude reconocer 11, que aparecen en la figura como círculos en rojo. Es llamativo constatar que están distribuidos a intervalos iguales, excepto por tres huecos, uno de ellos en la zona en la que confluyen las dos rectas. Si los rellenamos todos, tendríamos 14 puntos, con espaciamientos que varían entre los 57 y los 70 metros. Con todo, parece claro que estas dos rectas están definidas por el curso del arroyo a lo largo del cual se enclavan.

Hay una zona del horizonte con varias referencias claras asociadas a alineamientos solares y lunares significativos. Se trata de un viejo conocido y la cadena montañosa que encabeza: Los Arcos, que desde La Candamia participaba en un interesante alineamiento de un túmulo y la Fuente del Oro en el solsticio de verano.

El pozo más meridional está alineado con Los Arcos en el lunasticio menor Norte, mientras que el más septentrional los está con el Pico Las Ferreras para el mismo acontecimiento lunar. Para el solsticio de verano ambos pozos están alineados con el Piquín de la Filera y La Filera, respectivamente, y en el lunasticio mayor Norte con Peña Mala 2 y El Amargón. El pozo más septentrional está orientado con Los Arcos en las fiesta de media estación del verano. Probablemente la cercana Fuente del Mouro se beneficiara las las extraordinarias propiedades del Sol en este día. Se producen, en definitiva, alineamientos astronómicos útiles desde los dos extremos de la línea de túmulos pero ¿Para qué queremos tantos si con dos, o incluso uno, nos habría bastado?

Los picos más significativos encabezados por Los Arcos hacia el Norte son: Pico Las Ferreras, Alto de la Cañada, Peña Correa, Cuerda, Piquín de la Filera, La Filera, Peña Blanca, Peña Mala, Peña Mala 2, Amargón, Amargón 2, Alto de Acebalera, Alto de Novachos, Morro Negro Sur,... No es difícil seleccionar entre ellos algunos distribuidos de manera regular y de manera que las declinaciones obtenidas para cada uno desde cada uno de los pozos no se solape con las obtenidas desde el resto, es decir, la combinación de cada uno de los pozos y estos picos permite recorrer el rango de declinaciones desde la parada menor Norte de la Luna hasta la parada mayor de la Luna, pasando el solsticio y fiestas de media estación del verano a intervalos de 1 a 2 décimas de grado. Estos son: Los Arcos, Pico Las Ferreras, Alto de la Cañada, Cuerda, Piquín de la Filera, Filera, Peña Blanca, Peña Mala y Peña Mala 2.


Observemos, que como calendario solar sólo permitiría la detección de las fiestas de media estación y solsticio de verano. Como calendario lunar permitiría hacer un seguimiento a lo largo del ciclo de regresión de los nodos de la luna de 18,6 años a partir de las posiciones de puesta en el extremo de declinación positivo, es decir, más septentrional, de cada mes lunar, con una resolución de 1 a 2 décimas de grado. ¿Con qué objeto?

Podría permitir reconocer el ciclo de 8,65 minutos superpuesto a la inclinación de la Luna cuyos máximos se producen cada vez que uno de los nodos lunares atraviesa el plano de la eclíptica, con el propósito de predecir eclipses(20) en relación con la propuesta de Alexander Thom en cuanto a los monumentos megalíticos británicos(21). Sin embargo a este supuesto debemos hacer importantes objeciones que, lo reconozco, ignoro si pueden refutarla. La primera es que la refracción atmosférica, uno de los ingredientes que introducen incertidumbre en la observación del comportamiento en el cielo de un cuerpo celeste, que en líneas más generales queda caracterizado por su declinación, depende fuertemente de las condiciones atmosféricas: presión, temperatura e incluso longitud de onda de la luz. Es decir, las condiciones atmosféricas van a introducir muy pequeñas variaciones en las posiciones observadas de puesta y ocaso de estos cuerpos celestes en el horizonte. La segunda es que las observaciones se realizan en el horizonte, es decir, en los momentos en los que la Luna aparece en el cielo o se oculta. Sin embargo, el extremo de declinación no tiene que producirse necesariamente en este momento, sino que sucederá cuando nuestro astro esté recorriendo el cielo u oculto por debajo del horizonte. Los estudios arqueoastronómicos actuales demuestran orientaciones de algunos moumentos megalíticos prehistóricos a los lunasticios, pero son alineamientos de baja precisión, en contra de los de alta precisión defendidos por Thom(22).



