Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

Si deseas corregir, matizar, opinar o pedir más información sobre lo aquí apuntado, te animo a participar.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Stonehenge y las cruces del Monte Irago

En el anuncio en prensa del libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte, en el Diario de León del 2 de agosto de 2011(1), figuraba como subtitular: «El alineamiento de la Cruz de Fierro es idéntico al de Stonehenge», con la siguiente explicación:

«Uno de los lugares más especiales y conocidos de la zona más estudiada a fondo en este libro, la que tiene epicentro en el monte Teleno, sagrado para los astures, es la Cruz de Fierro. Sobre ella dice que eran "los hitos que delimitaban el coto de la hospedería de San Salvador, concedido por Alfonso VI a Gaucelmo. En mi opinión son también túmulos prehistóricos que, curiosamente, observan, con el paisaje circundante, los mismos alineamientos astronómicos principales del célebre Stonehenge u otros monumentos megalíticos europeos como los círculos de piedra yacente o los túmulos de piedra. En apariencia, son mucho más discretos, pero su propósito astronómico general es el mismo"»(2).

Frecuentemente, y probablemente de manera abusiva, se utiliza el monumento megalítico de Stonehenge como referencia para comparar las características de algunos monumentos prehistóricos. El objeto es, indudablemente, llamar la atención del lector. En las próximas líneas justificaremos la comparación entre el uso astronómico principal de Stonehenge, y las cruces del Monte Irago, entre las que se encuentra la bien conocida Cruz de Fierro, mejor conocida por la absurda y ridícula denominación "Cruz de Ferro": la isoglosa que marca la transición entre la diptongación/adiptongación de la "e" tónica latina se produce bastante más al Oeste, entre el río Sil y el Cúa. Curiosa y lamentablemente, la popularización de esta denominación inconsistente hace creer a muchos que se encuentra ante el ancestral confín de Galicia.

NORTH, J., The Fontana History of Astronomy and Cosmology, Fontana, 1994, p. 340, de SIMS, L., The 'solarization' of the moon: manipulated knowledge at Stonehenge, Cambridge Archaeological Journal, 16, 2, 2006, pp. 191-207
Vimos en el recorrido histórico que hicimos sobre los estudios de arqueoastronomía(3), que el inicial y principal foco de interés fue el monumento megalítico de Stonehenge como William Stukeley, en 1740, en su Stonehenge, A Temple Restor'd to the British Druids o John Smith, en 1771, en Choir Gaur, the Grand Orrery of the Ancient Druids, called Stonehenge, Astronomically Explained, and proved to be a Temple for Observing the Motions of the Heavenly Bodies(4). También despertó el interés de Joseph Norman Lockyer, quien dató su construcción en torno al 1900-1500 a.C. atendiendo a la precisión del alineamiento del solsticio de verano a partir de una medición incorrecta de la avenida(5). En 1963, el astrónomo inglés Gerald S. Hawkins publicó en la revista Nature el artículo titulado Stonehenge Decoded en el que, sirviéndose de la incipiente potencia computadora. Alimentó un IBM 704 con la información geométrica necesaria y obtuvo una sensible frecuencia de declinaciones astronómicas centradas en los valores 29, 24, 19, -29, -24 y -19(6), es decir, las correspondientes a solsticios y lunasticios. Hawkins estimó la probabilidad de que el conjunto de alineamientos fuera casual en un 0.006%(7), cálculo en el que Clive Ruggles encontró algunos fallos que una vez corregidos, llevan a una probabilidad de aproximadamente el 65%(8).

HAWKINS, G. S., Stonehenge Decoded, Fontana 1965, pp. 65, 140-141
HAWKINS, G. S., Stonehenge Decoded, Fontana 1965
Lionel Sims, siguiendo a John North, considera que el alineamiento principal de Stonehenge no era hacia el solsticio de verano, sino hacia el solsticio de invierno, unido a un alineamiento lunar en su lunasticio menor sur.

«El gran trilitón fue concebido para permitir dos observaciones principales desde la Heel Stone, una de la puesta del sol en el solsticio de invierno en su base, y la otra de la puesta de la luna en su lunasticio menor Sur en su parte superior [...] Cuando la luna se pone, su último destello dentro de la ventana se habría ido gradualmente desplazando, día a día, desde el lado de la derecha a la izquierda, y después se habría revertido. En otras ocasiones, no se habría revertido, y habría continuado más y más hacia el sur. Si este segundo tipo de comportamiento se consideraba normal, entonces el lunasticio menor sur se vería como algo milagroso, y quizás esta fue la razón para prestarle tanta atención»(9).

Sims argumenta que los alineamientos dobles del Sol y la Luna que presentan estos monumentos se centran en el solsticio de invierno y que durante esta estación, la Luna llena se produce en el horizonte norte mientras que, como hemos visto, los alineamientos con los lunasticios mayor y menor se dirigen al sur. Es decir, la combinación de la detección del lunasticio sur mayor y menor y del solsticio de invierno señala a la noche más larga y oscura, la más terrible de todas. Sims indica que esta detección tendría interés en un momento en el que se está produciendo una sustitución de una cosmología lunar y femenina propia de los pueblos cazadores del Paleolítico en la que la Luna llena era momento de celebración y la Luna nueva de rígidos tabús y de aislamiento ritual de las mujeres, por otra solar y masculina que se desarrolla en el Neolítico en la que se produce un relajamiento en el respeto a este ciclo lunar y que busca subordinar y asimilar aquella integrando los antiguos rituales sagrados propios de la Luna nueva en un nuevo ciclo marcado por el Sol(10).



La monumentalidad de la Cruz de Fierro no es, sin duda, comparable a la del monumento megalítico británico. Morfológicamente es un túmulo de forma cónica de aproximadamente 18 metros de diámetro y 5 metros de altura, con una tradición, la de arrojar piedras, condenada por la Iglesia y que lo relaciona con otros túmulos de piedras europeos.

«Famosísima era –y lo es– la "Cruz de Ferro" (sic) donde los peregrinos que iban a Compostela dejaban una piedra –que traían desde el lugar de origen– al dar vista a la Galicia de entonces, sobre el montón inmenso de guijarros que miles y miles sirven de peana a la cruz y nos habla de la profusión numérica de la romería.
«Está formado este originalísimo monumento por el montón de cantos rodados de que hablamos, y de ellos emergiendo un asta de madera de cinco metros de altura se corona con una pequeña cruz de hierro que los vecinos de Foncebadón habían de mantener siempre en pie –como compensación a los privilegios aludidos– y que aun sin ello, sostienen y cuidan con verdadero amor. Y si la visitamos casi siempre a su lado podremos ver algún peregrino –sobre todo franceses– de los que aún hacen a pie la ruta jacobea y que trae, como los medievales, una piedra en su zurrón para dejarla aquí.
«Este montón de piedras fue en su origen –señala la 'Guía de la Diócesis de Astorga'– uno de los llamados Montes de Mercurio de naturaleza celta con los que los caminantes señalaban, mediante montoncitos de piedra, lugares estratégicos de los caminos y que luego cristianizaron con cruces, 'siendo el más famoso este de Foncebadón' incorporado luego a las peregrinaciones jacobeas y crecido desmesuradamente al dejar cada peregrino la piedra que para ello traía en su escarcela»(11).

Cruz de Fierro de Foncebadón
Martín Dumiense denunciaba en el siglo VI prácticas paganas en Gallaecia (que entonces incluía la Asturia) consistentes en la rendición de culto a montones de piedra asimilados a Mercurio.

