Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

Si deseas corregir, matizar, opinar o pedir más información sobre lo aquí apuntado, te animo a participar.

domingo, 30 de noviembre de 2014

A Serpe de Troña



«El castro de Troña se enclava en una elevación de 225 metros de altitud, en la parroquia de As Pías, ayuntamiento de Ponteareas (Pontevedra) [...] Este castro posee una acrópolis y una amplia terraza hacia el Poniente. Su sistema defensivo nos viene definido por dos lienzos de murallas pétreas, dos parapetos de piedra y tierra y un profundo foso excavado en la roca base por el Naciente»(1).




Sus niveles más antiguos datan de los siglos VI-V a. C, cuando se construyó la primera muralla y su foso circundante. Lo ocupación se prolongó hasta el s. I d.C. con una expansión de la muralla quedando ya abandonado en el siglo siguiente(2). En el siglo XVIII se construye la ermita del Dulce Nombre de Jesús y su Campo da Romería celebrándose tradicionalmente ésta el 6 de agosto y el tercer domingo de enero. Sin embargo, el elemento más carismático y singular de este yacimiento es una inscultura con forma de serpiente, en la proximidad de un aljibe, que se ha interpretado a menudo como la prueba que confirmaría la presencia de los saefes en Galicia(3).





El lugar es también rico en tradiciones populares. Se cuenta, por ejemplo, que debajo de la ermita hay un cementerio de mouros, que desde este lugar sale un camino subterráneo que llega hasta el río Tea en Portavilares que utilizaban los mouros para ir a ver a sus caballos, o también de otro túnel que lleva desde al castro hasta el río Tea en el lugar que llaman Caldeira do Inferno y que en la salida hay un tesoro de oro en forma de grada. En el castro hay noticias de otros tesoros como una viga de oro que va desde el castro hasta Portela de Vilar, y una grada de oro, y un telar, también de oro, debajo del altar de la ermita. También se dice que delante de la capilla sale una mujer y después una serpiente y que, a veces, se deja ver a una señora sentada en una peña peinándose con un peine de oro(4).

Sin embargo, entre todas estas destaca la de una serpiente que exige un tributo sangriento. Dice así:

«Mi madre, que en paz descanse, me dijo que sus abuelos y bisabuelos le contaron que hace tiempo hubo aquí en el monte una serpiente que bajaba a la llanura y robaba para comer, una burra, una oveja o lo que fuere. Por miedo y para que no bajase, los vecinos se pusieron de acuerdo y le traían al monte, todos los dias, un animal que sorteaban entre ellos. Pasado un tiempo,reunieron un montón de ovillos que entregaron a las hilanderas e hicieron con los hilos bien retorcidos una cuerda y un ovillo grande que le dieron de comer a la serpiente. Tan pronto como la serpiente engulló el ovillo tiraron de la cuerda, y la arrastraron y la mataron y enterraron aquí en el atrio de la ermita, y en el sitio del enterramiento levantaron el crucero que había donde está el que hay hoy»(5).

En este relato encontramos elementos muy interesantes. Encontramos, por ejemplo, la recurrente ofrenda de una víctima, muchas veces elegida al azar, que representa, por una parte, la ofrenda a los muertos como acción de gracias por los frutos recibidos y protección de las semillas enterradas en el seno de la tierra, y por otra, el asesinato de las fuerzas decadentes de la Naturaleza para que se espíritu se reencarne de forma más vigorosa, que ya describimos de manera detallada en el artículo La guarida del dragón: La Vid, Montes de Valdueza, Corao, Balboa y Cova da Serpe(6)

Sin embargo, este relato presenta otro dato que nos va a permitir ahondar en esta misma interpretación desde una nueva perspectiva: la muerte de la serpiente tirando de un ovillo recuerda mucho, y no por casualidad, el célebre episodio de la muerte del Minotauro por parte de Teseo y la salida del laberinto gracias al ovillo que le había proporcionado antes una enamorada Ariadna. No vamos a entrar ahora en el significado del hilado como uno de los atributos principales de la Gran Diosa (Luna) ni en la frecuente mención de las ligaduras como poder característico de divinidades supremas en su faceta oscura o cruel (Varuna, Odín, etc.), y sí en el paralelismo simbólico entre la serpiente y el laberinto. La identificación de la serpiente con lo subterráneo, con el mundo de los muertos, con el invierno, con el agua o la Luna ha sido ya sobradamente puesta de manifiesto(7). En cuanto al laberinto, dice Mircea Eliade:

«Sabido es que las cavernas desempeñaron un cometido religioso ya en el Paleolítico. El laberinto asume, ampliada, esa misma función: penetrar en un laberinto o en una caverna equivale a descender a los infiernos o, dicho de otro modo, a una muerte ritual de tipo iniciático [...] es más probable [frente a la etimología basada en labrys o “doble hacha”] que el término [laberinto] se derive del asiánico labra/laura, “piedra”, “gruta”»(8). Nosotros añadimos que encontrar la salida del laberinto equivale a la resurrección, a la victoria sobre la muerte o el invierno que el laberinto, como la serpiente, representan.






