Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

Si deseas corregir, matizar, opinar o pedir más información sobre lo aquí apuntado, te animo a participar.

martes, 24 de marzo de 2015

La génesis del calendario (II): pervivencias en las fiestas populares leonesas

En un artículo anterior, La génesis del calendario: el calendario prehistórico(1) tratamos sobre la probable construcción de un antiguo calendario, el de los primeros agricultores y ganaderos, dividido en cuatro partes: primavera, verano, otoño e invierno, vertebrado por solsticios y equinoccios de modo que cada una de las estaciones comenzaba en una fiesta que denominamos fiesta de media estación, o cross-quarter days en literatura anglosajona.

La tradición popular festiva europea revela la celebración de fiestas no sólo en relación con los solsticios, como San Juan y Navidad, sino también en el entorno de primeros de febrero, mayo, agosto y noviembre(2). En la tradición popular irlandesa, así como en sus textos mitológicos compilados en la Edad Media por monjes cristianos, son las fiestas de Imbolc, Beltaine, Lugnasad y Samain; en la germánica el Disting o Disablot, el Día del Verano, Lammas y los Días del Invierno. Incluso encuentran expresión arqueológica, tardía, en el Calendario de Coligny, en los días Rivros, Cutios, Equos y Cantlos(3). La Península Ibérica no es ajena a esta división. En el Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita encontramos también esta división: invierno, con los meses de noviembre, diciembre y enero; verano, con febrero, marzo y abril; estío, con mayo, junio y julio; por último, otoño, con agosto, septiembre y octubre(4). Las pervivencias de la celebración de primeros de febrero estarían en festividades de los Santos del Invierno (San Antón, Las Candelas, San Blas,...) y los Carnavales(5); la de primeros de mayo en los mayos y rogativas(6); la de primeros de agosto en las fiestas de la cosecha(7); y las de primeros de noviembre en las de Todos los Santos y San Martín.

A continuación voy a extractar los rasgos característicos de estas fiestas a partir del estudio detallado que realicé en Teleno. Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte, a partir de distintas celebraciones europeas. La fiesta que da comienzo a la primavera «informa del inicio de las tareas agrícolas después de la interrupción invernal lo que implica la disolución del invierno maligno, la purificación requerida para el comienzo de una nueva etapa y los sacrificios destinados a los muertos para que protejan las semillas sembradas»(8). A continuación, las fiestas que inician el verano son fechas «de preparación, de baños rituales que evidencian el carácter sagrado del agua en estas fechas, de fuegos, de hierogamia, de expulsión y sacrificio del invierno y de estimulación de la fertilidad tan necesaria en un periodo de crecimiento que culminará en la próxima cosecha»(9). Al final del verano, «el otoño es ocasión para la ofrenda de los primeros frutos de la tierra en una fecha próxima a la fiesta de media estación de otoño, es también el tiempo de la cosecha y de la vendimia, así como de la celebración de la acción de gracias en una serie de fiestas que se extienden hasta el comienzo del frío [...] La Gran Diosa Madre está envejeciendo, asimilando atributos funerarios. A los hombres ahora corresponde agradecer a los muertos la cosecha que comienza a fructificar»(10). Y finalmente, en el invierno «se realizan sacrificios y se ofrecen alimentos a los espíritus de los muertos, representados con máscaras como agradecimiento por los frutos obtenidos y para que protejan sus reservas para el invierno . Es el tiempo de los terribles tributos exigidos por los irlandeses Fomoré, el rey Minos, los moros o los dragones»(11).