«Otro demonio quiso llamarse Mercurio: éste fue inventor astuto de todo tipo de hurto y fraude, a quién como a dios de lucro los hombres codiciosos, al pasar por encrucijadas, con las piedras que arrojan le ofrecen montones de ellas como sacrificio»(12).


La práctica de la ofrenda de piedras está extendida por otros lugares de la zona: Mata la Cuba de Molinaferrera, la Casa de la Moura de Filiel, la romería de santo Toribio de san Justo de la Vega, así como en otras regiones peninsulares(13), europeas(14) y mundiales(15).

La Cruz de Fierro fue uno de los mojones fijados por Alfonso VII de León en su concesión a Gaucelmo para fijar los límites del hospital de San Salvador:

«Yo Alfonso, por la gracia de Dios, emperador de toda España, con consentimiento de la reina Isabel, mi mujer, y a súplica del ermitaño Gaucelmo, eximo de toda contribución a la Yglesia de San Salvador que está sita en el Monte Irago, con la alberguería que hay en el paraje llamado Fonsabbaton y es mi voluntad que así la dicha Yglesia, como también la mencionada alberguería sean enteramente libres y exentas, para que se empleen los que viven en ellas en servir a Dios y en hospedar a los pobres romeros, o sea, peregrinos. Y les señaló por cotos las cruces que están alrededor, es a saber: por la fuentecilla y la carretera, o sea, camino ancho que va por Ciresuelo de Yusano y por la encrucijada de Astorga de Potata y por la Peña de Candanedo, en el paraje el camino de Fuencalada sale a la dicha carretera; de suerte que ninguna persona, aunque sea merino del rey o sayón u otro cualquiera, tenga la autoridad que tuviere, se atreva a entrar en dicho coto, ni a quebrantar su inmunidad, ni a exigir dentro del dicho Coto prenda por razón de ninguna caloña a los que vivieren o sirvieren allí... Y, por tanto, quiero que el expresado Coto reconozca sólo al sobredicho Gaucelmo por su señor y no a otro ninguno de la tierra, y que a los que vivieren o sirvieren en él no se les pueda apremiar a que presten ningún servicio del dominio temporal, antes bien se mantengan libres y exentos perpetuamente y por todos los siglos de los siglos Amén»(16).

La concesión del Emperador revela su antigua función como mojón, al delimitar el coto de Gaucelmo y por tanto, en consonancia con la función ya demostrada de los monumentos megalíticos como organizadores del espacio. Manifiesta además una evidente reminiscencia de culto religioso precristiano al participar de la extendidísima tradición asociada a este tipo de monumentos funerarios consistente en el depósito y ofrenda de piedras, así como por la erección de una cruz que lo integra en el cristianismo y con la que además se identifica.

Cruz de las Tejadas
Lo que queda de la Cruz de Candanedo
Las otras "cruces" son también otros túmulos: uno cercano pero al otro lado del Pico Corbos en el camino a las Tejedas, y otro en el Pico Candanedo(17).

Y ahora tratemos sobre esa analogía entre la utilidad astronómica de Stonehenge y las cruces del Monte Irago. Cuando estudié la Cruz de Fierro y la de las Tejedas, cuyo resultado publiqué en Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte, en una etapa inicial sólo consideraba alineamientos solares, en los solsticios y fiestas de media estación. En realidad, entonces desconocía el interés de otro tipo de alineamiento astronómico.

Vista desde la Cruz de Fierro a los Montes Aquilanos
Vista desde la Cruz de las Tejadas a los ontes Aquilanos
Vista desde la Cruz de Candanedo al Pico del Redondal
El conjunto de picos en el paisaje desde la Cruz de Fierro es muy limitado: el Becerril en primer plano, y el Cerro del Picón, la Cabeza de la Yegua, el Alto de las Beriaínas, el Pico Tuerto y la Guiana en segundo. Desde el túmulo del camino a las Tejedas, antigua cruz de la alberguería de San Salvador y separado de aquel por una distancia de 690 metros, se añaden a esta nómina el Cerro Campón y Peña Escruca. El Cerro del Picón está parcialmente ocultado por el Becerril aunque desde ambas localizaciones es visible su cumbre.

Me llamó la atención que desde la Cruz de Fierro sólo se produjera el alineamiento solar en un referente destacado pero no especialmente conspicuo, que el sector de horizonte útil fuera limitado y que hubiera otros picos más pronunciados con declinaciones próximas a las del Sol. Así que consideré la posibilidad de alineamientos en la puesta de los planetas visibles a simple vista y de la Luna. Entonces descubrí que una característica señalada del uso astronómico de algunos monumentos megalíticos británicos eran los alineamientos en los lunasticios, como vimos en un artículo anterior: Lunasticio(18). Al interés de la puesta del Sol sobre el Morredero en el solsticio de invierno, visto desde la Cruz de Fierro, podíamos añadir el de la Luna sobre el notable Cerro del Picón en el Lunasticio Mayor Sur. Asimismo, desde la Cruz de las Tejadas, tenemos alineamientos en la puesta del Sol del solsticio de invierno sobre la Cabeza de la Yegua y en la puesta de la Luna del Lunasticio Menor Sur sobre Pico Tuerto. A esta relación podemos añadir el del Lunasticio Mayor Norte desde la Cruz de Candanedo sobre el pico del Redondal. Las Cruces de Fierro y de las Tejadas incluyen pares de alineamientos en el solsticio de invierno y en los lunasticios al Sur, como los alineamientos principales reconocidos en Stonehennge según el planteamiento expuesto por John North y justificado por Lionel Sims por la necesidad de reconocer el acontecimiento de la Luna Nueva en el solsticio de invierno, la noche más larga y oscura que se produce cada 9 años.

Podéis descargar los cálculos en este enlace.

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(1) GANCEDO, E., Las mil caras del dios de los astures, Diario de León 2/8/2011

(2) GANCEDO, E., Las mil caras del dios de los astures, Diario de León 2/8/2011

(3) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Desarrollo histórico del estudio científico de los usos astronómicos en la Prehistoria, Asturiensis Prouincia Indigena, 2013, http://asturiense.blogspot.com.es/2013/12/desarrollo-historico-del-estudio.html

(4) HAWKINS, G. S., Stonehenge Decoded, Fontana 1965, pp. 37-41, 134-135

(5) LOCKYER, J., Stonehenge and Other British Stone Monuments Astronomically Considered, MacMillan and Co., 1906, pp. 62-68

(6) HAWKINS, G. S., Stonehenge Decoded, Fontana 1965, pp. 129-152

(7) HAWKINS, G. S., Stonehenge Decoded, Fontana 1965, pp. 168-172

(8) RUGGLES, C.L.N., Astronomy in prehistoric Britain and Ireland, Yale University Press, 1999, pp. 35-43

(9) NORTH, J., Stonehenge: Neolithic Man and the Cosmos, 1st ed. London: Harper Collins, 1996, pp. 474-475, citado por SIMS, L., The 'solarization' of the moon: manipulated knowledge at Stonehenge, Cambridge Archaeological Journal, 16, 2, 2006, pp. 191-207.

(10) SIMS, L., Lighting up dark moon: ethnographic templates for testing paired alignments on the sun and the moon, Lights and shadows in cultural astronomy: proceedings of the SEAC 2005: Isili, Sardinia, 28 Junio a 3 de Julio, editado por Mauro Peppino Zedda y Juan Antonio Belmonte. Publicado por Associazione Archeofila Sarda, Isili, Italia, 2007, p. 309; SIMS, L., The 'solarization' of the moon: manipulated knowledge at Stonehenge, Cambridge Archaeological Journal, 16, 2, 2006, pp. 191-207.