A lo largo de varios artículos hemos defendido la relación de lugares con tradiciones de héroes o santos que matan una serpiente cruel, de cuevas o lagos en los que habita una gran serpiente o conjuntos prehistóricos que representan serpientes con alineamientos en el solsticio o las fiestas de media estación del verano(9). Uno de los ejemplos descritos es el de la Pedra da Serpe del Castro de Penalba que muestra muchos elementos comunes con ésta del castro de Troña: ambos son grabados de serpiente en una roca en vertical, en relación con un castro, próximos a una ermita cristiana y con tradiciones populares de serpientes. Desde la Pedra da Serpe se producen notables alineamientos astronómicos en la salida de la Luna en el lunasticio menor Norte sobre el Coto da Conla, en la puesta de la Luna en el lunasticio mayor Norte sobre el Alto da Meda, y en la puesta del Sol del solsticio de verano sobre el Castro de Cosoirado(10). Llama la atención que si nos situamos enfrente al grabado también tendremos ante nosotros el castro de Cosoirado sobre el que se produce el fenómeno solar solsticial. Si nos ponemos cara al grabado del Castro de Troña podremos ver como se extiende delante de nosotros el monte Galleiro sobre el que se produce la puesta del sol en las fiestas de media estación de primeros de mayo y agosto. Más dudoso es un pequeño pico conspicuo del mismo monte (el siguiente más destacado después del anterior) sobre el que se produce la puesta del solsticio de verano.



Este nuevo ejemplo, el de la Serpe de Troña, aúna una tradición popular sobre una serpiente que exige tributo y que es asesinado, un monumento castreño que representa a este animal y un nuevo alineamiento solar en el solsticio y fiestas de media estación del verano, reforzando la tesis que hemos venido manteniendo a lo largo de los artículo citados.

Los cálculos en este enlace.

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(1) HIDALGO CUÑARRO, J. M., Una fecha de C-14 del castro de Troña (Ponteareas, pontevedra), Cuadernos de estudios gallegos, T. 37, Nº. 102, 1987, pp. 31-39

(2) HIDALGO CUÑARRO, J. M. Castro de Troña. Campaña 1983, Arqueoloxia/Memorias, 3. Xunta de Galicia, Santiago de Compostela, 1985

(3) CUEVILLAS LÓPEZ, F., BOUZA BREY, F., Os Oestrimnios, os Saefes e a Ofiolatría en Galiza, Arquivos do Seminario de Estudos Galegos, II, 1929. Reedición del Museo do Pobo Galego de 1992

(4) APARICIO CASADO, Buenaventura, Mouras, serpientes, tesoros y otros encantos. Mitología popular gallega, Cadernos do Seminario de Sargadelos, 80, Edicións do Castro, Sada, 1999; CARRÉ ALVARELLOS, Lois, Contos populares da Galiza, Porto, Museu de Etnografía e Historia, 1968; COSTAS GOBERNA, F. J. e HIDALGO CUÑARRO, J. M., La olvidada citania de Troña en Santa Marina de Pías. Ponteareas, Faro de Vigo, 28 de outubro de 1979; GARCÍA ALÉN, A., PEÑA SANTOS, A. de la, Grabados rupestres de la provincia de Pontevedra, A Coruña, 1980; GONZÁLEZ REBOREDO, X. M., El folklore de los castros gallegos, Compostela, Universidade, 1971; HIDALGO CUÑARRO, J. M., El tema de la serpiente en el N.O. peninsular, en El Museo de Pontevedra, XXXV, 1981, pp. 229-284; LÓPEZ CUEVILLAS, F. e BOUZA BREY, F., Os oestrimnios, os saefes e a ofiolatría en Galicia, Compostela, Seminario de Estudos Galegos, 1929, 2, pp. 27-193; LÓPEZ CUEVILLAS, F. e LORENZO FERNÁNDEZ, X., Unha nova inscultura serpentiforme da citania de Troña, Boletín da Real Academia Galega, XXVIII, A Coruña, 1957; PERICOT, L., «Excavaciones en la citania de Troña», en Memorias de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, 115, Madrid, 1931; PERICOT, L., PARGA, I., Castros de los alrededores de Mondariz Balneario: el castro de Troña, en La Temporada de Mondariz, 3/4, 1928; RISCO, V., Los tesoros legendarios de Galicia, en RDTP, t. 6, cad. 2-3, 1950, p.185; VAQUEIRO, Vítor, Guía da Galiza máxica, Galaxia, Vigo, 1998; citados en Castro de Troña, Galicia Encantada, http://www.galiciaencantada.com/lenda.asp?cat=7&id=32