Podemos dar un paso más y tratar de dilucidar la pervivencia de este hipotético calendario prehistórico en la tradición popular festiva leonesa. Para ello hemos recopilado las fechas de las fiestas locales de la provincia de León publicados en la Resolución de 16 diciembre de 2013, por la que se fijan las Fiestas Locales de los distintos Municipios de la provincia de León, para el año 2014, publicada en el Boletín Oficial de la Provincia de León, y hemos eliminado aquellas festividades relacionadas con el ciclo de Semana Santa (Carnaval, Semana Santa Corpus Christi, Pentecostes,...) por su movilidad. Su función de densidad de probabilidad utilizando un núcleo gaussiano con desviación típica igual a 5 se muestra en la siguiente figura con picos en los días 16 de mayo (9 días más tarde de la fecha de medía estación de primeros de mayo), 17 de agosto (11 días más tarde de la fecha de medía estación de primeros de agosto), 13 de septiembre (8 días antes del equinoccio aparente de otoño), 29 de junio (8 días después del solsticio de verano), 27 de julio (10 días antes de la fecha de medía estación de primeros de agosto), 4 de febrero (1 día antes de la fecha de media estación de primeros de febrero), 7 de octubre (16 días después del equinoccio aparente de otoño), 8 de diciembre (13 días antes del solsticio de invierno), fechas siempre referidas al 2014. Es decir, el calendario festivo popular leonés está articulado en torno a solsticios, equinoccios y fiestas de media estación con la ausencia del equinoccio de primavera y la fiesta de media estación de primeros de noviembre. Si bien ambos hitos están representados por la Semana Santa (la Pascua corresponde a la primera luna llena después del equinoccio de primavera) y la fiesta de Todos los Santos, respectivamente, también opinamos que con el tiempo se ha producido un traslado de la festividad de primeros de noviembre al entorno del equinoccio de otoño y a celebraciones del entorno inmediato de la ciudad de León como la de San Froilán.



Los cálculos en este enlace.

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(1) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., La génesis del calendario: el calendario prehistórico, Asturiensis Prouincia Indigena, 2011, http://asturiense.blogspot.com.es/2011/11/la-genesis-del-calendario-el-calendario.html

(2) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 105-195

(3) MacCLUSKEY, S.C., Astronomies and cultures in early medieval Europe, Cambridge University Press, 1998, PP. 59-60

(4) CARO BAROJA, J., El carnaval, Taurus (1ª ed. 1965), 1986, p. 161

(5) CARO BAROJA, J., El carnaval, Taurus (1ª ed. 1965), 1986

(6) CARO BAROJA, J., La estación de amor, Taurus (1ª ed. 1979), 1986

(7) CARO BAROJA, J., El estío festivo, Taurus (1ª ed. 1984), 1986

(8) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, p. 105

(9) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, p. 127

(10) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, p. 155

(11) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, p. 167

sábado, 21 de marzo de 2015

La santa quemada, el culebrón y el castro de Turcia



En artículos anteriores habíamos tratado sobre lugares con culto termal y hagiografías de santos martirizados con agua y fuego que, en ocasiones, se las habían con algún dragón cruel. Vimos, por ejemplo, la tradición popular de Santa Mariña de Augas Santas, en Ourense, condenada a ser quemada en el horno de una sauna castreña y rescatada y refrescada por San Pedro en una bañera excavada en la peña(1), o el santuario termal de La Edrada(2) en Cacabelos, ligado a Bergidum, en cuya cristianización participó un santo cordobés, San Ascisclo, que fue sometido a martirio en un horno y después arrojado con unas piedras al cuello al río Guadalquivir. Por último, y aunque aquí no hay evidencia de culto termal prerromano, expusimos la tradición popular de Santa Marina de Luyego(3), en Maragatería, León, cuya hagiografía relata cómo fue sometida al tormento del fuego y del agua, cómo se enfrentó a un dragón, y como permaneció convertida en piedra, olvidada y aislada por un río, el Duerna, hasta que fue reencontrada.