En conclusión, tenemos por una parte una tradición popular y/o erudita sobre la existencia de un antiguo calendario solar y lunar en Campo Sagrado de la cual no queda ningún vestigio arqueológico, y por otra parte, unos Pozos de Colinas, que parecen ser restos de antiguos túmulos prehistóricos que evidencian unas propiedades en cuanto a uso astronómico prehistórico que permiten el seguimiento preciso del ciclo de regresión de los nodos de la luna de 18,6 años, además de alineamientos solares al solsticio y las fiestas de media estación del verano.



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(1) VIÑAYO, A., Camposagrado. Su misterio y su mensaje, Ediciones Lancia, 1987, p. 10

(2) DÍEZ MONAR, J., Historia de Camposagrado, 1951, pp. 115 y 149, citado en SÁNCHEZ BADIOLA, J.J., En torno a Camposagrado. Leyenda, eruditismo y mitología heráldica en la Montaña Cantábrica, Visión Libro, 2008, p. 63

(3) «Masa, sin embargo (...) dice que esta batalla tuvo lugar en la primavera. Mariana (...) Cepeda y otros, en septiembre» DÍEZ GONZÁLEZ, F.A., Leyendas de Camposagrado, p. 6, citado en SÁNCHEZ BADIOLA, J.J., En torno a Camposagrado. Leyenda, eruditismo y mitología heráldica en la Montaña Cantábrica, Visión Libro, 2008, p. 196

(4) «Este primer historiador, F. A. y Miranda, cita como fuentes suyas a un supuesto cronista irlandés, afincado en la corte asturiana de Ramiro I (842-850) al que da el nombre de Got Villa y a su crónica Religio Gothorum, y a un Tomás de Sousa y su Annalia Lusitanorum, y al francés Gagui, en su Via Aloysica, autores y obras totalmente desconocidas de los investigadores» VIÑAYO, A., Camposagrado. Su misterio y su mensaje, Ediciones Lancia, 1987, p. 28

(5) «Las leyendas de Camposagrado, al igual que tantas otras, se han visto a tal punto manipulados o reelaborados a través de los siglos por la erudición local, el clero ansioso de relatos piadosos y los intereses de genealogistas e hidalgos pueblerinos, que difícilmente pueden ya analizarse como una manifestación de la cultura más puramente popular y consuetidinaria, si es que ello existe, o ha existido siquiera» SÁNCHEZ BADIOLA, J.J., En torno a Camposagrado. Leyenda, eruditismo y mitología heráldica en la Montaña Cantábrica, Visión Libro, 2008, p. 23

(6) FERNÁNDEZ ÁLVAREZ Y MIRANDA, A., Antigüedad de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Campo sagrado de las Montañas de León, estatutos y loables exercicios de sus cofadres, María de Quiñones, 1653, Tratado I de la antigüedad de la Milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Camposagrado de las Montañas de León, capítulos 2, 3 y 4; ORDÁS, A., La Virgen de Campo Sagrado, Imp. de Nicolás López Muñoz, 1899, pp. 11-13, 16

(7) VIÑAYO, A., Camposagrado. Su misterio y su mensaje, Ediciones Lancia, 1987, pp. 75-77

(8) PARCERO OUBIÑA, C., CRIADO BOADO, F., SANTOS ESTÉVEZ, M. La arqueología de los espacios sagrados, Arqueología Espacial, 19-20, Arqueología del Paisaje, Teruel, 1998, pp. 513-515

(9) FERNÁNDEZ ÁLVAREZ Y MIRANDA, A., Antigüedad de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Campo sagrado de las Montañas de León, estatutos y loables exerccios de sus cofadres, María de Quiñones, 1653, Tratado I de la antigüedad de la Milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Camposagrado de las Montañas de León, Capítulo I, Asiento y circunferencia de la Santa Casa de Camposagrado; «Esta singular división del territorio dio lugar a curiosísimas situaciones jurisdiccionales, que dependían, simultáneamente, de dos obispos y dos párrocos, con frecuentes contenciosos sobre competencias, sin ahorrarse pleitos y excomuniones [...] Entre los párrocos surgían querellas por si tocaba al cura de Benllera o al de Rioseco celebrar la misa mayor el día de la Fiesta. Entre los seglares no iba más pacífica la procesión, por aquello de que a qué mozo y a qué pueblo correspondía sacar el pendón, o a qué autoridades llevar las insignias. Litigios que no infrecuentemente, se dirimían a garrotazos» VIÑAYO, A., Camposagrado. Su misterio y su mensaje, Ediciones Lancia, 1987, pp. 35-36

(10) VIÑAYO, A., Camposagrado. Su misterio y su mensaje, Ediciones Lancia, 1987, pp. 81-82