(5) Relato de Constance Ferrnández, recogido en L. pericot y L. pargaPonadl: "Castros de los alrededotres de Mondariz Balneario". La Temporada de Mondariz,. Julio, 1928, GONZÁLEZ REBOREDO, X. M., Leyendas Gallegas de tradición oral, Editorial Galaxia, 2004, (1ª ed. 1983), pp. 66-67

(6) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., La guarida del dragón: La Vid, Montes de Valdueza, Corao, Balboa y Cova da Serpe, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/12/la-guarida-del-dragon-la-vid-montes-de.html

(7) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., Santuarios termales y dragones: Luyego, Santa Mariña de Augas Santas y La Edrada de Cacabelos, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/12/santuarios-termales-y-dragones-luyego.html; GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., La guarida del dragón: La Vid, Montes de Valdueza, Corao, Balboa y Cova da Serpe, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/12/la-guarida-del-dragon-la-vid-montes-de.html

(8) ELIADE, M., Historia de las creencias y las ideas religiosas I. De la edad de piedea a los msiterios de Eleusis, Paidós Orientalia, 2010 (1ª ed. 1976 en Editions Payot), p. 180

(9) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., El dragón del Cúa: el santuario termal de La Edrada, Asturiensis Prouincia Indigena, 2011, http://asturiense.blogspot.com.es/2011/11/el-dragon-del-cua.html; GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., El dragón del Cúa: el santuario termal de La Edrada, Asturiensis Prouincia Indigena, 2011, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/11/el-dragon-del-cua-iii-el-asesinato.html; GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., Santuarios termales y dragones: Luyego, Santa Mariña de Augas Santas y La Edrada de Cacabelos, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/12/santuarios-termales-y-dragones-luyego.html; GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., La guarida del dragón: La Vid, Montes de Valdueza, Corao, Balboa y Cova da Serpe, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/12/la-guarida-del-dragon-la-vid-montes-de.html; GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., El dragón de piedra: Pedra da Boullosa, as Pedras da Serpe de Castro Penalba y Gondomil, Santo Hadrián de Malpica y San Llorienzu de Xixón, Asturiensis Prouincia Indigena, 2013, http://asturiense.blogspot.com.es/2013/01/el-dragon-de-piedra-pedra-da-boullosa.html; GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., El lago del dragón: Lleitariegos y Montrondo, Asturiensis Prouincia Indigena, 2013, http://asturiense.blogspot.com.es/2013/10/el-lago-del-dragon-lleitariegos-y.html; GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., La cobriña de Santo Hadrián de Malpica y la Pedra da Arca, Asturiensis Prouincia Indigena, 2013, http://asturiense.blogspot.com.es/2013/10/la-cobrina-de-santo-hadrian-de-malpica.html; GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., La pastora, el pozo, el toro y el cuélebre del Pozu los Texos, Asturiensis Prouincia Indigena, 2014, http://asturiense.blogspot.com.es/2014/05/la-pastora-el-pozo-el-toro-y-el.html

(10) GONZÁLEZ, M. A., El dragón de piedra: Pedra da Boullosa, as Pedras da Serpe de Castro Penalba y Gondomil, Santo Hadrián de Malpica y San Llorienzu de Xixón, Asturiensis Prouincia Indigena, 2013, http://asturiense.blogspot.com.es/2013/01/el-dragon-de-piedra-pedra-da-boullosa.html

lunes, 24 de noviembre de 2014

La pila prehistórica del pantano de Bárcena y la estela votiva de San Andrés de Montejos



Francisco González González (1922-2009) fue un importante estudioso de la Historia y cultura del Bierzo, aunque también atraído por la ingeniería, la pintura y la poesía. Nació en Villaseca de Laciana pero estrechas relaciones familiares y personales con la localidad berciana de Toreno, a la que dedica una de sus obras más importantes, el Habla de Toreno, felizmente reeditada en 2013 gracias al afecto y tesón de sus amigos, entre los que se encuentra mi admirado y apreciado Paco Vuelta.

