Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

Si deseas corregir, matizar, opinar o pedir más información sobre lo aquí apuntado, te animo a participar.

lunes, 10 de agosto de 2015

La era de Saturno

Uno de los párrafos más conocidos sobre los druidas galos es el de la Historia Natural de Plinio:


«Aquí tenemos que mencionar el temor sentido por los galos hacia esa planta. Los druidas –porque así se llaman estos magos– no tienen nada más de sagrado que el muérdago y el árbol que lo soporta, siempre suponiendo que el árbol sea un roble. Pero ellos sólo eligen arboledas compuestas de robles para buscar el árbol, y nunca realizan ninguno de sus ritos excepto en la presencia de una rama de él; de esto forma parece probable que los sacerdotes mismos derivaran su nombre de una palabra griega para ese árbol. De hecho creen que todo lo que crece sobre él ha sido enviado desde el cielo y es una prueba de que el árbol fue elegido por el dios mismo. Sin embargo, el muérdago se encuentra rara vez sobre el roble, y, cuando se encuentra, se recoge con la debida ceremonia religiosa. Esto se realiza en el sexto día de la Luna, el día que es el comienzo de sus meses y años y de sus eras, que para ellos duraban treinta años. Este día era elegido porque la Luna, aunque no está todavía en la mitad de su curso, tiene ya gran poder e influencia; y ellos le llaman por un nombre que significa, en su lengua, La Que Todo Cura. Habiendo hecho los preparativos para el sacrificio y un banquete debajo de los Árboles, ellos traen allí dos toros blancos, cuyos cuernos atan entonces por primera vez. Vestidos con ropas blancas, los sacerdotes ascienden al árbol y cortan el muérdago con una hoz de oro y lo reciben otros con una capa blanca. Luego matan a las victimas, rogando a dios que otro que este don propicio a aquellos a los que él ha admitido. Ellos creen que el muérdago, tomado como bebida, imparte fecundidad a los animales estériles y que es un antídoto para todos los venenos. Tales son los sentimientos religiosos que han mantenido muchas personas respecto a cosas sin importancia»(1).

La parte que a nosotros nos interesa es la relativa a la descripción de su calendario cuando afirma que «Esto se realiza en el sexto día de la Luna, el día que es el comienzo de sus meses y años y de sus eras, que para ellos duraban treinta años». La mención a "el sexto día de la Luna" fue incorrectamente traducido por James Frazer en su La Rama Dorada como "la sexta Luna", que equivalía a la Luna del solsticio de verano, equívoco alrededor del cual tejió buena parte de su argumentación. El reconocimiento de este error fue un golpe tremendo para el autor, que incluso quiso renunciar al Trinity College, solicitud que la persona que entonces estaba al cargo de la institución desestimó. 

El calendario de Coligny, un parapegma de la Galia romana datado en el siglo II, puede ayudarnos a comprender el sentido de esta era de 30 años. Este calendario es lunisolar, con 5 meses de 29 días y 7 de 30. Se añaden dos meses intercalarios cada cinco años que producen dos 2 años completos de 13 meses y 13 años de 12.  Los calendarios lunisolares son una solución en la transición de un calendario lunar en el que el transcurso del tiempo se mide contando ciclos sinódicos lunares, o meses, a un calendario solar, marcado por el ciclo solar. El problema surge al reparar en que un ciclo tropical del Sol (365,242198 días) no está formado por un número entero de ciclos sinódicos lunares (29,530589 días) por lo que se requiere algún artificio que incorpore ambos ciclos y permita su sincronización en ciclos más amplios.

Una noticia histórica de la existencia de este calendario lunisolar de 5 años lo encontramos en Diodoro Sículo (60-21 a.C.) que informa que los galos realizan sacrificios de prisioneros a los dioses cada cinco años.

«Según su naturaleza salvaje, son extraordinariamente impíos con respecto a sus sacrificios; para los criminales, que han sido mantenidos prisioneros durante cinco años, los empalan en honor a sus dioses, dedicándoles además varias ofrendas como los primeros frutos y construyen piras de gran tamaño. Los cautivos son también utilizados como víctimas para sus sacrificios en honor a los dioses. Algunos asesinan, junto a los seres humanos, a los animales capturados en la guerra, o los queman o los eliminan de alguna forma vengativa»(2).

Sin embargo, este calendario de cinco años introduce un pequeño desfase de cerca de nueve días respecto a cinco años tropicales solares. Stephen C. Cluskey en su Astronomies and Cultures in Early Medieval Europe nos explica como se subsana este problema;

«Parece lo más probable, considerando las prácticas de pueblos similares así como de griegos y romanos, que los galos regulaban su calendario mediante observaciones más que siguiendo un esquema matemático. En este caso sacerdotes-astrónomos, aquí los druidas, acortarían cuatro meses cada cinco años en caso necesario por observación directa de la Luna. También tendrían que omitir un mes intercalario cada treinta años, lo cual podría realizarse en base a observaciones correlacionadas del Sol y la Luna y algún punto astronómicamente fijo del año solar. La gran asamblea que tenía lugar entre los celtas galos a primeros de agosto, que marcaba la fiesta de la cosecha de Lughnasa, podría haber sido el momento más adecuado para realizar estos ajustes en el calendario»(3).