Castro de Turcia

En este artículo trataremos sobre tradiciones populares recogidas en Turcia, un pueblo de la Ribera del Órbigo, en León, que evidencia significativas características comunes con los anteriores. Estos relatos populares han sido recopilados por Jose Luis Puerto en un libro de referencia obligado para todos aquellos interesados en el legado tradicional oral del Noroeste: Leyendas de tradición oral en la provincia de León, al que nos vamos a referencia en más de una ocasión en las próximas entradas. Veamos los relatos:

«Bueno, el castro de Turcia, estuvieron los moros, al parecer, allí. Porque ya mis padres, y yo creo que mis abuelos que en paz descansen, ya no vieron los moros, ya no los conocieron. Bueno. Y nació una santa, Santa Cristina. Nació santa Cristina, y, como los moros eran renegaus, y, como Santa Cristina era santa, pues la mandaban con las ovejas, dice que tenían ovejas; cuando llovía o hacía mal tiempo, hacía un corrín, con la cayada que le llamaban, metía las ovejas allí, y ella llegaba a casa y llegaba seca, y las otras moras llegaban mojadas. Y el padre le llamaba la hechicera.

– La mi hechicera, ¡que todas vienen mojadas y ella no!– dice que decía el padre, el moro.

«Y, bueno, la mandaban con las ovejas. Y después una vez estaba a la orilla del río, la santa esa. Y estaba rezando. Y pasó un señor, un caballero que le llamaban, pasó un señor, y decía:

– Dios te salve, María,
llena eres de gracia,
El Señor es contigo
y maldita tú eres.

«Y le dijo aquel señor:

– Así no se reza, niña, así no se reza.

«Dijo:

– ¿Cómo se reza?

– Dios te salve, María,
llena eres de gracia,
El Señor es contigo
y bendita tú eres.

«Y se le olvidó. Y extendió la mantillina por el ríu, pa la parte de Sardonedo, pasó por encima de la mantillina a preguntarle a aquel señor a ver cómo se rezaba. Y se lo dijo. Y sus padres eso no lo podían ver, no podían ver que rezara, que rezara, las cosas de los santos.

«Después hizo un chisme, dice que con unas cuchillas, el moro, y la metió en aquellas cuchillas, y le daba la vuelta, pa que la niña, pa que se matara. Y no se mató. Después arrojó [encendió] el horno y la metió en el horno. Y salía mucho más guapa que la había metidu. Pero después ya, una vez, ya se cansó, y le pidió a Nuestro señor que la mandara pa allá y la mandó. Tendría unos catorce años.

«Es muy curiosita, ¿eh? Ya han ido aquí de Benavides conmigo a ver a Santa Cristina, pero ya está, ya está la pobrecita, ya está, vamos, se conoce que tiene muchus siglus.

«[¿Y no eran tres hermanas?] Sí, eran tres hermanas que están pa allá pa arriba: Santa Catalina, en Cimanes, sí; la otra no me acuerdu… Ellas todas estaban en un altu. Si, eran hermanas, sí, y eran todas santas; sí, todas en alto, todas.

«[¿Y qué pasó con los moros, dejaron tesoros escondidos?] Muchos creo que dejaron, pues allí en el castro, claro. Eran onzas, onzas de oro, onzas de oro.

«Y fue una señora a yerba, a yerba, – no sé si usté sabrá lo que es– pa mantener las vacas todu el verano. Y salió una mora a estar con aquella señora de mi pueblo, a ver si estaba criandu. Yo se lo digu como lo oí. Y aquella señora dice que le dijo que sí. Y la mora la dijo:

– Pues entonces ¿no le podría dar un poco de mamar al mi niño?

«Y dice que le dijo que sí; pero en donde los moros, en la vivienda de los moros dice que no entraba nadie. La mora le sacó el niño, la señora de mi pueblo le dio de mamar, la mora le sacó siete onzas. Pero la de mi pueblo no supo lo que eran y las fue tirando por el camino. Y le quedó una prendida en el delantal. Y llegó a casa con la onza. Y le dijeron:

– Pero ¿tú qué traes aquí?

Dijo:

– Nada.

Bueno, se lo explicó.

– ¡Ay, Dios mío!

«Ah, le dijeron que era oro; en casa, le dijeron que era oro, ya lo sabían mejor que ella. Fueron a por las otras que había tirado, pero ya la mora las había apañado, al parecer»(4).