En este libro, Francisco González os relata una experiencia suya, que tuvo como resultado la puesta en valor de de un importante testimonio arqueológico, la estela votiva de San Andrés de Montejos, aunque se destino final pueda ser cuestionable (a mí, al menos, me lo parece). Dice así:

«Tengo yo aquí lugar para un modesto protagonismo personal inédito, que, pasados ya 44 años de los hechos, quiero desvelar. En el verano de 1964, recordando que Gómez Moreno había mencionado esta estela votiva, vista por él en 1906, pasé por la iglesia de San Andrés de Montejos, camino de Toreno, donde a la sazón me encontraba transcribiendo y estudiando unos legajos del archivo notarial de Ponferrada. Después de buscar por todas partes, me fui a la sacristía, apartando muebles viejos y maderos, tirados sobre el piso de tierra de la pequeña estancia. De pronto vi sobresalir 10 cm. de la esquina de una piedra de granito blanco, y empecé a cavar con las manos a su alrededor. Viendo que la pieza estaba bien escuadrada y seguía hundida más abajo, con palos por pico, logré desenterrarla toda. Cuál no sería mi sorpresa al comprobar que se trataba de la estela que aquí estamos estudiando, con su cepa en bruto, abandonada allí desde que, a comienzos del siglo, la había descubierto en su tierra de Santa Elena, en la ladera oriental del castro de Montejos, el vecino Vicente Gutiérrez, quien se la entregó, supuestamente en depósito, al párroco de entonces, quien la dejó en la sacristía.
«Creyéndola abandonada y en préstamo, comuniqué el hallazgo a Ignacio Fidalgo y a otro amigo, Gustavo, y los tres juntos, todos del Instituto de Estudios Bercianos, nos propusimos recuperarla para la entidad. Tomamos un taxi y, a las tres de la tarde de un día de aquel caluroso verano, fuimos a San Andrés, pedimos la llave de la iglesia y, obviando razones, entramos en la sacristía, tomamos la piedra que yo había dejado en un banco para fotografiarla, y la sacamos oculta en un saco. Habíamos hablado previamente con el Presidente a la sazón, Ernesto Díaz Villamor, quien nos había dado el beneplácito para esta acción que no considerábamos delictiva. Pero la cosa no fue así y, a los pocos días, el Instituto de Estudios Bercianos recibió una carta del obispo de Astorga, don Marcelo, reclamándola. Como nosotros habíamos logrado previamente un papel de donación gratuita al I.E.B. por el hijo del descubridor, a quien creíamos legítimo dueño, dimos la callada por respuesta. Pero llegó otra segunda carta episcopal, esta vez coercitiva y amenazadora, instando a su devolución inmediata, so pena de acudir a las autoridades. Y ahí terminó todo. La estela fue entregada, y hoy se expone como una joya de excepción en el Museo Arqueológico Diocesano. El gozo de mi hallazgo y aventura había quedado en agua de borrajas, y yo apenado, a la vez que satisfecho por su redescubrimiento, pues al menos había dejado de estar perdida y hoy puede ser admirada. Y, como la Historia es Historia y debe ser conocida en toda su verdad, hoy la escribo aquí para que se conozca, íntegra y veraz»(1).

La descripción de Gómez Moreno a la que Francisco González hace referencia es la que sigue:

«Así, dos [castros] que, en medio de la comarca, dominan el SIl por el punto de su confluencia con el Boeza, a vista de Ponferrada, hacia norte y uno tras otro, que, recibiendo nombre de los pueblecillos más inmediatos, les llaman castros de Columbrianos y de San Andrés de Montejos. Son dos cerros separados por angosto valle, con el Sil, a enorme profundidad, lamiendo sus rocosas faldas hacia oriente, y de acceso fácil, aunque fatigoso por la mucha altura, que excede a la ordinaria en este género de fortificaciones. Sus defensas consisten en un parapeto, foso, gran muro, segundo foso y otro muro más elevado y en terraplén., ciñendo todo ello la casi llana meseta de ambos castros; pero de los muros no quedan sino montones alineados de tierra y piedras, al hundirse o ser destruidos para inutilizar su resguardo. [...] Respecto del de Montejos, descubrénse en su falda oriental sepulturas, y entre ellas se sacó una estela votiva, que guarda en su iglesia el párroco de San Andrés.
«Es de granito, con una gran cepa sin labrar, para hincarse en tierra, y la parte escuadrada mide 47 centímetros de alto, 20 de ancho y 8 de grueso, rematando en algo como frontispicio y platillo para quemar incienso. Contine además un [arco] grabado en su frente, y debajo letras grandes y rudas, que son estas:
IOVI
>QVE
LEDI
NI
«Su lectura es del todo cierta, cabiendo sólo discusión respecto del valor de la sigla >; pero me decido a atribuirle la significación usual de centuria, aunque no se trate aquí en modo algundo de cuerpo militar, sino de agrupaciones indígenas, por el estilo de las consignadas en la inscripción famosa de Alcotea del Río (CIL II, número 1064). Así, pues, resulta ser dedicación a Júpiter por la centuria o agrupación rural de los Queledinos, nombre desconocido, pero de aspecto cáltico y muy semejante al de Celedonio, uno de los hijos del centurión leonés Marcelo, y también mártir»(2).