(11) ALONSO LUENGO, L., Los maragatos. Su origen, su estirpe, sus modos, Ediciones Lancia, León, 1992, pp. 130-131

(12) MARTÍN DUMIENSE, Sermón contra las supersticiones rurales, Ediciones El Albir, 1981, p. 29

(13) «creencia existente en numerosos lugares de que los antepasados míticos (hadas, gigantes, etc.) habitan o han quedado convertidos en piedras de formas sobresalientes. [...] Esta creencia está relacionada con la de que los espíritus de los muertos permanecen o habitan en las piedras; de esta manera se suele explicar el hecho de que se hiciera un montón de piedras en el lugar donde una persona murió, sobre todo si se trataba de una muerte repentina o violenta, como suelen ser las producidas en el campo.[...] En el pueblo de Fuentenebro, al pie de las Cuevas de los Moros y muy cerca del camino, hay unas grandes piedras rodadas que señalan el lugar de la muerte de una mora, por la que las gentes del pueblo, al pasar por delante, arrojaban un pedrusco y rezaban un padrenuestro [...] Lo más frecuente es que la cristianización sea completa y el montón de piedras sea sustituido por la cruz de piedra o, al menos, que aparezcan los dos elementos, pues mucha gente ha seguido arropando, quizás de forma inconsciente, las cruces de este tipo con pedruscos que arrojaban al pasar, al tiempo que musitaban su oración por el ánima del muerto». MARTIN CRIADO, A., Antiguas creencias populares, Revista Folklore nº 217, 1999, pp. 3-22; «la tradición de arrojar una piedra en la cruz de Foncebadón no es la única práctica religiosa precristiana relacionada con el Camino de Santiago, pues también en Asturias sucede algo así, llevando los peregrinos piedras a Santiago de un lugar que recibió el nombre de San Pedro de Cedemonio». MARTINEZ ANGEL, L., Algunas cuestiones sobre el Camino de Santiago, Religión y Cultura 209, 1999, pp. 381-383 citado en MARTINEZ ANGEL, L., Sobre mitología vasca: comparación y repetición, Revista Folklore nº 229, 2000, pp. 33 y ss; «Es sin duda uno de los ritos del culto a Mari o a otros númenes subterráneos la costumbre que hasta hace poco ha sido observada en Ataún y en algunos pueblos de Navarra, de echar piedras en las cavernas [...]. En Aralar los pastores practicaban esto mismo, echando piedras en los dólmenes de Obioneta y Ziñekp-gurutze, operación que era considerada como una oración. En la planicie de Gaztelueta, situada al pie del altozano Beloki (en la sierra de Aralar) existe un túmulo formado por piedras y tierra en el que hasta hace poco muchas personas echaban de noche piedrezuelas en plenilunio [...] En otro tiempo los romeros que iban a los santuarios de Urkiola, de Aránzazu y de San Miguel de Aralar llevaban piedras (guijos o cantos rodados) y las colocaban en los muros de dichos templos. Es costumbre, que los peregrinos que suben a San Miguel de los pueblos de Arruazu y Azcarate han observado hasta nuestros días» BARANDIARÁN, José Miguel de: Mitología del Pueblo Vasco, Bilbao, 1997, p. 36 citado en MARTINEZ ANGEL, L., Sobre mitología vasca: comparación y repetición, Revista Folklore nº 229, 2000, pp. 33 y ss.

(14) Montones de piedra griegos asimilados a Hermes y ofrendas de piedras con destino a los pobres y hambrientos. NILSSON, M. P., Greek Folk Religion, University of Pennsylvania Press, 1972, p. 8; «en las regiones célticas se coloca un montón de piedras o una cruz sobre el lugar en el que sucedió una muerte violenta o accidental con el fin de aplacar a su fantasma, y frecuentemente se añade una piedra por los que pasan» MacCULLOCH, J.A., The Religion of the Ancient Celts, 1911, republicado por Bibliobazaar, 2006, p. 11

(15) PERRY, W. J., The Megalithic Culture of Indonesia, Manchester University Press, 1918, pp. 27-32; DEAN, C., A Culture of Stone: Inka Perspectives on Rock, Duke University Press, 2010

(16) QUINTANA PRIETO, A., Temas bercianos, 1, Los monasterios del Alto Bierzo, Editorial Bérgida, Ponferrada, 1983, p.144

(17) PEÑA SANZ, M., El Monte Irago, y sus interrogantes (unas notas a vuela pluma), Revista Argutorio, nº 3, 1999, pp. 9-10; PEÑA SANZ, M. Los caminos a Galicia, Astúrica de Potata, y Herman Künig, en una mezcolanza sólo a medias irónica, Revista Argutorio, Nº. 4, 2000, pp. 35-37; PEÑA SANZ, M., La Cruz de Ferro, y Mercurio, El Faro de Astorga, Tribuna, 3/09/1998

(18) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., Lunasticio, Asturiensis Prouincia Indigea, 2012

sábado, 14 de diciembre de 2013

Desarrollo histórico del estudio científico de los usos astronómicos en la Prehistoria

Una de las más antiguas referencias al posible uso astronómico de un monumento megalítico, corresponde al inglés William Stukeley, que en 1740, refiriéndose al conjunto de Stonehenge en su Stonehenge, A Temple Restor'd to the British Druids, afirmaba que «la línea principal de todo la construcción [de Stonehenge], el Noreste, por donde el Sol nace cuando los días son más largos». Por entonces, también John Smith defendía que era un templo lunar, y en 1771, en The Grand Orrery of the Ancient Druids, called Stonehenge, Astronomically Explained, and proved to be a Temple for Observing the Motions of the Heavenly Bodies, sostenía era un tipo numérico-místico de calendario y redundaba en la idea de que su eje principal está orientado al solsticio de verano. En 1796, Henry Wansey, sugería que Stonhenge pudo haber sido utilizado para predecir eclipses y a mediados de siglo XIX, Rev. Edward Duke reconocía otros alineamientos en Stonehenge al solsticio de verano y al solsticio de invierno.

En 1869, Heinrich Nissen realizaba el primer estudio sistemático de orientaciones de templos griegos en Das Templum: Antiquarische Untersuchungen, que fue continuado por Francis Penrose en el artículo The Orientation of Greek Temples publicado en la revista Nature y por su fundador, el físico y astrónomo Norman Lockyer, que extendería su estudio a la orientación de algunos templos egipcios que publicaría en The Dawn of Astronomy: A Study of the Temple-worship and Mythology of the Ancient Egyptians, en 1894. También A. L. Lewis, en su Stone Circles of Britain, 1892, recopiló una gran cantidad de monumentos megalíticos británicos susceptibles de ser interpretados astronómicamente, considerando no sólo alineamientos definidos por la estructura del monumento, sino también con colinas conspicuas del paisaje, aunque su estudio no es muy preciso.