En este relato encontramos varios elementos interesantes: Santa Cristina era mora y nació en el castro de Turcia. Tenía otras dos hermanas así que formaba una trinidad con ellas como las Matres o los tres aspectos de la Luna. Todas ellas están ligadas a un lugar elevado. Santa Cristina, como la santa Mariña orensana o la de Luyego, fueron martirizadas con fuego en un horno, lo cual podría señalar un culto termal (en el caso de Santa Mariña así es). Con la tradición de Luyego también comparte el papel destacado de un puente (vedado a santa Marina) que en la leyenda cruza el Duerna y en la riberana, el Órbigo. El relato, extendidísimo, de la señora que da de mamar a los hijos de una moura no parece contextualizado en el castro, así que no lo consideraremos aquí. Por último, la tradición declara que en el castro existe un tesoro, algo valioso que nosotros, en este artículo, trataremos de encontrar.

Otro relato...

«Bajaban las moras por agua al Barbadiel que le llamamos. Y, por donde bajaban, por aquellos sanderus, que echaras trigu, que echaras garbanzus, que echaras lo que echaras, allí no daba nada, estaba como estos azulejus. Mi padre tenía allí un barrial, porque estaba muy pisao, porque yo qué sé lo que era. ¿Yo qué sé lo que fue?

«[¿Y el castro estaba hueco por dentro?] Sí, por dentro. [¿Y qué había?] ¿Qué había? Los moros; los moros, las habitaciones, claro, los moros. Y que estaban muy ricos. [¿Y nadie se atrevía a entrar?] Oh, nadie; sí, hombre, no lo mandaban. No le digo que aquella mora, que salió, a ver si le daba eso, no, allí no entraba nadie, creo.

«[Dice que sentían las puertas] Sí, sí, las sentían, cuando iban con las vacas sentían las puertas, sí; sí, sí, sí, pero verlos moros, o sea, entrar, allí nunca jamás creo que entraron. Y ya te digo, yo sé, porque eso de los praos prietos, y de eso, y sé que llevaban las vacas al parecer por allí, que yo por allí nunca fui con ellas. Las llevaban los antepasaos y era cuando sentían las puertas. Eso»(5).

Por último, también encontramos la leyenda de un culebrón enorme que es asesinado por un vecino. Aunque parece una relato histórico, podría tener origen mítico. A veces, los asesinos de culebrones legendarios no son santos, sino un vecino o grupo de vecinos y, muchas veces, el protagonista cambia con diferentes narradores. Ésta se libró.

«Le vo a contar una historia de una culebra, que tenía la cabeza como esta gorra o más, de tres metrus. La fui a matar yo, cuando estaba en ca el maquinista, en lo de Turcia, allí abaju, ¿sabe ónde está Turcia?, allí abajo. Y estaban así en un chisme de piedras, y yo dije:

−Pues no se puede matar.

«Traía una hoz conmigo, de segare. Y, cuando la tenía guardada, y, cuando voy, ya no estaba la culebra. No la volvía a ver más. Una colebra que era de gorda como el cuerpo mío, de tres metrus, roja, era. Una bicha de miedo. Nunca la he vuelto a vere. Se escondería, que había una cueva allí, de los moros, allí entre unas encinas que hay. Se escondería por allí, porque había una cueva por allí, de los morus. No, no, era una culebra, lo que es una culebra, es decire, era roja y tenía la cabeza y un cuerpo como el mío o más, de tres metrus. Estaba así a la larga. Era al salir el sol. Y, buenu, coju y voy a un cachu que tenía como aquellas trampas, a ver si tenía la hoz por alló, si acasu igual venía unu; porque, si había una hoz, esa colebra te mata. Y ya, cuandu vine pa atrás a ver, que me acerqué así cerca:

−Ya no la voy a vere.

«Y otro chaval, que tenía yo con él, no, no la vimos más.