El símbolo > corresponde a la conocida C invertida que en epigrafía denota un “castellum”, una forma de identificación personal o grupal particular del Noroeste de la Península Ibérica, galaicos y ástures occidentales sobre la que ahora no vamos a extendernos.

Francisco González González también escribió un artículo que publicó en el nº 433 de 23 de agosto de 1980 de la revista Aquiana, y que lleva por título: Pila prehistórica en la presa de Bárcena.

«En la margen derecha del Sil, sobre la misma presa del pantano de Bárcena, hay un elevado y puntiagudo peñasco atravesado por el túnel vial que corona el muro. A cualquier observador atento a lo extraño, le llamará enseguida la atención su destacada forma piramidal truncada y su estratégica sutuación junto al río, cosas ambas oportunas para suponer en él un altar de invocaciones o una cúspide inmolatoria. Llevado de la curiosidad y acicateado por la búsqueda, subí a ella en dos ocasiones durante la pasada década de los años 1970. Allí, ahuecando la roca de granito, sobre una plataforma casi rectangular de 1,65 x 2,10 metros, hallé restos de una pila, también rectangular, de 0,57 x 1,35 x 0,12 metros. Sus lados mayores están ligeramente inclinados, desaparecidos en su mitad sur, donde el lado menor ha desaparecido también, acaso erosionado por los vientos. El lado norte parece cóncavo, de suave pendiente, como labrado voluntariamente en una conformación de artesa. No hallé restos de canales, ni agujeros, ni inscripciones; pero la identificación con las abundantes pilas coetáneas existentes en Galicia, excluye toda duda de que se trata de una pieza arqueológica de interés».





A continuación enumera algunas de estas pilas gallegas: Fonte do Lagarto en el castro de Cameixa, Pena do Altar en la ría de Foz, Pedra del coto de la Recadeira, Pedra movible en Pereiro (Alfoz de Castro), Pedra del coto de Amoreira en Barbanza (Coruña) o Pena del monte dos Castelos en Entrimo (Orense), y finaliza:

«Asegura Cuevillas, en una conclusión que comparto, que "puede señalarse de de una manera indubitable la relación entre estas pilas y el castro junto al cual suelen aparecer. Por lo que la pila de Bárcena ha de vincular su existencia a los catros de Columbrianos y de San Andrés de Montejos, de vecindad próxima.
«Por lo tanto y en conclusión, es casi seguro que estamos ante un monumento céltico de dependencia castreña, ante el receptáculo de una gigantesca ara natural, que los indígenas lapiteas utilizarías para la invocación, el ofrecimiento, el voto, el sacrificio o el augurio».

Los castros de Columbrianos (izqierda) y San Andrés de Montejos (derecha) desde la pila
La verdad es que no tengo la convicción de que estemos ante una pila labrada por el hombre con algún fin cultual: como bien explicaba Francisco González no hay evidencia de cazoletas, canalillos o algún otro grabado, pero su disposición y forma sugiere intensamente labor humana. Además, existe otra circunstancia que apoyaría esta posibilidad. Además de una parcialmente oculta Aquiana, dos montes destacan especialmente en el pasaje: los cerros de Columbrianos y San Andrés de Montejos y es precisamente sobre la cima de este último, donde desde aquí podemos asistir a la puesta del Sol en el solsticio de verano. El hecho de que en la fiesta asociada a esta fecha se considere popularmente que el agua adquiere propiedades curativas, podría aportar más luz sobre la posible función de esta pila. Este alineamiento solsticial sobre el castro de San Andrés de Montejos también podría explicar el hallazgo de la estela votiva dedicada a Júpiter, que atendiendo a lo visto en el artículo que dedicamos a los santuarios rupestres de Vilar de Perdizes en relación con el dios-monte Larouco(3), podría ser una interpretación romana de la versión indígena astur del dios del verano.

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(1) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, FRANCISCO, El habla de Toreno. 2ª edición, revisada y ampliada, 2013, nota 15, pp. 41-42

(2) GÓMEZ MORENO, M., Catálogo monumental de España. Provincia de León (1906-1908), Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, 1925, pp. 3-4

(3) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., Larouco, el dios del verano: santuarios rupestres en Vilar de Perdizes, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/05/larouco-el-dios-del-verano-santuarios.html

sábado, 1 de noviembre de 2014

Santiaguiño do Monte


Ver Iria Flavia en un mapa más grande

O Santiaguiño en Padrón tiene una gran valor sentimental para mi desde que lo conocí hace varios años. Sin embargo, recientemente lo he visitado con un nuevo enfoque y con el propósito de reconocer los elementos que lo han convertido en un lugar sagrado. Antes expondremos su contexto cultural e histórico, de la mano de Ambrosio de Morales y Mauro Castella Ferrer, en los siglos XVI y XVII, así como su relación con la leyenda jacobea.