Plutarco nos podría estar aportando información de como se regulaba esta era de treinta años en su Sobre la cara visible de la Luna:

«Una isla Ogygia descansa en el seno del Oceano, a una distancia de cinco días de navegación al oeste de Gran Bretaña, y delante hay otras tres a igual distancia unas de otras y también, desde aquella, en dirección noroeste, el Sol se pone en el verano. En una de estos los bárbaros simulan que Saturno fue hecho prisionero por Jupiter, quien, como hijo suyo, teniendo la custodia de aquellas islas y su mar, denomimado el Saturniano, tiene su asiento un poco debajo [...] ahora cuando la estrella de Saturno, llamada por nosotros Phaenon y por ellos Nycturus, llega al signo de Tauro, como hace cada treinta años, ellos, habiendo preparado durante mucho tiempo lo necesario para un solemne sacrificio y un largo viaje de navegación, envían a aquellos que fueron elegidos a remar en el inmenso mar y a morar durante un tiempo en otros países»(4).

Cicerón (106-43 a.C), escritor, político y filósofo romano, lo identifica como el señor del tiempo, tal vez por su papel en la regulación de un calendario ya olvidado en Roma

«Los hombres han creído que Saturno es quien gobierna el curso cíclico de los tiempos y estaciones. En Grecia la naturaleza de este dios se expresaba en su nombre. Es llamado Kronos, que es lo mismo que Chronos, y significa lapso de tiempo, al igual que nuestro  nombre romano "Saturno" significa "saturado con años". En la mitología se dice que devoró a sus propios hijos, así como el tiempo devora los años transcurridos y es alimentado pero nunca satisfecho por los años que pasan. Se dice que fue encadenado por Júpiter para retener su ilimitado curso y ligarlo a la red de las estrellas»(5)

Si tenemos que elegir un referente preciso que señale la llegada del planeta Saturno a Tauro, yo creo que el mejor será la conjunción con su estrella más brillante Aldebarán, y que para determinarlo lo más adecuado será reconocer el momento en que nacen o se ponen juntos en el horizonte. La siguiente simulación muestra la coincidencia en altitud en la puesta de Saturno y Alpha Tauri o Aldebarán desde el 3000 a.C hasta el 1000 a.C. Esta claro que la elección de cualquier estrella habría bastado para determinar el periodo orbital de Saturno próximo a los 30 años. ¿Por qué Aldebarán? La respuesta se ve también claramente en la figura: la diferencia de acimutes en el momento de esta puesta simultánea es muy próximo entre sí, apenas 5º. 



Cuando estudié los petroglifos de los valles del Duerna y el Turienzo, en Maragatería, León, me llamó la atención que en la dirección a la que apuntaba la grosera alineación de las dos rocas con grabados de Peñafaciel señalaban al Cerro del Picón y que la forma del saliente de una de las rocas, especialmente acentuado desde esta perspectiva, recordaba notablemente la silueta de este monte, que desde aquí su dirección se traduce en una declinación astronómica de 2,4º. Podría corresponder a las Pléyades en el 2500 a.C., pero su puesta acrónica está algo lejos del equinoccio de otoño, el hito más próximo del calendario prehistórico que aquí consideramos(6). Sin embargo, la declinación astronómica de la coincidencia en la puesta de Saturno y Aldebarán en el entorno del 2000-2500 a.C era próximo a los 2-2,5º. 


No es que se trate de una evidencia arqueológica muy sólida en cuanto a la práctica local, aquí en Asturia, de la observación de Saturno para el seguimiento de un calendario lunisolar organizado en lustros y eras de 30 años. Sin embargo, me parece suficientemente interesante como para seguir su rastro en otros monumentos.

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(1) PLINIO, Historia Natural, XVI, 249

(2) DIODORO SICULO, Historia, 5.32.6

(3) McCLUSKEY, S.C., Astronomies and cultures in early medieval Europe. Cambridge University Press, 1998, p. 60

(4) PLUTARCO, De Facie in Orbe Lunae, 26; Posiblemente la leyenda del destronamiento de Cronos/Saturno por Zeus/Saturno estuviera relacionada con el cambio de un calendario basado en eras de 30 años por otro sexagesimal. DELMAR, A., Worship of Augustus Caesar, Kessinger Publishing, 2003 (1ª ed. 1899). pp. 43-50

(5) CICERÓN, De Natura Deorum, 2, 64

(6) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., La génesis del calendario: el calendario prehistórico, Asturiensis Prouincia Indigena, 2011, http://asturiense.blogspot.com.es/2011/11/la-genesis-del-calendario-el-calendario.html

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