«Y entonces se lo conté yo al paisanu, al maquinista, que estaba yo de pastor allí. Y dijo:

−Pues está guardada por ahí. –Dijo:−Tú ten cuidao, aunque la veas, si no se tira a ti, déjala. No te arrimes, porque se tira a ti y te come»(6).

Polvaredo
Teleno
Soberón
Peña Corada
De acuerdo a nuestro enfoque etnoarqueoastronómico, cabe preguntarse si esta tradición es la reminiscencia de un antiguo lugar de culto establecido en el castro, y si este espacio sagrado estaba relacionado con algún fenómeno astronómico. Desde lo alto del castro, los picos visibles en el horizonte, susceptibles de ser utilizados como referencias, se abren y extienden a nuestro Norte y Noreste: Polvaredo, Peña Valdorria, Cervunal, Peñas Pintas, Soberón, Peña Corada, Teleno,.... Entre ellos, Soberón señala la puesta del Sol en el solsticio de verano, y casi al límite, se aprecia Peña Corada, que ya fue utilizada para señarlar la salida del sol en el solsticio de verano desde La Candamia(7). En esta ocasión, se trata de la salida del Sol en las fiestas de primeros de mayo/agosto, las que señalan el comienzo y final del verano del calendario de los primeros agricultores y ganaderos del occidente europeo.

Los cálculos aquí.

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(1) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., Santuarios termales y dragones: Luyego, Santa Mariña de Augas Santas y La Edrada de Cacabelos, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/12/santuarios-termales-y-dragones-luyego.html

(2) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., El dragón del Cúa: el santuario termal de La Edrada, Asturiensis Prouincia Indigena, 2011, hhttp://asturiense.blogspot.com.es/2011/11/el-dragon-del-cua.html

(3) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., Santuarios termales y dragones: Luyego, Santa Mariña de Augas Santas y La Edrada de Cacabelos, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/12/santuarios-termales-y-dragones-luyego.html

(4) Everilda Martínez González, Turcia, PUERTO, J. L., Leyendas de tradición oral en la provincia de León, 2011, p. 408

(5) Everilda Martínez González, Turcia, PUERTO, J. L., Leyendas de tradición oral en la provincia de León, 2011, p. 408

(6) Esteban García García, Quintanilla del Monte, PUERTO, J. L., Leyendas de tradición oral en la provincia de León, 2011, p. 894

(7) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., El monte sagrado de La Candamia, Asturiensis Prouincia Indigena, 2011, http://asturiense.blogspot.com.es/2011/09/el-monte-sagrado-de-la-candamia.html

martes, 17 de marzo de 2015

Vagodonnaego


En 1816 aparecieron varios pavimentos con mosaicos en La Milla del Río, en la comarca de la Ribera del Órbigo, León pero fueron destruidos completamente. La relación de este hallazgo, dada por D. Tomás Tejerina, párroco de dicho pueblo, es como sigue:

«En el mes de Abril de 1816, arando un labrador en unas tierras al Norte de la iglesia parroquial, notó que arrastraba la reja como si pasara encima de una gran losa. Quitó la tierra y descubrió un pavimento de mosaico preciosamente conservado. los demás (vecinos) que tenían quiñones de tierra contiguos hicieron los mismo; pero conforme lo iban descubriendo así lo iban cortando con las espadas de los azadones, motivo por el cual nunca pudo verse entero, y solo después de deshecho se pudo medir y saber que tenía el pavimento doscientos pies de largo y cincuenta de ancho. En los ciento ochenta pies eran uniformes las labores que consistían en cuarterones de cuatro a cinco cuartas, divididos con unos entretejidos de cinco a seis dedos de ancho, y en el centro unas coronas de laurel, flores, etc. Los otros veinte pies que estaban al poniente y con los que remataba el pavimento, parece que constituían pieza aparte, y se pudo observar todo el cuadro descubierto antes que lo deshicieran. tenía las piedrecitas más menudas, y de colores más vivos. En el centro tenía una amapola real de más de una vara de diámetro, y lo demás del espacio lo ocupaban unos círculos de diversos colores que se entrelazaban unos con otros, y las esquinas las llenaban floreros.