FITA, F., FERNÁNDEZ-GUERRA, A., Recuerdos de un viaje a Santiago de Galicia, 1880, p. 28


Dice Ambrosio de Morales sobre Santiaguiño del Monte:

«Subiendo por la montaña a media ladera está una Iglesia donde dicen oraba el Apóstol y decía Misa, y debajo del altar mayor sale afuera de la Iglesia una fuente con gran golpe de agua, la más fría y delicada que yo vi en toda Galicia. allí beben y se lavan los peregrinos con reverencia, por haber bebido y lavose el Santo Apóstol con ella. Subiendo más arriba en un pico alto donde hay muchas peñas juntas y algunas de ellas abiertas ó horadadas, se dice, que queriéndose el Apóstol esconder de los Gentiles, porque no había de padecer acá, yéndole persiguiendo, horadó con su báculo la peña, y detuvo los malvados con el milagro.
«Este lugar visitan los peregrinos como muy principal de su romería, subiendo de rodillas las gradas que están cavadas en la peña, y rezando en cada una, y pasando tendidos por aquellos dos agujeros, y por otro que está un poco más abajo: y estos son los agujeros de que comúnmente el vulgo con una simplicidad devota dice, que se han de pasar en vida, o en muerte»(1).




Esta información es ampliada por Mauro Castella Ferrer:

«Es tradición firmísima, y siempre consensuada en esta tierra y sus comarcas, que en esta ciudad [Iria Flavia] estuvo el Apóstol Santiago nuestro patrón en vida, y que el tiempo que le sobraba de la predicación, se retiraba a una montaña fuera de la ciudad, de la otra parte del río Sar al poniente, adonde ahora en memoria de esto están unas cruces con una imagen de piedra suya, adonde se dice habitaban y dormían él y sus discípulos. Es también reverenciado sobre una peña otro lugar donde dicen que decía misa. Más abajo cosa de cincuenta pasos al oriente, se dice que estando allí el Apóstol asentado, llegó una mujer anciana, y llamándola, la mandó sentar junto a él, y la convirtió a la fe de nuestro Redentor, y que así como el Apóstol y la vieja se arrimaron a la peña, quedaron en ella las señales de los dos cuerpos como parecen hoy en día: la del Apóstol más alta que la de la vieja, con una sesma de vara castellana y más, y con cuanto la devoción de los peregrinos bastara a haber acabado esta peña y otras muchas, porque de todos estos lugares con los bordones hacían pedazos que llevaban a sus tierras, con todo esos se ven hoy día claras las señales, y el alto del santo Apóstol muestra ser crecido de cuerpo. Algunas veces he visto estas señales en diferentes tiempos, y siempre me parece están de una misma suerte. Parece quiso Dios honrar a Santiago en imprimir en la peña, y que en ella permaneciese la señal de su santo cuerpo, de la misma manera que el santo Moisés en el monte Sinaí, donde en el lugar en que le dio las tablas de la ley, quedó en la peña la señal del cuerpo del mismo Moisés, según trata Pedro de Escobar en su Lucero de tierra santa, ca. 25. Apartada de esta peña otros 80 pasos está una ermita de Santiago, y debajo del altar una fuente que allí nace de sabrosísima agua. Tiénese por tradición, que teniendo el Apóstol allí falta de ella (porque no hay otra en la montaña) le dijeron los gentiles, que si tantas grandezas decía del Dios que predicaba, por qué no le pedía le diese allí agua, pues le faltaba y que entonces él, invocando el nombre de Jesús hirió con el bordón en la peña, y nació esta fuente abundante de linda y clara agua: es su manantial siempre en una misma cantidad, así en invierno como en verano: nace en frente del oriente: hízose después el altar de la ermita sobre su nacimiento: tiene con ella gran devoción los comarcanos, y de todo el contorno, la van a buscar para sus enfermedades, y los sana de ellas, particularmente de calenturas»(2).



Padrón está íntimamente vinculada a Iria Flavia, antigua sede episcopal hasta que el rey astur Alfonso II la trasladó a Santiago de Compostela debido al pretendido hallazgo de su cuerpo. Dice la tradición que llegó aquí en un barco de piedra que amarró en una piedra con inscripción de la que toma el nombre la localidad.