Podría decirse que Norman Lockyer, junto con Heinrich Nissen, fueron los primeros en aplicar un método científico en el estudio del posible significado astronómico de monumentos antiguos. Posteriormente, en 1906, Lockyer dirigió su atención a las Islas Británicas donde analizó la orientación de algunos monumentos megalíticos en Stonehenge and Other British Stone Monuments Astronomically Considered señalando alineamientos solares, lunares y estelares También fue uno de los primeros en sugerir que durante el Neolítico y Edad del Bronce existía una práctica relacionada con el calendario muy extendida por las Islas Británicas según la cual el año era dividido en 8 partes iguales. A pesar de que sus trabajos fueron ignorados desde la Arqueología, despertó el interés de otros investigadores como el capitán naval Henry Boyle Somerville, que en su artículo Prehistoric monuments in the Outer Hebrides, and their astronomical significance, publicado en Journal of the Anthropological Institute, en 1912, fue el primero en señalar posibles alineamientos lunares en el monumento megalítico de Callanish. Esta publicación, así como los trabajos previos de Lockyer, también llamaron la atención del ingeniero escocés Alexander Thom, cuya aportación al estudio de la función astronómica de los monumentos megalíticos británicos constituye una parte muy importante de los cimientos de la arqueoastronomía actual. Su primer artículo fue publicado en 1954: The solar observatories of Megalithic Man, en Journal of the British Astronomical Association, al que siguió el libro Megalithic sites in Britain, en 1967, en el que analizaba la información procedente de 500 monumentos. A estos siguieron Megalithic lunar observatories, en 1971, y Megalithic remains in Britain and Brittany, en 1978, entre otros muchos artículos.

Una de sus propuestas más relevantes es que la construcción de los círculos megalíticos se realizó a una unidad de medida que denominaba la “yarda megalítica”, muy semejante a la vara utilizada en España. Otra que estos círculos estaban realizados siguiendo diseños geométricos como elipses, ovoides, etc., de modo que sus ejes de simetría encapsulaban alineamientos astronómicos de interés. La tercera idea era que los alineamientos astronómicos eran muy precisos, del orden de 0,1º, tanto que permitiría reconstruir la perturbación de 9’ asociada al ciclo de regresión de los nodos de la luna y así el ciclo de 173 días como base para la predicción de eclipses.

La presentación que hace Thom del hombre del Neolítico como un ingeniero competente con un profundo conocimiento de geometría aplicada choca con la visión de los arqueólogos coetáneos de comunidades que practican una economía de subsistencia primitiva. Esta claro aunque ni Thom, ni otros muchos arqueoastrónomos (que principalmente proceden del campo de la Física) muchas veces no manejan la dimensión histórica o cultural del yacimiento arqueológico que están estudiando, las conclusiones del ingeniero escocés son difícilmente refutables ya que se basan en un meticuloso trabajo de campo y un riguroso análisis estadístico. Si bien, los procedimientos seguidos por Thom en cuanto al estudio de campo , el análisis de los datos y la presentación de los resultados constituyen la base fundamental de la metodología seguida por la arqueoastronomía actual, algunas de sus conclusiones han sido revisadas. La elevada precisión que defiende choca con la incertidumbre debida a la refracción atmosférica, se han cuestionado los criterios en la selección de los datos que incluye en sus análisis estadísticos y se ha criticado su visión de los artífices de los monumentos megalíticos como una proyección de sí mismo.

En 1963, el astrónomo inglés Gerald S. Hawkins publicó en la revista Nature el artículo titulado Stonehenge Decoded en el que analizaba distintos alineamientos astronómicos reconocidos en la estructura de este monumentos megalítico. La principal novedad es que para realizar los cálculos se sirvió de un computador, lo que favorecía la idea de considerar Stonehenge como una especie de computadora neolítica. En 1964 publicó en la misma revista el artículo: Stonehenge: A Neolithic Computer en el que defendía el uso de los 56 agujeros Aubrey como el número entero múltiplo más próximo al ciclo de regresión de los nodos de la Luna de 18.6 años, así como su uso como un sistema de predicción de eclipses. Fue duramente criticado en 1966 por el arqueólogo Richard Atkinson, una autoridad en Stonehenge que, sin embargo, fue impresionado por el rigor de Alexander Thom.

A partir de los años 80, aparecen nuevas figuras de referencia, como Clive Ruggles, arqueólogo, astrónomo y profesor emérito de la Universidad de Leicester, o Michael Hoskin, físico y miembro de la Universidad y del Churchill College de Cambridge, Anthony Aveni, antropólogo y astrónomo estadounidense, que ejerce la cátedra de Astronomía, Antropología y Estudios Nativos Americanos en la Universidad de Colgate de Nueva York, o Juan Antonio Belmonte, del Instituto Astrofísico de Canarias. También se fundó en 1970 la revista Journal for the History of Astronomy y en 1979, Archaeoastronomy. En 1993 se crearon e iniciaron en Estrasburgo las reuniones de la Société Européne pour l´Astronomie dans la Culture (SEAC) por Jascheck, o el inicio de las conferencias INSAP (The inspirationn of Astronomical Phenomenon), en Lazio, Italia.

Precisamente, ha sido Michael Hoskin el que ha facilitado la extensión de los estudios arqueoatronómicos a otras áreas europeas diferentes a las Islas Británicas al presentar cálculos e interpretaciones relativas a monumentos de Baleares, Córcega, Cerdeña, Sicilia, la península Itálica, Creta o la costa báltica, actividad dentro de la que hay que hacer especial mención a su estudio sobre la orientación preferente de los dólmenes del occidente europeo.

En Europa algunos arqueólogos se han interesado por temas arqueoastronómicos, como Cunliffe, Renfrew, Burl, Euan MacKie, que van venciendo la mutua incomprensión entre la Arqueoastronomía, promovida especialmente por sectores procedentes de la Física y la Ingeniería, y la Arqueología, con orígenes que se remontan a los primeros trabajos de Lockyer. Esta falta de sintonía ha sido explicada por el “lenguaje” utilizado por unos y otros: Matemáticas vs. Humanidades. 

España evidencia una sensible menor intensidad de la investigación arqueoastronómica respecto a otras zonas de Europa y un mucho menor peso en los estudios arqueológicos españoles, que desafortunadamente, no los consideran una fuente complementaria de información útil para comprender la cosmovisión de las personas que construyeron los monumentos cuyas reminiscencias después de milenios son los restos de sus estructuras en forma de yacimientos arqueológicas y la huella cultural sensible en las tradiciones populares locales. Algunos de estos trabajos proceden de la Universidad de Salamanca a través del Departamento de Prehistoria y Arqueología, Almagro Gorbea y Gran-Aymerich en su estudio sobre la orientación astronómica del estanque galo de Bribacte, el equipo de Juan Antonio Belmonte, Rebullida Conesa o García Quintela y Santos Estévez sobre los santuarios célticos de Galicia, Cerdeño en cuanto a la orientación de ciertos elementos de la cultura celtibérica, o mi investigación con una publicación impresa: Teleno, señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte o varios artículo en el blog Asturiensis Prouincia Indigena.


jueves, 28 de noviembre de 2013

La Aquiana y Peñalba de Santiago



En un artículo anterior tratamos sobre la leyenda berciana de las Siete Hermanas, con paralelos en Miranda de Douro y Asturias(1). La hermana mayor se asoció al santuario de la Guiana o Aquiana, el misma cima del monte, al que dedicamos también otra entrada(2). Lo llamativo es que a pesar de la forma singular de este pico no puede ser utilizado en todo el Bierzo como referencia en el paisaje para señalar la salida o puesta del sol o de la luna con la finalidad de seguir el calendario. Aunque, parafraseando la introducción de los libros de Astérix.. ¿Todo? ¡No! Hay una zona del Bierzo, al límite, desde la cual la Guiana se convierte en un marcador en el paisaje excelente para señalar la puesta del sol en las fiestas de media estación de primeros de mayo y primeros de agosto: Peñalba de Santiago.







La Aquiana
Vista de la Aquiana desde la iglesia de Santiago de Peñalba
Sin duda, es arriesgado plantear que la actual iglesia de Santiago fue construida sobre un santuario precristiano anterior. El Testamento de San Genadio informa sobre la fundación de un monasterio dedicado a Santiago en un lugar conocido como Peña Alba entre el 908 y el 920(3).