«Encima de este pavimento y envueltos entre la tierra de los escombros, se encontraron tres esqueletos, todos tres pareados; y si se ha de juzgar por sus grandes cráneos y largas tibias, eran de estatura muy prócer. cada uno tenía en el hombro izquierdo una vasija de viático, el uno, una barrillita; el otro, un jarro; y el tercero, una cuenca (escudilla). En una de estas vasijas permanecía aún un poco de materia sebosa, como cosa de una onza o veintiocho gramos. a un lado del pavimento y pegado a él se encontraron tres piedras de mármol blanco que contenían la inscripción con los puntos que en ella se notan»(1).

Más tarde, en 1850 fueren hallados nuevos restos: cimientos de mampostería, conducciones de agua, tejas, bronces, cerámica y mosaicos, que fueron dados a conocer por el párroco del lugar, Javier García. Fueron excavados por los jesuitas Fidel Fita y Vinader, publicándose los resultados en la obra Epigrafía romana de la ciudad de León por el Rdo. P. Fidel Fita, de Eduardo Saavedra, en 1866. Este es el relato:

«De los cuatrocientos pasos en cuadro que cubren los trozos de tejas y ladrillos no hay de ruinas propiamente dichas más que un rectángulo de 100 pasos de norte a sur por 140 de oriente a poniente, tocando por el lado del mediodía con la iglesia parroquial que cae a unos setecientos pasos del pueblo. Vense en este espacio cimientos de mampostería, de ladrillo y de hormigón, orientados todos en una distribución bastante incompleta hasta ahora. Junto a ellos y a los umbrales de sillería de las puertas se han encontrado varios objetos ordinarios, como trozos de vasija, canales, goznes y aladabillas de hierro, adornos de bronces, huesos de animales y unos esqueletos humanos, con no pocas monedas imperiales. [...] La conducción de aguas con varios ramales que todavía da paso a un caudal abundante y cristalino fue sacada a la luz por los PP. Fita y Vinader, de la Compañía de Jesús; pero lo que llama la atención más que todo son los mosaicos que por varias partes aparecen.

en  ABASCAL,  J. M., Fidel Fita. Su legado documental en la Real Academia de la Historia, Real Academia de la Historia, 1999, p. 8
«Nada queda de los que se descubrieron en tiempos del Sr. Cura Tejerina, y ocupaban una faja central en el rectángulo antes señalado. El primero que apareció en tiempo del Sr. Cura actual caía al lado de oriente, y no ha sido superado en magnificencia por ninguno de los posteriores. Cubría una superficie de diez pasos en cuadro y en medio de diversas orlas y entrelazados se ostentaba una gran figura, de unas tres varas de alto, dibujada con la mayor valentía y elegancia, vestida de ondeante ropaje, con frente espaciosa, adornada de delicadas antenas y cuernos formados y terminados por medias lunas; su crespa cabellera remedaba el verde folaje que baña la corriente y vaciaba con robusto brazo un largo y delgado cuerno de unicornio que con sus hilos de agua simbolizaba el origen de un río. Una mitad de la figura se perdió al tiempo de levantar el mosaico, y la cabeza que casi toda se halla en un trozo conservado en San Marcos, tiene mucha semejanza con la del mosaico de Lugo en la composición de sus atributos, como si hubieran obedecido los artistas a una tradición de tipo local que personificase los genios protectores de los ríos; aquí el Órbigo, allá el Miño. no es nuevo que de tal suerte se signifiquen los ríos: Virgilio presenta de un modo análogo al Tíber en los sueños de Eneas, y todos los poetas antiguos convienen en que la figura del toro o los cuernos en la humana son común atributo de los ríos, como recuerdo del mugido de las aguas impetuosas. Y de nuestra cosecha añadiremos que las medias lunas deben aludir a las crecidas periódicas de las aguas, más bien que a ningún supuesto culto de Diana, que no falta que haya querido ver en la cabeza de Lugo. Falta añadir que en el centro de la pieza había un baño de alabastro donde por un tubo de plomo entraba el agua de la cañería.