«Abajo dentro en la Villa está la Iglesia de San Marco, y debajo del Altar Mayor, que es hueco, está una gran piedra, más alta que un hombre: es berroqueña, y tuvo forma de piedestal, sino que los romeros lo han descantillado lo más de las molduras. [...] Esta piedra dicen fue la que estuvo amarrada la barca que venía el Santo Cuerpo, cuando aportó y surgió allí en el río Sar harto cerca de esta iglesia, y muestran allí en la ribera el lugar donde la piedra estaba. Visitanla los peregrinos, y andanla alrededor, besándola por todas partes; y siendo tan manifiestamente piedra romana, y teniendo tan perfecta forma en las letras, lugar da a creer que pudo ser del tiempo del emperador Claudio, en que vino acá el Santo Cuerpo: porque los anticuarios por la forma de letras más o menos perfecta juzgan de que tiempo de romanos son las piedras. [...] En el lugar o portecico donde llegó y aportó el Santo Cuerpo, está una peña sobre que le pusieron, y dicen se abrió milagrosamente tomando forma de sepultura. Esta yo no la vi, porque ya el agua del río la ha cubierto, y el arena también la cubre con cualquier avenida, y aunque tienen cuidado de descubrirla, entonces estaba muy cubierta. Lo que vi es hecho allí un muelle harto agraciado, aunque pequeñito, con sus gradas hacia el agua, dicen que para que se pueda bajar a ver aquella concavidades de la peña, y su humilladero hay allí, y se visita todo aquello por los peregrinos con gran devoción»(3).


No es la primera vez que nos encontramos con el motivo de la barca de piedra, y además vinculada a la leyenda de Santiago. En un artículo anterior ya tratamos sobre la barca de piedra de Muxía sobre la que estaba la Virgen cuando se apareció a Santiago. Sin embargo, en esta ocasión nos llama la atención si asimilación a un sepulcro, a un lecho en piedra. Y sobre este asunto también hemos tratado recientemente, en particular sobre la Peña de la Medida de Maragatería, en León, o San Guillermo de Finisterre y su relación con la leyenda de Orcavella.



Otras noticias son las de Mauro Castella Ferrer, el Códice Calixtino, o los relatos de los viajes del noble bohemio Rozmital entre 1465 y 1467 y del alemán Sebald Örtel en 1521-1522.

«Tiénese por tradición, que saltando en tierra los discípulos de Santiago, la ataron a un grueso pilar de piedra, que estaba en el embarcadero, el cual está ahora en la iglesia de Santiago, que está a doscientos pasos de este embarcadero, debajo del altar mayor, donde es visitado, y reverenciado por este respeto de todos los peregrinos. Ambrosio de Morales dice tiene letras que contiene el nombre de Orises, yo he visto las que tiene, y no está como las refiere [...] Desembarcado pues el Santo cuerpo de Santiago, sus discípulos lo pusieron sobre una gran piedra a la orilla del río, la cual al punto que se le asentaron encima se abrió, y milagrosamente encajó en sí, como si sobre cera pusieran un cuerpo de bronce caliente, reconociendo aquel vasallaje que su patrón debía. [...] Es este desembarcadero adonde llegó el Santísimo cuerpo de nuestro Patrón muy celebrado, y visitado de los peregrinos, y siempre se llamó el lugar del Petrón o Pedrón, como si dijésemos de la piedra, y corrompido el vocablo Padrón, por el milagro de haber encajado en sí la piedra al cuerpo apostólico»(4).


«Otros dicen que él mismo, sentado sobre un pedrusco, vino desde Jerusalén a Galicia por en medio de las olas del mar, cumpliendo el mandato del Señor, sin barca alguna, y que un pedazo de este peñasco quedó en Jafa. Otros dicen que el mismo pedrusco lo trajeron en la nave con el cuerpo muerto. Pero yo he comprobado por mí mismo que una y otra fábula son embusteras. Pues yo he visto por mis propios ojos que se trataba de un peñasco originario de Galicia. No obstante, hay dos motivos de que debidamente haya de venerarse el antedicho peñasco(5); uno, porque es tradición de que en el tiempo de la traslación, al desembarcar los discípulos en el puerto de Iria el cuerpo del Apóstol lo colocaron sobre él. Otro motivo, que sin duda es mayor, porque en él se celebró devotamente el sacrificio de la Eucaristía»(5).


«que por mandato del Papa, en la ciudad de Padrón se hizo hundir en el agua una gran piedra, porque los peregrinos arrancaban grandes pedazos de ella; sin embargo se la puede reconocer bien todavía en el agua. Precisamente sobre esta piedra viajó por el mar el venerado Señor Santiago; la piedra le sirvió de barco y flotó sobre las aguas. Todavía hoy se ve encima de ella la huella de su pie. En donde fueron colocados su cabeza y su cuerpo, estados dejaron una huella como si la piedra fuera de cera. Algunas personas piensan que Santiago murió sobre esta piedra y que llegó por mar sobre ella a Padrón»(6).