(11) VIÑAYO, A., Camposagrado. Su misterio y su mensaje, Ediciones Lancia, 1987, p. 14

(12) GUTIERRES DE LA VEGA, J., Libro de la montería del Rey D. Alfonso XI, con un discurso y notas del Excmo. Señor D. José Gutierres de la Vega, Tomo II, Madrid, 1877, p. 142

(13) JUSTEL, A., Los nombres de nuestros pueblos, Boletín de la Inspección de Enseñanza Primaria de León, citado por SÁNCHEZ BADIOLA, J.J., En torno a Camposagrado. Leyenda, eruditismo y mitología heráldica en la Montaña Cantábrica, Visión Libro, 2008, p. 84 y DÍAZ ALOSO, M., Mitos y Leyendas de la Tierra Leonesa, 1982, p. 33

(14) VV. AA. Historia de León. Tomo I, Universidad de León, Diario de León, 1999, p.65; «Los llamados Pozos de Colinas se remontan a muchos siglos antes de la invasión musulmana y aun a tiempos anteriores al nacimiento de Jesucristo. Por los datos que hoy poseemos, avalados por las excavaciones del sabio agustino, todo parece indicar que se trata de una necrópolis o cementerio. Cada pozo es un sepulcro familiar de origen dolménico, donde se enterraron las cenizas de los cadáveres incinerados. En época muy posterior todos los cúmulos fueron saqueados, excavándolos, lo que les dio el aspecto que ahora presentan y en vista del cual el pueblo les dio el nombre de pozos. Lo que persistió, agarrado al terreno, como suele suceder, fue el topónimo de Campo Sagrado, recordando el cementerio prehistórico o, por lo menos, protohistórico. Ese mismo topónimo de camposagrado lo encontramos en la Montaña leonesa, en el lugar de Villargusán, a la falda de Peña Ubiña, a la derecha de la carretera que, desde Puente Orugo, se dirige al Puerto de Ventana. También allí parece designar el emplazamiento de un cementerio». VIÑAYO, A., Camposagrado. Su misterio y su mensaje, Ediciones Lancia, 1987, pp. 15-16

(15) MORÁN BARDÓN, C., Excursiones arqueológicas por tierras de León, Archivos Leoneses. -- León : Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, T.III, n. 6, 1949, pp. 38-39

(16) http://aguasfrias.info/Rutas%20La%20Posada/ruta%20CAMPOSAGRADO.pdf

(17) DÍAZ ALONSO, M., Mitos y Leyendas de la Tierra Leonesa, 1982, p. 33

(18) http://www.cuadrosleon.com/calendariolunar.htm

(19) SÁNCHEZ BADIOLA, J.J., En torno a Camposagrado. Leyenda, eruditismo y mitología heráldica en la Montaña Cantábrica, Visión Libro, 2008, p. 38-40

(20) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 215-216

(21) THOM, A., THOM, A.S., A new study of all megalithic lunar lines, Archaeoastronomy, nº 12, Journal for the History of Astronomy, Vol. 11, 1980, pp. 78-89; THOM, A., THOM, A.S., THOM, A.S., Stonehenge as a possible lunar observatory, Journal for the History of Astronomy, Vol. 6, 1975, pp. 19-30

(22) RUGGLES, C.L.N., Astronomy in prehistoric Britain and Ireland, Yale University Press, 1999; En Astronomía Prehistórica pueden aceptarse imprecisiones de hasta ±0,5-1º, RUGGLES, C.L.N., Megalithic Astronomy: a New Archaeological and Statistical Study of 300 Western Scottish Sites. BAR British Series 123, British Archaeological Reports, 1984, p. 306

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(1) Don Pelayo. Autor: L. Madrazo, 1856

(2) Santuario de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(3) Rezando a Nuestra Señora de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(4) Feria en la romería de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(5) Concurso de Mastines en la romería de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(6) Bailes en la romería de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(7) Romería de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(8) Aluches en la romería de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(9) Romería de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(10) Pozos de Colinas. Miguel Ángel González, 2011

(11) Uno de los Pozos de Colinas. Miguel Ángel González, 2011

(12) Vista desde el santuario de Camposagrado. Miguel Ángel González, 2011

(13) Vista desde los Pozos de Colinas. Miguel Ángel González, 2011

jueves, 2 de febrero de 2012

La cima sagrada de la Guiana como centro de los ejes del mundo



En mi opinión, la cima de La Guiana puede considerarse con todo derecho como un centro del universo, tanto por ser intersección de las direcciones solsticiales sagradas, los ejes fundamentales en la cosmovisión de muchos pueblos como los Hopi, los Kogi, los celtas o los latinos(1), como por ser una gran montaña, y consiguientemente, centro de unión del Cielo, la Tierra y el Infierno(2).