en  ABASCAL,  J. M., Fidel Fita. Su legado documental en la Real Academia de la Historia, Real Academia de la Historia, 1999, p. 8
«Otros tres mosaicos se han descubierto sucesivamente en este campo; uno pequeño muy cerca del anterior; otro bastantes estrecho en la parte de poniente, y por último acaba de verse otro largo y estrecho en el centro de todo el espacio de las ruinas y encima de la conducción de aguas. Todos ellos están compuestos de preciosos adornos en que el círculo domina, y las flores y las frutas se hallan hábilmente reproducidas [...] Por no hablar más largos no hablaremos de unos sepulcros sencillos hallados al sur de la iglesia, ni de los restos de pórfidos, alabastros y ricos mármoles que no sean en los surcos y al pie de los ribazos, y pasaremos a hablar de la inscripción descubierta en las excavaciones primitivas y que decora el claustro principal de San Marcos [...]

Mosaico de la Milla del Río. Foto de Alberto Flecha

Mosaico de Batitales en lugotea.com
«En nuestro sentir, la magnificencia de los restos y la extensión relativa que ocupan los mosaicos y cimientos en el centro, y las tejas y ladrillo alrededor, denotan que allí hubo una villa o palacio campestre suntuoso como pocos, rodeado de dependencias rurales de menos solidez que formaban una aldea perteneciente al opulento señor de aquellos campos. Reputaríase aquel como el sitio favorito de Vagodonnaego, genio protector de la localidad y abogado contra especiales calamidades, y la ciudad de Astorga, que elevaría acaso sus ruegos a este númen en la invasión de alguna peste, decretó consagrarle un ara con el producto de la generosidad de sus aficionados, encargando la ejecución de este designio a Julio Nerio Polion, que sería dueño y habitante de la finca, en cuyas paredes se fijaron las piedras que lo declaraban, ocultando en el espesor de la argamasa con fingida modestia el nombre que no pudo llegar hasta nosotros entero [...]

«Si Vagodonnaego tenía algún pequeño templo anejo ala palacio o solo un ara, y si sobre esta estaba o no representado por estatua no podemos saberlo. Creemos si que el lugar consagrado había de ser de poca monta, porque las pequeñas lajas de piedra en que la inscripción está grabada demuestran poca largueza en la oferta y el culto; y respecto de la gran figura de mosaico descrita, no parece que deba aludir en nada a este dios, sino que es una alegoría muy propia para una lujosa pieza de baño, en el interior de la quinta»(2).

de Hispania Epigraphica, http://eda-bea.es/pub/record_card_1.php?page=308&rec=8447
La inscripción(3) reza:

Deo Vagodonnaego sacrum Res p(ublica) Ast(urica) Aug(usta) per mag(istros) G(avium) Pacatum et Fl(avium) Proculum ex donis. Curante Iulio Apoll(inari)

Al dios Vagodonnaego consagró este monumento la república de Astúrica Augusta, por medio de sus magistrados Gavio Pacato y Flavio Próculo, costeado con donativos. Cuidó de la ejecución Julio Apolinar

Tanto manuel Gómez Moreno en su Catálogo Monumental de España dedicado a la provincia de León(4), como Juan Manuel Abascal en Fidel Fita. Su legado documental en la Real Academia de la Historia(5), consideran que la inscripción votiva como la figura divina acuática representada en el mosaico no guardan relación entre sí. Sin embargo, alguna debe haber cuando Vago, también presente en la dedicatoria De(o) Vaco Caburio hallada en la ciudad de Astorga(6), parece ser un hidrónimo *wak- procedente de la raíz indoeuropea *wek-, *wok- "curvar", "doblar" presente en los cursos acuáticos Οὐἀκον, Vaca, Cacas, Vókė, Vókpievė, *Wokalo-, Vacalus, Wacbach, etc.(7) Un ejemplo de ello lo encontramos en el maravilloso libro de Jose Luis Puerto, Leyendas de tradición oral en la provincia de León, en un relato de Gollariza de abajo que menciona un arroyo denominado Vagorrey(8). Por cierto, los topónimos “rey” y “reina” podrían derivar de Regi > Rege > Re / Rey 'del curso de agua', 'del arroyo / presa / río'(9). Conviene también mencionar que en la población próxima a La Milla, en Armellada, existe el topónimo “El Vaguino”.