«Poniendo toda mi solicitud y fuerzas en el dicho desierto, amplié con nuevos edificios la iglesia de S. Pedro, que poco antes había restaurado, y como mejor pude mejoré. Después edifiqué en los mismos montes otra iglesia a San Andrés y otro monasterio para monjes, y un poco más distante, dedicado a Santiago, edifiqué otro, que se llama Peñalba: entre uno y otro, en el sitio que se llama silencio, construí un cuarto en honor de Santo Tomás, y a cada una de estas iglesias ofrecí donaciones, alhajas y libros...»(4).

Información sobre la que también redunda su discípulo Salomón:

«D. Jenadio de santa memoria, y que permaneciendo en ella muchos años [en la sede episcopal de Astorga], construyó monasterios en el sitio llamado Peñalba bajo el monte de la Aquiana, donde vivió antes de ser Obispo»(5).

Aunque la fecha de construcción del cenobio, atribuida a Salomón, y estando ya San Genadio enterrado allí, es del 937(6).

Aunque estos datos no sostienen (ni refutan) la existencia de un lugar de culto previo, sí nos consta, en el siglo VII, la destrucción de santuarios paganos en el Bierzo y sus sustitución por iglesias cristianas. Lo tratamos en detalle en nuestros artículos dedicados a San Valerio(7). Un posible elemento a favor de esta hipótesis podría haber sido la presencia de unos signos grabados, sobre una de las ventanas, que recuerdan las figuras de algunas pinturas rupestres, si no fuera porque el Instituto de Estudios Históricos Enrique II de Trastámara, anunciaba en 2009 en prensa haber descifrado este “enigma”: «el resultado obtenido de la investigación indica que su primera grafía fue tosca y no se corresponde con el mejor acabado en piedra; que su contenido sigue la costumbre romana de inscribir el nombre “ichthys”, equivalente a “pez” en griego»(8).

Inscripciones sobre una de las ventanas de la iglesia de Santiago

Signo Ichthys de las ruinas de Efeso, Turquía. Fuente: Wikipedia

Próximas están las Cuevas del Silencio o de San Genadio, de las que la mejor conocida (no sé si la única que se conserva), es la reacondicionada por el obispo Vicente Alonso y Salgado a finales del siglo XIX(9).


«Lo que no podemos callar (sin desaire del rio del Silencio) son las cuebas de su nombre, fabricadas por el brazo Omnipotente, junto al nacimiento del expresado rio, al margen occidental, donde se levantan unas peñas altisimas y escarpadas, que en si mismas franquean las mencionadas cuebas del Silencio. Sandoval las describe de este modo. Son (dice) cinco. Obrólas naturaleza en una altísima montaña de de peña viva. Para subir a ella no hay mas que unas sendas de cabra, y son menester sus pies, y irse trabando en las matas, y no mirar abajo por no desvanecerse. Sobre las tales cuebas se levanta la peña tajada tan alta, que deben de ser treinta estados: que cierto que pone pavor mirarla. Están las bocas de las cuebas al Oriente, que en naciendo el Sol da en ellas; no mayores que emdio estado de hombre, y estas sirven de puerta y ventana. Dentro son espaciosas y medianamente altas; sus poyos alrededor: al fin no es obra de hombres, sino de naturaleza. Aprovechabanse de estas los Santos Monges en el Adviento y Quaresma. Los mas viejos en la Santa Milicia, y ya instruidos para bien peleor (como dice N. P. S. Benito) se retiraban aqui: y con sumo silencio, con yerbas, raíces, disciplinas y oraciones, hacian sus Advientos y Quaresmas, hasta que llegando las Pasquas salian a celebrarlas en los Monasterios con sus hermanos»(10).


«CUEVAS DE SAN GENADIO: están abiertas a pico en peña viva, en un estribo de rapidísimo declive de los montes Aquilanos a 3 leguas de Ponferrada, (provincia de León) y junto al nacimiento del río Silencio. Las que hoy se pueden examinar con incomodidad y esposición (sic) son 4, aunque su número es mayor: todas tienen una pequeña puerta hacia el Este, un poyo alrededor y su figura más o menos cuadrada, se asemeja a una celda no muy espaciosa. Creese que las mandó hacer San Genadio, abad de San Pedro de Montes, para retirarse a ellas con otros anacoretas en las temporadas de penitencia: el sitio no podía estar mejor elegido, porque es agreste y espantoso en demasía. El vulgo llama a aquel santo Juanacio, y acude el día de la Natividad de San Juan Bautista a visitar las cuevas, recoger polvo de ellas que suponen específico contra las calenturas intermitentes, y dejar coronas de flores perpétuas o siemprevivas, en las cruces que hay a la entrada de aquellas, para cuya operación es preciso trepar y arrastrarse por entre agudas peñas, asiéndose a débiles arbustos y llevando la vista en peligro, porque la altura es considerable, y está el terreno como el de un tejado»(11).


«En el seno de estas rocas hay varias cuevas donde San Genadio y sus monges se retiraban por la cuaresma y adviento a hacer rígida y severa penitencia. los senderos que a ellas conducían se han borrado, y apenas las cabras mismas pueden frecuentarlos. Pero la del santo conserva su camino que la devoción persevera en trillar. Es bastante espaciosa, aunque no ofrece cosa notable de cristalizaciones y estalactitas. En el medio hay una cruz de madera que todavía vimos coronada con una guirnalda de azucenas puesta por mano de los romeros en el día de San Juan»(12).
El Corón desde la Cueva de San Genadio

La actual y visitable Cueva de San Genadio está orientada aproximadamente al Este. La vista desde la cueva incluye el Corón, imprecisamente alineada en la salida del sol del solsticio de verano de hace 4000 años (1,7º), pero con un error aceptable con el valor de la oblicuidad de la eclíptica actual (~1º). Además, los primeros rayos del sol en esta fecha iluminarían probablemente alguna zona de la pared de la cueva, probablemente raspada para obtener el preciado polvo. Una práctica análoga parecía realizarse en la iglesia de San Juan de San Fiz, próxima a Villafranca del Bierzo, seguramente con la misma motivación.

Iglesia de an Juan de San Fiz


En este enlace podéis obtener los cálculos.


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(1) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., Las Siete Hermanas, Asturiensis Prouincia Indigena, 2011

(2) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., La cima sagrada de la Guiana como centro de los ejes del mundo, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012

(3) MARTÍNEZ TEJERA, A. M., La iglesia de Peñalba de Santiago (El Bierzo, León), El santuario de un héroe espiritual de los siglos IX y X, Revista Argutorio, nº 26, 2011, p. 45

(4) Testamento de San Genadio, Apéndice V, RODRÍGUEZ LÓPEZ, P., Episcopologio Asturicense, Tomo II, 1907, pp. 473

(5) Relación de las fundaciones hechas por San Jenadio en Pañalba, y dotación del monasterio de Santiago hecha por el Obispo Salomón en 937, Apéndice IV, RODRÍGUEZ LÓPEZ, P., Episcopologio Asturicense, Tomo II, 1907, pp. 463

(6) MARTÍNEZ TEJERA, A. M., La iglesia de Peñalba de Santiago (El Bierzo, León), El santuario de un héroe espiritual de los siglos IX y X, Revista Argutorio, nº 26, 2011, p. 45



(9) MARTÍNEZ TEJERA, A. M., La realidad material de los monasterios y cenobios rupestres hispanos (siglos V-X), VV. AA., Monjes y monasterios hispanos en la Alta Edad Media, Fundación Santa María la Real, Centro de Estudios del Románico, 2006, p. 79