No han sido pocos los que han apuntado la antigua existencia de un lugar de culto precristiano en su cima, lugar donde tiempo después fue edificada una ermita dedicada de Nuestra Señora. Por ejemplo, José María Luengo decía:

«También la Guiana tendría en lo antiguo su pagana divinidad, que fue cristianizada por los monjes allá en remotas edades, cuando de la procesión no hay datos fidedignos conocidos —si se exceptúa la Virgen de Villanueva— sino desde el siglo XVI. Unas excavaciones sistemáticas y bien dirigidas en las ruinas de la ermita acaso dieran óptimos resultados»(3).


La Virgen de la Guiana no es sólo una de las Siete Hermanas en El Bierzo, sino la principal, la mayor, la Guiadora. Su ermita, construida en la cima de la montaña, contaba con dos naves que albergaban, cada una, una imagen de la Virgen de la Guiana, pertenecientes a San Pedro de Montes y Villanueva de Valdueza, respectivamente. Según Quintana Prieto, dos romerías partían de ambas localidades el Lunes de Pascua encontrándose en un lugar conocido como “El Encuentro” y trasladaban sus respectivas imágenes a la ermita de la Guiana, regresando el día de San Miguel de septiembre. Posteriormente, esta fecha se trasladó al 21 de septiembre, a San Mateo y finalmente al día de la Natividad de la Virgen el 8 de septiembre(4). José María Luengo dice que el día de la romería era el 15 de agosto(5). Fernández San Martín relaciona las cuatro fechas en las que se celebraba romería: lunes de Pascua, 15 de agosto, 8 de septiembre y 29 de septiembre(6).


Pascual Madoz, describía de esta manera este antiguo santuario a mediados del siglo XIX:

«AGUIANA (Ntra. Sra. de la ): santuario en la prov. de Leon, part. jud. de Ponferrada; es una mala choza con ho­nores de ermita, construida en la cúspide del monte del mis­mo nombre. Como la mayor parle del año están el mon­te y la ermita cubiertos de nieve , los monjes de San Pedro de Montes, tenian cuidado de bajar la imagen en solemne procesion y colocarla en la igl. De su monast. desde el 2.° do­mingo de septiembre hasta el 2.º día de la pascua de Pentecostés en que se volvia á subir á la ermita con la misma solemnidad y numeroso acompañamiento de gentes del país, que solo en estas épocas podían concurrir al desierto santuario. Las procesiones continúan, pero han perdido su aparato y brillantez, desde la supresión de los monjes. Mientras el preste y el resto del clero revestido con los ornamentos sagrados suben la empinada cuesta sobre po­derosas mulas, los jóvenes aldeanos se disputan y pagan muy caro el honor de llevar en hombros las pesadas andas de la Virgen; cada seis pasos hace alto la procesión, y el que más ofrece releva á otro do los que ya pagaron, y que su vez se creen desairados si con una nueva puja no recobran su puesto : esta costumbre no so observa en ninguna otra fiesta religiosa del pais»(7).

Según Fernández San Martín los de Montes la subían hasta el Collado, división con San Adrián. Estos la subían hasta el Campo de las Danzas donde esperaban los de Ferradillo para subirla hasta la ermita. La bajada se realizaba en orden inverso(8). Hoy la ermita está arruinada.

¿Y por qué digo que la cima de La Guiana puede considerarse con todo derecho como un centro del universo? Porque aquí se produce la intersección de dos alineamientos solares en el solsticio de invierno y en el de verano con dos puntos muy conspicuos del paisaje. Es cierto que los alineamientos son naturales y casuales, y puede objetarse que dado lo montañoso del paisaje, algún pico tiene que coincidir con un alineamiento de interés. Sin embargo, también es probable que la elección de esta cima como lugar sagrado, y no la de Pico Tuerto o La Cabeza de la Yegua, sea debida precisamente a esta circunstancia.

Ya hemos tratado este problema antes: para sostener la intencionalidad de los alineamientos astronómicos se requiere un análisis estadístico de frecuencias de declinaciones aplicado a un conjunto definido de lugares y monumentos como ya hicimos en Maragatería(9). En el análisis de un lugar o monumento concreto no vamos a poder librarnos de la duda sobre si los alineamientos astronómicos que estamos reconociendo fueron ignorados o integrados por las personas que otorgaron categoría sacra a la Guiana. Sin embargo, si quiero apuntar algo: con independencia de que está más que probado que pueblos prehistóricos y modernos se han servido y se sirven del Sol, la Luna y algunas estrellas para regular sus calendarios, no hay ningún esoterismo en la evidencia de alineamientos astronómicos en monumentos o lugares de culto antiguo. El hombre aprovechaba lo que le ofrecía la Naturaleza, y creaba modelos abstractos para comprender su comportamiento y poder influir en él, en su beneficio, ideando divinidades, espíritus, ofrendas, sacrificios, festividades, etc.

