Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

Si deseas corregir, matizar, opinar o pedir más información sobre lo aquí apuntado, te animo a participar.

domingo, 6 de octubre de 2013

La cobriña de Santo Hadrián de Malpica y la Pedra da Arca


En un artículo anterior, El dragón de piedra: Pedra da Boullosa, as Pedras da Serpe de Castro Penalba y Gondomil, Santo Hadrián de Malpica y San Llorienzu de Xixón, hicimos referencia a la leyenda de Santo Hadrián en Malpica, según la cual, al expulsar las serpientes de las Islas Sisargas, dejó como testimonio la marca de una serpiente aplastada en la roca, así como una cuenca y la huella de su pie, en el lugar que se conoce como O Portiño, por debajo de la Fuente de Santo Hadrían y próximo a su ermita. Recordad que habíamos concluído que la santidad del lugar era debida a que la salida del sol en el solsticio de verano se producía en el límite entre tierra y océano, al Noreste.


En mi primera visita, la marea alta me impidió encontrarlas, pero hubo una segunda con el objetivo de hallarlas y estudiarlas de cerca. Parece claro que son formaciones naturales.




Aprovechando la visita, me dirigí a la Pedra da Arca, un dolmen parcialmente desmoronado. Son varios los monumentos megalíticos del Noroeste peninsular que utilizan esta denominación “arca”:

«Son extraordinariamente frecuentes los emplazamientos de interés arqueológico bautizados con las formas losa, lancha, laja, lastra anta, arca, (piedra) cobertera (estas últimas formas, empleadas para dar nombre a dólmenes)»(1).

«La palabra arca, aniciada nel llatín, dexó munchos restos ente los nomes de llugar de la Península anque, delles vegaes, refiérense a llugares de vieyos enterramientos megalíticos; tamién dexó muestres enforma na documentación medieval»(2).

«[Arca] En latín poseía también la acepción de sepulcro, según se observa en distintos testimonios. En la toponimía gallega y catalana posee la acepción de dolmen. En la toponimia de la provincia de León es posible encontrarlo aún hoy con el significado de “señal divisoria”»(3).



La relación entre ambos usos, “arca” como monumentos megalítico, y “arca” como señal divisoria podemos encontrarlo en la circunstancia de que una de las funciones de los monumentos megalíticos era la de constituir referencias visibles de las demarcaciones territoriales de las comunidades humanas prehistóricas que las construyeron.

«El utilizar los monumentos funerarios como referentes espaciales por parte de las comunidades campesinas es una característica común tanto en el NW hispánico como fuera del ámbito peninsular, como es el caso de Escocia, Inglaterra e Irlanda, donde este tipo de monumentos comparten la ubicación preferencial en las divisorias de aguas y lugares que gozan de una amplia perspectiva visual»(4).

Como ejemplo, en Irlanda, según el tratado jurídico Breachta Comaithcesa o “Juicios de mutua tenencia”, había una ail adrada o piedra de adoración que servía como mojón:

«“Una señal de piedra, es decir, un límite que está marcado por una piedra que no se puede mover, o por un árbol, o por una piedra plana, o por una piedra monumental: si hay así siete señales en este tiempo, una sobre otra, es un límite que no se puede traspasar”»(5).

El papel de los megalitos como mojones perduró, al menos, hasta le Edad Media:

«El valor territorial de los monumentos megalíticos es una herencia de sus usos pasados. Como construcciones visibles, los megalitos crearon paisajes culturales, y su función como marcadores de territorios prehistóricos está bien documentada. Sin embargo, el valor territorial de los megalitos no termina en la Prehistoria. Llegados a la Edad Media, existen centenares de contratos agrarios y expedientes de apeos en los que se hace referencia a monumentos megalíticos como marcos de territorio. Cuando se tenían que precisar los lindes de un terreno, era común recurrir a elementos fijos en el paisaje como ríos, caminos, fuentes y, con muchísima frecuencia, túmulos y dólmenes. También existen innumerables topónimos medievales, como Monte da Meda, o Lugar de Mámoas, que muy probablemente aluden a los megalitos que identifican el territorio. El empleo de megalitos como marcos de territorio disminuye a lo largo de la Edad Moderna, probablemente porque muchos han sido destruidos ya, y también por los cambios que tienen lugar en la demarcación de lindes. No obstante, muchos topónimos perduran hasta hoy como vestigios de la antigua presencia de monumentos y su valor territorial»(6).

Una de las características más interesantes de los dólmenes del occidente europeo es la de que, mayoritariamente, señalan la fecha intermedia entre los equinoccios y el solsticio de invierno, según un estudio de Michael Hoskin(7). Este dolmen confirma esta orientación preferida ya que sus ortostatos parecen señalar una dirección aproximada de 110º.



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(1) GORDÓN PERAL, M. D. Los megalitos en la cultura popular: la toponimia megalítica. PH67, Especial monográfico, Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Agosto 2008, p.111

(2) GARCÍA ARIAS, X. LL., De toponimia tebergana (IX), Lletres Asturianes, nº 47, p 23

(3) ÁLVAREZ MAURÍN, Mª. P., Diplomática asturleonesa: terminología toponímica, Universidad de León, 1994, p. 345

(4) FILGUEIRAS REY, A., RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, T., Túmulos y petroglifos: la construcción de un espacio funerario, aproximación a sus implicaciones simbólicas, estudio en la Galicia centro-oriental: Samos y Sarria, Espacio, tiempo y forma. Serie I, Prehistoria y arqueología, Nº 7, 1994, p. 221, que cita a BRADLEY, R., Rock Art and the Perception of Landscape, Cambridge Archaelogical Journal. 1 (1), 1991, pp. 77-101

(5) GUYONVARC'H, C.-J., LE ROUX, F., Los druidas, Abada Editores, 2009. p. 111

(6) MARTINÓN-TORRES, M, El megalito ha muerto. ¡Larga vida al megalito! PH67, Especial monográfico, Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Agosto 2008, p. 92

(7) HOSKIN, M., Orientations of Dolmens of Western Europe: Summary and Conclusions, Journal for the History of Astronomy, Vol. 39, No. 4, p. 507-514; HOSKIN, M., Orientations of dolmens of Western Europe, Complutum, Nº 20, 2, 2010, pp. 165-175; HOSKIN, M., El estudio científico de los megalitos. La arqueoastronomía, PH67, Especial monográfico, Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Agosto 2008, pp. 84-91

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