(10) FLOREZ, E., España Sagrada. Theatro Geographico-Historico de la Iglesia de España., XVI, 1762, p. 40

(11) MADOZ, P. Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, XVII, 1847, p. 269

(12) Van HALEN, A., Diario razonado de los acontecimientos que tuvieron lugar en Barcelona, desde el trece de noviembre al catorce de diciembre de 1842, 1845, p. 99

domingo, 10 de noviembre de 2013

El crómlech de Acebedo

Hace un año terminé la lectura de Megalithic Sites in Britain(1) de Alexander Thom y por fin he encontrado un hueco para tratar sobre él. Confieso que lo comencé con ciertas reservas ya que contaba como referente las críticas de Clive Ruggles, especialmente de su libro Astronomy in prehistoric Britain and Ireland(2). Sin embargo, el recelo tornó en admiración a pesar de compartir algunas de las objeciones de Ruggles, especialmente en lo relativo a la obsesión de Thom por defender la presencia de alineamientos astronómicos en los monumentos megalíticos de elevada precisión. Lo que voy a hacer en este artículo es aplicar la metodología desarrollada por Thom en este su primer libro al único círculo megalítico que conozco: el de Prao Escobio en Acebedo. Su reconocimiento como monumentos prehistórico aún no se ha producido, que yo sepa, ni refutado. Incluso en el primer caso, tampoco conocemos el grado de conservación de la construcción original. Sobre él ya tratamos en el artículo Los monumentos megalíticos de Acebedo.





Su primer capítulo está dedicado a justificar el uso de una unidad de medida en la construcción de monumentos megalíticos y que denomina yarda megalítica, en adelante MY, equivalente a 2,72 pies ingleses, ó 0,829 metros, y muy similar a la vara de Burgos, de 0,8359 metros. Añade Thom que «podríamos especular que esta unidad [la yarda megalítica] fue transferida a la Península Ibérica por el pueblo megalítico para convertirse en la vara reciente que fue llevada a América por España»(3), es decir, según Thom sería también el sistema de medida vigente en la construcción de monumentos megalíticos ibéricos.

Thom acompaña el capítulo con un histograma de las distintas medidas de perímetros y diámetros de una amplia población de círculos megalíticos británicos. Al medir el perímetro de nuestro círculo megalítico mediante el Sigpac obtuve 80 metros, ó 96 MY, donde se produce uno de los picos, y además bastante aislado, de la función de densidad de probabilidad que Thom nos proporciona. Eso es interesante.


THOM, A., Megalithic Sites in Britain, Oxford University Press, 2002 (1ª ed. 1967), p. 46
También propone distintos modelos geométricos seguidos por los constructores de círculos de piedra como círculos aplanados, círculos con forma de huevo y, más raramente, elipses. Thom defiende alineamientos astronómicos definidos por los ejes de simetría de estas figuras. Inesperadamente, al medir el diámetro del círculo de Acebedo se hizo patente la presencia de un achatamiento en el círculo, y consiguientemente, la posibilidad de plantear este enfoque arqueoastronómico.

THOM, A., Megalithic Sites in Britain, Oxford University Press, 2002 (1ª ed. 1967), p.28
THOM, A., Megalithic Sites in Britain, Oxford University Press, 2002 (1ª ed. 1967), p. 29


En la siguiente imagen se muestra el modelo geométrico seguido por nuestra construcción. Los puntos H, A y B indican los centros desde donde se trazan los distintos arcos, unidos en los puntos I, J, C y D, formando la figura. Los puntos M y N definen el eje de simetría. El punto E señala el centro de la elipse definida por el círculo menor, cuyo eje principal se obtiene al unir este con el punto G. La intersección de ambos ejes se produce en el punto F. Para calcular el acimut definido por dos puntos he utilizado sus coordenadas obtenidas con el Sigpac aplicando trigonometría esférica. Para obtener la elevación astronómica he utilizado Google Earth y proyectado la línea definida por estos dos puntos en la línea del horizonte y aplicado la corrección por refracción atmosférica. Para obtener esta proyección busco un punto que esté en la línea del horizonte y que tenga el acimut calculado previamente.


La línea NM, que define el eje de simetría principal, tiene un acimut de 284º y una elevación en su proyección con el horizonte de 21,35º resultanto una declinación de 24,35º identificable con la puesta del sol en el solsticio de verano. La línea BC, con acimut 68,7º, proyectada con elevación 3,27º, se traduce en una declinación de 17,34º, correspondiente al amanecer de las fiestas de media estación de Beltaine y Lugnasad. La línea FG, el eje principal del la elipse del círculo menor, tiene acimut 52,1º, elevación 2,75º, y declinación 28,33º, correspondiente al amanecer del lunasticio mayor Norte. A estos, podemos añadir otros alineamientos definidos con puntos conspicuos del paisaje como A con Peña Cuadrada en la puesta del sol del solsticio de invierno, A con el accidente que he denominado Cuerno Izquierdo en la puesta del sol de las fiestas de media estación de Imbolc y Samain, y E con el mismo Cuerno Izquierdo en la puesta de la luna del lunasticio menor Sur. Así, de las 13 líneas que definen esta geometría, 3 coinciden con alineamientos solares o lunares de interés. Si calculamos la probabilidad de que estos sean fruto de la causalidad, de acuerdo a la ecuación planteada en el artículo Evaluación estadística de observatorios astronómicos prehistóricos, obtenemos un 12,68%, que no está mal.

¿Qué opino? Me cuesta creer que el hombre de hace 4000 años manejara estos conceptos geométricos que incluirían un triángulo rectángulo cuyos vértices marcan los centros de los distintos arcos. Tampoco queda claro su sentido práctico, pues los alineamientos están definidos por los ejes principales de ambos círculos que, sin embargo, no son fáciles de reconocer a pie del monumento, sin otras referencias. Sin embargo, también es cierto que hemos aplicado un modelo desarrollado para los círculos megalíticos británicos que parece dar buenos resultados en un círculo megalítico que creemos prehistórico.

Los cálculos arqueoastronómicos podéis obtenerlos de este enlace.

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(1) THOM, A., Megalithic Sites in Britain, Oxford University Press, 2002 (1ª ed. 1967)

(2) RUGGLES, C.L.N., Astronomy in prehistoric Britain and Ireland, Yale University Press, 1999

(3) THOM, A., Megalithic Sites in Britain, Oxford University Press, 2002 (1ª ed. 1967), p. 34

domingo, 20 de octubre de 2013

Mitoloxía Popular del Reinu de L.lión

Xanas, mouras y encantos; la Griega; mouros; tesoros; cuélebres, culebrones y basiliscos; el renubeiro, la Vieya; el trasgo, el sumicio y el diaño; las ánimas... son alugnas de las denominaciones de los seres míticos tratados por dos grandes estudiosos de la tradición popular de León y Asturias: Nicolás Bartolomé Pérez (Asociación Cultural Faceira) y Alberto Álvarez Peña (Fundación Belenos dÉstudios Etnográficos) en su libro Mitoloxía Popular del Reinu de L.lión. El tratamiento de estos seres es muy distinto al que encontramos en otras obras que más parecen colecciones de "bichos". Estos seres son las reminiscencias populares de antiguos mitos, construcciones o modelos con las que nuestros antepasados trataban de comprender el funcionamiento de la Naturaleza y, curiosamente, interactuar con ella, controlarla. Son los restos de la religión antigua. 