Pero, volvamos a la Guiana. Desde aquí, hacia el SE, se extienden los Aquilanos y el resto de los Montes de León: Cruz Mayor, Pico Tuerto, Alto de las Berdiaínas, Cabeza de la Yegua, Cerro del Picón, Teleno, Cerro del Gorro y Becerril. El resto constituye una línea de horizonte formada por picos y montes muy lejanos entre los que destacan claramente Capeloso y Catoute.


La salida del Sol en el solsticio de invierno se produce sobre el Cerro del Picón mientras que la puesta en el soslticio de verano lo hace sobre Capeloso. Desde la cumbre de la Guiana, la Silla de la Yegua también constituye un buen referente en el horizonte, y además tiene nombre propio. Aquí se produce la salida de la Luna en el lunasticio mayor Sur. Además, también podría estar presente un alineamiento solar en los equinoccios aparentes de Primavera y Otoño ‒es decir, no el equinoccio real sino el punto medio entre solsticios‒ sobre el Becerril. Es raro, ya que es el primero que he reconocido hasta ahora de todos los lugares estudiados, y además bastante impreciso, pero sería coherente, en fecha, con las ancestrales romerías en Pascua y Septiembre, y además, coincidente con la orientación del edificio de la ermita.




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(1) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 199-203; MacCLUSKEY, S.C., Astronomies and cultures in early medieval Europe. Cambridge University Press, 1998, pp. 187, 293-295; KELLEY, D.H., MILONE, E.F., Exploring ancient skies. A survey of Ancient and Cultural Astronomy (2ª ed.), Springer, 2011, pp. 433-435; GUYONVARC'H, C.-J., LE ROUX, F., Los druidas, Abada Editores, 2009, pp. 314-317, 321-323,435-436; GRAN-AYMERICH, J.G., ALMAGRO GORBEA, M., El estanque monumental de Bibracte (Mont Beuvray-Borgoña), Complutum, Nº Extra 1, 1991, pp. 206-210

(2) ELIADE, M., Tratado de Historia de las Religiones. Morfología y dialéctica de lo sagrado, Ediciones Cristiandad, 2009 (1ª ed. 1949), pp. 186-196

(3) LUENGO MARTÍNEZ, J. M., De la tebaida leonesa: Montes y Peñalba, Tierras de León, nº 2, 1961, pp. 33

(4) QUINTANA PRIETO, A., Virgen de Aquiana, Bierzo, 1991, pp. 46-48

(5) LUENGO MARTÍNEZ, J. M., De la tebaida leonesa: Montes y Peñalba, Tierras de León, nº 2, 1961, pp. 33

(6) FERNÁNDEZ SAN MARTÍN, A., Revista del Instituto de Estudios Bercianos, nº 4, pp. 70-71

(7) MADOZ, P., Diccionario geográfico-estadístico-historico de España y sus posesiones de ultrama, Tomo I, p. 135, entrada AGUIANA (Ntra. Sra. de la )

(8) FERNÁNDEZ SAN MARTÍN, A., Revista del Instituto de Estudios Bercianos, nº 4, p. 71

(9) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 267-282, 289-290
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(1) La Guiana. Autor: Miguel Ángel González, 2011

(2) Ermita de la Guiana. Autor: Miguel Ángel González, 2011

(3) Monolito en el Campo de las Danzas. Autor: Miguel Ángel González, 2011

(4) LUENGO MARTÍNEZ, J.M., De la tebaida leonesa: Montes y Peñalba, Tierras de León, nº 2, 1961, pp. 25-44, Fig. 4

(5) Ruinas de la ermita de la Guiana. Autor: Miguel Ángel González, 2011

(6) Vista desde la Guiana. Autor: Miguel Ángel González, 2011

(7) Vista desde la cima de la Guiana hacia la Cabeza de la Yegua. Autor: Miguel Ángel González, 2011

(8) Vista desde la cima de la Guiana hacia Capeloso. Autor: Miguel Ángel González, 2011

(7) Orientación de la ermita de la Yegua hacia Becerril. Autor: Miguel Ángel González, 2011
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