«Al día siguiente, día de las ánimas, al mediodía, salimos de Santiago y cabalgamos hacia Padrón, a cuatro millas. Allí está la fuente de Santiago y su lecho y la roca por la que Santiago se arrastró tres veces cuando le persiguieron los campesinos»(7).




En el capítulo La arribada de la nave del Apóstol Santiago a Padrón (Galicia) de Fernando Alonso Romero de su libro El mundo de los muertos en Galicia y en el folklore del occidente europeo, el autor detalla estas tradiciones gallegas sobre barcas de piedra, así como otra en Misarela, y su relación con otras de la región atlántica europea. Sin embargo, nosotros nos centraremos en el reconocimiento de aquellas hierofanías astrales, que singularizaron este lugar o que fueron incorporadas a él.

Monte Meda
Xesteiras


Marcas de O Santiaguiño alineadas a la salida de la Luna en el lunasticio mayor Norte
Desde Santiaguiño do Monte el monte más destacado es sin lugar a dudas Meda, y tanto desde la fuente, como del conjunto rocoso próximo, aquel por cuyos agujeros, dice la tradición, se arrastró Santiago perseguido por lo paganos, se observa la salida del Sol del solsticio de verano sobre su cima. Sin duda, esta circunstancia era la que otorgaba sus benéficas propiedades al agua de la fuente. Menos destacado, pero aún así conspicuo, es Xesteiras sobre el que sale la luna en el lunasticio mayor al Sur. En las rocas del Santiaguiño hay algunas marcas alineadas y orientadas a la salida de la luna en el lunasticio mayor al Norte. Desde el lugar donde la tradición dice que estuvo el pedrón (que ahora se encuentra en la iglesia de Santiago) en el que amarró la barca de piedra de Santiago se produciría un alineamiento algo impreciso con el mismo monte Meda en el lunasticio mayor al Norte. Suponemos que la barca de piedra se encontraría en sus proximidades. Esta piedra con inscripción (CIL II 2540 = CIL II 5626 = CIRG I, 12 = HEp 4, 1994, 337) fue un ara romana dedicada a Neptuno(8) o a Júpiter Óptimo Máximo(9). En definitiva, desde Santiaguiño do Monte y la antigua ubicación del pedrón de la barca de piedra de Santiago concurren varios alineamientos astronómicos, algunos producidos en montes destacados del paisaje, y alguno “fabricado” mediante una línea de marcas incisas, que podrían estar configurando parte de su significado sagrado prehistórico y que posteriormente se incorporó a la leyenda jacobea, como ya sucedió en Muxía.

Puedes obtener los cálculos en este enlace.

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(1) FLOREZ, H., Viage de Ambrosio de Morales por orden del rey D. Felipe II a los Reynos de León, y Galicia y Principado de Asturias, para reconocer las reliquias de Santos, sepulcros reales, y libros manuscritos de las catedrales y monasterios, 1765, pp. 135-136

(2) CASTELLA FERRER, M., Historia del Apostol de Jesus Christo Sanctiago Zebedeo Patron y Capitán General de las Españas, 1610, p. 73

(3) FLOREZ, H., Viage de Ambrosio de Morales por orden del rey D. Felipe II a los Reynos de León, y Galicia y Principado de Asturias, para reconocer las reliquias de Santos, sepulcros reales, y libros manuscritos de las catedrales y monasterios, 1765, pp. 136-137

(4) CASTELLA FERRER, M., Historia del Apostol de Jesus Christo Sanctiago Zebedeo Patron y Capitán General de las Españas, 1610, p. 119-123

https://www.google.com/maps/d/edit?mid=zhco43zdwK4E.k9HxhqEXpg_0

(5) Códice Calixtino, Libro I, Cap. XVII

(6) HERBERS, K., PLÖTZ, R., Caminaron a Santiago. Relatos de peregrinaciones al fin del mundo, Xunta de Galicia, 1999, p. 118 citado en ALONSO ROMERO, F., La arribada de la nave del Apóstol Santiago a Padrón (Galicia), El mundo de los muertos en Galicia y en el folklore del occidente europeo, Editorial Agce, p. 140

(7) PASCUAL VELÁZQUEZ, A. R., "Das Reisetagebuch" de Sebald Örtel, Iacobus, n.º 7-8, 1999, pp. 365-383, citado en MARTINEZ ANGEL, L., Revista Folklore, 241, pp. 32-34

(8) FITA, F., FERNÁNDEZ-GUERRA, A., Recuerdos de un viaje a Santiago de Galicia, 1880, pp. 27-29

(9) BOUZA-BREY TRILLO, F., Sobre el ara de Padrón y las deidades marítimas de la Galicia romana, Boletín de la Real Academia Gallega, nº 297-300, 1953, pp. 431-436
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