El tratamiento que da Nicolás Bartolomé es, como ya nos tiene acostumbrados en otros trabajos suyos como Filandón. Lliteratura Popular llionesa, sumamente erudito, detallado y preciso, abundando en comparaciones y relaciones con otras regiones europeas. Si a ello añadimos los magníficos dibujos de Alberto Álvarez Peña, encontraremos una obra de referencia imprescindible para aquellos que quieran conocer mejor los mimbres de la tradición popular de este rincón del Noroeste. Os lo recomiendo vivamente este libro.



Os dejo un párrafo introductorio, para abrir boca:

«Esti l.libru trata sobre un tipu concretu de l.liendas llionesas que podemos chamar mitolóxicas d'alcuerdu cona clasificación que propunxo Julio Caro Baroja no sou tratadín De los arquetipos y Leyendas, ya que tienen como característica más destacada la d'estar protagonizadas por seres imaxinarios que la nuesa tradición relaciona con l.lugares caracterísicos del paisaxe l.liones. Estas l.liendas conforman la mitoloxía popular del viechu reinu de L.lion (L.lión, Zamora ya Salamanca), anque sobre esti aspectu del nuesu patrimonio inmaterial hai un mayor númaru d'informaciones ya datos procedentes de la provincia l.lionesa, que cuenta con un conxunto importante d'estudios ya compilaciones [...] La mitoloxía l.lionesa tien un estreito parentescu conas mitoloxías populares del restu d'Europa, ya más en concretu conas tradiciones mitolóxicas del norte ya occidente de la Península Ibérica onde, por exemplu, rescamplan las l.liendas sobre los mouros míticos, las mouras (ou xanas), los encantos ya los tesouros fantásticos, tradiciones que tamién tienen una destacada presencia no reinu de L.lión. 
«Resulta problemáticu pronunciase sobre l'orixe d'estas l.liendas míticas que pervivienon de forma oral nas zonas rurales l.lionesas prácticamenet hasta qüei. Yía posible qu'al menos una parte d'estas narraciones tengan una antigüedá considerable, ya inclusive qu'en dalgún casu estéamos ante los devaluados restos d'una antigua mitoloxía anterior a la cristianización de L.lión....»


jueves, 17 de octubre de 2013

El lago del dragón: Lleitariegos y Montrondo

«Y a las ninfas y a las Lamias tenía que resultarles sencillísimo el transformarse en dragones, porque al fin, ríos y fuentes, en la mitología primitiva, se personificaban en dragones»(1)

«Jorge era natural de Capadocia y tribuno de la armada romana. Un día llegó a Silena, una ciudad de la provincia de Libia. Cerca de la población había un lago inmenso, tan grande como una isla del mar, donde tenía su guarida un dragón pestilente. La gente se había enfrentado frecuentemente con él con las armas, pero el dragón siempre los ponía en fuga, amenazando con llegar hasta las murallas de la ciudad y asfixiar a todos con su aliento ponzoñoso. Así los ciudadanos se veían obligados a alimentarlo con dos ovejas cada día, para aplacar su furia [...] Pero con el tiempo, como sus ganados no eran muy grandes, el suministro de ovejas comenzó a agotarse, así que decidieron dar al dragón una oveja y una persona. Los nombres de las víctimas eran elegidos por suertes, y nadie de ningún sexo estaba excluido [...] un día la suerte cayó en la única hija del rey [...] Rey y pueblo fueron bautizados y San Jorge desenvainó su espada y con ella dio muerte al dragón, y dio órdenes para que fuera llevado lejos de las murallas de la ciudad. Cuatro parejas de bueyes arrastraron la bestia fuera de la ciudad y lo abandonaron en un campo muy extenso. Aquel día 20000 personas fueron bautizadas, sin incluir mujeres y niños. El rey construyó una iglesia espléndida en honor de la Bendita Virgen y de San Jorge, y de su altar surgió una fuente natural cuyas aguas curan toda enfermedad»(2).

Dibujo de Alberto Álvarez Peña, en ÁLVAREZ PEÑA, A., Mitología Asturiana, Urriellu, p. 26

En Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte hicimos referencia a una leyenda leonesa que relacionaba la aparición de una serpiente monstruosa y la noche de San Juan:

«En Salientes cuenta una leyenda que “en la noche de San Juan decían que había una serpiente en la laguna del Tambarón, y al dar el Sol por la mañana daba una vuelta haciendo mucho ruido, porque estaba atada con una cadena muy grande...” y a modo de explicación del origen de esta leyenda continúa nuestro informante “...cuenta la leyenda que había una serpiente o un dragón que salía de la laguna, llegaba al pueblo y devoraba a una joven. Un día salió una joven para ser devorada llevando en la mano un rosario; cuando la serpiente se lanzó sobre ella, le tiró el rosario, el rosario se convirtió en una gruesa cadena y desde entonces la serpiente no sale ya de la laguna”. Esta leyenda se nos antoja con resonancias Medievales similares a las de San Jorge y el dragón, pero con interpolaciones marianas más modernas»(3).

Julio Álvarez Rubio también nos da cuenta de este leyenda

«Una tradición local recoge que este lugar remoto ‒tétrico en época de temporales‒, fue en la antigüedad morada de una hidra feroz. El monstruo exigía que los vecinos de Montrondo, cada año, por la fiesta del Corpus, le entregaran una doncella en sacrificio. En cierta ocasión, le tocó el turno a la familia de un poderoso hacendado que, a base de dinero y presiones, sustituyó a su hija por una mozuela de una casa pobre. Ya se acercaba la joven al Llao cuando una anciana, quizá la Virgen, le salió al paso para entregarle un rosario. “Cuando asome del agua la primera de las siete cabezas, échaselo al cuello”. Así lo hizo la niña, y milagrosamente, la hiedra, con la cruz clavada en la garganta, desapareció en el fondo para no volver jamás»(4).

En su blog, en el artículo Omaña, El Río (III): La doncella de Montrondo y el monstruo del Llao podéis otras versiones ya que,.por lo que respecta a nuestro análisis, es suficiente.



Vista del Tambarón, en el camino desde Montrondo hacia el Llao
Siguiendo la senda del lobo, hacia el Llao


Vista del Llao helado


Y el Llao en verano...
Iglesia de Santa Marina de Montrondo
Llama la atención que en la versión de Salientes, la fecha en la que se manifiesta el culebrón es el solsticio de verano, acontecimiento estrechamente relacionado con los lugares en los que existen representaciones rupestres de serpientes o con tradiciones de dragones asesinados por un santo o un héroe, según lo visto en los artículos anteriores: Santuarios termales y dragones: Luyego, Santa Mariña de Augas Santas y La Edrada de Cacabelos, La guarida del dragón: La Vid, Montes de Valdueza, Corao, Balboa y Cova da Serpe y El dragón de piedra: Pedra da Boullosa, as Pedras da Serpe de Castro Penalba y Gondomil, Santo Hadrián de Malpica y San Llorienzu de Xixón. Sin embargo, en la versión de Montrondo el monstruo se manifiesta en la fiesta cristiana del Corpus Christi, celebrada el jueves que sigue al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera del hemisferio norte, o Domingo de Resurrección. Sin embargo, hay una interesante conexión entre el solsticio de verano y la fiesta del Corpus Christi en relación con la muerte del dragón, ya que hubo una costumbre española muy extendida se sacar la Tarasca el día del Corpus. Esta figura es una especie de dragón que recuerda al monstruo homónimo que mató Santa Marta cuando llegó a la ciudad de Tarascón, Francia, para convertir a sus habitantes. Allí encontró a un dragón llamado La Tarasca que había vivido cerca del Ródano durante 21 años. La derrotó rociándola con agua bendita y la condujo a la ciudad donde fue asesinada por sus habitantes. Para celebrarlo han sacado desde entonces una imagen del monstruo el día de Pentecostés, así como el día de la santa, el 29 de julio(5)

«Dícese que Santa Marta ató con una liga e hizo morir al monstruo de Tarascón, en memoria de cuyo milagroso vencimiento sacábase en las procesiones de rogativas la figura de la Tarasca; San Bernardo, san Román y san Marcelo también vencieron espantosos dragones... los mismos que se reverenciaban en Babilonia, Egipto, Italia, Grecia y otros muchos puntos diversos. En la Edad Media cada iglesia tuvo su tarasca o dragón, sumiso y encadenado, el cual iba en las procesiones a la manera de aquellos esclavos que precedían al carro del vencedor en las procesiones cívicas de los romanos»(6).

La Tarasca de Santa Marta. Procesión del Corpus Christi de Valencia. Fuente Wikipedia
Otro lago participa también de una tradición oral muy similar: el de Lleitariegos:

«Todo comenzó, según se cuenta, en una noche cerrada en nieve, cuando un peregrino pidió albergue a las gentes de los alrededores que hicieron caso omiso a sus súplicas y le dejaron morir aterido de frío y hambre, aunque en el último momento decidieron darle auxilio, hallándole casi desvanecido a los pies de la L.laguna L.leitariegus. Consiguieron reanimarlo, aunque ya agonizaba. Poco antes de morir les advirtió que su cayado sería el instrumento de su venganza por su despiadada actitud.
«Al momento, el bastón tomó vida transformándose en una enorme serpiente que se deslizó hasta las aguas de la laguna.
«El monstruo saldría desde entonces año tras año la noche de San Xuan para devorar ganados y destrozar viviendas. Se contaba que una vez había engullido entre sus anillos un carro con bueyes y todo que se había acercado peligrosamente a la orilla.
«Los desmanes de la bestia solamente cesarían si, una vez al año, le era ofrecida una joven virgen en sacrificio.
«De esta forma cruenta se vieron obligados a aplacar a la serpiente hasta que un año una de las doncellas que debía ser sacrificada se encaminó hacia la laguna con un rosario mientras iba rezando a la Virgen. Cuando de la superficie de la laguna surgió la sierpe, ésta le arrojó el rosario al cuello, enrollándose en torno a él y transformándose en una pesada cadena que hizo hundirse al monstruo en las aguas para siempre.
«De la L.laguna L.leitariegus también se decía que era un Ojo de Mar y que no tenía fondo»(7).




Ranas bermejas



La Laguna de Lleitariegos
Iglesia de San Juan de Lleitariegos
Ambos participan del tributo a la serpiente consistente en una sacrificio humano, del lago como su morada, de su aparición en la noche de San Juan y en que fue una joven la que hizo posible su muerte. Sin embargo, también comparten otra característica: alineamientos solares en el amanecer del solsticio de verano sobre picos destacados del paisaje.

Los montes visibles desde la Laguna Seca de Lleitariegos son la Peña del Miro Negro, en primer plano, y el Pico de Llaus Secos, Pico Mocoso (justo por detrás de la Peña del Miro Negro), Pico de Sierra Pelada, Pico del Río y Pico del Cornón. Sobre el Pico Mocoso nace el sol del solsticio de verano, mientras que sobre el Pico del Cornón, el Sol de las fiestas de media estación de primeros de mayo y primeros de agosto.

Vista desde la Laguna de Lleitariegos
Por otra parte, desde el Pozo Llao de Montrondo, el monte más destacado es Peña Negra, sobre el también nace el sol del solsticio de verano.

Vista desde el Llao a Peña Negra
A lo largo de esta serie de artículos que hemos dedicado a monumentos de arte rupestre con representaciones de serpientes o cuevas, lagos o lugares, en definitiva, con tradiciones de un dragón asesinado, hemos podido constatar cómo la existencia de alineamientos en el solsticio de verano. Cabe entonces preguntarse qué relación guardan los mitos relativos a héroes que asesinan grandes serpientes y esta fecha singular del ciclo solar. Michael Witzel, resume así su artículo Slaying the dragon across Eurasia:

«Los mitos relacionados con el asesinato de un gran reptil por un héroe o una deidad embaucadora aparece en muchas mitologías por toda Eurasia y más allá, en Polinesia y America. Son una parte importante de los mitos de creación. La muerte del monstruo libera las aguas retenidas para hacer el mundo fértil y habitable para los humanos. Está relacionado con el solsticio de verano y con el matrimonio del asesino del dragón (o cazador) con una virgen de local, en esencia, el matrimonio del sol y la luna, como se encuentra desde la Antigua India a través de China y Japón a los Mayas Kelchi. Tales mitos se rastrean atrás en una mitología paleolítica reconstruida, denominada "Laurasiática" que incorpora mitos que tratan desde el principio del mundo a su destrucción final»(8).

Tal vez, un caso paradigmático de esta relación lo encontremos en el mito védico de Indrá, el asesino de la serpiente Vritra. Ambos representan respectivamente la antítesis entre el sol del verano y el frío del invierno(9), e incluso algunos autores consideran a Indra la personificación del solsticio de verano(10), y que en esta fecha, día en el que daba comienzo el año, tuvo lugar su batalla contra la serpiente Vritra o Ahi(11).

Podéis obtener los cálculos arqueoastronómicos en este enlace.

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(1) CABAL, C. La mitología asturiana. Los dioses de la vida, 1925 (ed. faxsimil Maxtor, 2008), p. 136

(2) JACOBO DE LA VORAGINÉ, La Leyenda Dorada. DE VORAGINE, J., The golden legend, Traducido y adaptado desde el latín por Granger Ryan y Helmut Ripperger, Longmasn, Green an Co., 1941 (compuesto desde 1250 a 1280), pp. 116-117

(3) ALONSO PONGA, J.L., Contribución al estudio de las fiestas de San Juan en la provincia de León, Revista Folklore, nº 6, 1981, pp. 20-28

(4) ÁLVAREZ RUBIO, J., Omaña. Pueblos, paisajes y paseos. Edilesa, 2007, p. 43

(5) EASON, C., Fabulous creatures, mythical monsters, and animal power symbols: a handbook, Greenwood Press, 2007, p. 43; WARNER, M., Monsters of our own making: the peculiar pleasures of fear, The University Press of Kentucky, 2007, p. 114

(6) MAS Y PRAT, Los carros del Corpus, La Ilustración Española y Amaricana, nº 20, 1885, citado en La fiesta del Corpus Christi, (FERNÁNDEZ JUÁREZ, G., MARTÍNEZ GIL, F., coord.), Ediciones de la Universidda de Castilla-La Mancha, 2002, p. 171

(7) ÁLVAREZ PEÑA, A., Mitos y leyendas asturianas, Picu Urrilellu, 2008, p. 116; DÍAZ ALONSO, M., Mitos y Leyendas de la Tierra Leonesa, 1982, pp. 27-28

(8) WITZEL, M., Slaying the dragon across Eurasia, BENGTSON, J. D., In Hot Pursuit of Language in Prehistory: Essays in the four fields of anthropology, John Benjamins Publishing Company, 2008, pp. 263-283

(9) GRISWOLD, H.D., The Religion of the Rigveda, Motilal Banarsidass, 1999 (1ª ed. 1971), p. 181

(10) PLUNKET, E. M., Ancient Calendars and Constellations, Cornell University Library, 1903, pp. 115-116

(11) HEWITT, J. F., Primitive traditional history; the primitive history and chronology of India, south-eastern and south-western Asia, Egypt, and Europe, and the colonies thence sent forth, 1907, pp. 758, 946
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