La cuestión de la existencia de un templo asociado a la inscripción es controvertida. Ya hemos leído opiniones en contra. Mª Cruz González Rodríguez, aún contando con el reaprovechamiento de la inscripción, se refiere a “pequeña ara votiva de piedra caliza sin inscripción” hallada en La Milla del Río de la que dió cuenta Fidel Fita, lo cual reforzaría la tesis del antiguo emplazamiento de un santuario dedicado al dios. De acuerdo a la fórmula empleada en la ofrenda que consta en la inscripción propone que la finalidad de la placa de Asturica Augusta era la de estar fijada en la cara frontal del pedestal de una estatua consagrada y dedicada al dios Vago Donnaego quye formaría parte de un edificio destinado al culto público(10).

Vista del Teleno desde las proximidades del lugar del hallazgo de la inscripción a Vago Donnaego
Este pequeño santuario, y ahora prosigo con mi teoría, podría suponer la continuidad de un espacio de culto indígena más antiguo localizado en la proximidades y en relación con el río Órbigo. Es complicado reconocer elementos del paisaje que pudieran utilizarse como referencias horizontales para alineamientos solares o lunares pero uno destaca de manera sobresaliente, aunque no es visible desde la localización de la iglesia sino aproximadamente trescientos metros más al Sureste, hacia el río. Se trata del monte Teleno sobre el que se produciría la puesta de la Luna en el lunasticio menor Sur. En un artículo dedicado al estudio del posible papel desempeñado por el dios identificado con el Teleno, para nosotros, la faceta lunar e invernal del dios supremo(11). En ese estudio lo poníamos en relación con el dios védico Varuna o el escandinavo Njörd, antiguos dioses supremos del cielo que progresivamente habían ido adquiriendo una dimensión decadente, lunar y acuática. Esta visión no sólo es coherente con la proximidad a un río y la coincidencia de un alineamiento lunar al Sur, sino que encuentra un perfecto reflejo en la imagen divina representada en el mosaico: “una gran figura [...] vestida de ondeante ropaje, con frente espaciosa, adornada de delicadas antenas y cuernos formados y terminados por medias lunas [... que] vaciaba con robusto brazo un largo y delgado cuerno de unicornio que con sus hilos de agua simbolizaba el origen de un río”.

Los cálculos, aquí.


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(1) RODRÍGUEZ DÍEZ, M., Historia de la muy noble, leal y benemérita ciudad de Astorga, Tomo I, 1909, pp. 90-91

(2) SAAVEDRA, E., Epigrafía romana de la ciudad de León por el Rdo. P. Fidel Fita, 1866, pp. 1-12, http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/consulta/registro.cmd?id=1792

(3) CIL 2326

(4) «Descubierta en la Milla del Río en 1816. Es una loseta de mármol, cortada hoy a cuatro tiras, no sé desde cuando, pero seguramente no lo estaba en un principio, habiéndose hecho esta operación para utilizar la piedra, y fortuna es que con ella nada se perdiese de letras, salvo una del canto». GÓMEZ MORENO, M., Catálogo monumental de España. Provincia de León, Madrid, 1925, p. 37

(5) «El dato más importante que se desprende del croquis de los hallazgos es la nula relación entre la inscripción y los mosaicos ; dicho de otra manera: no es posible relacionar los motivos musivarios con la función de la divinidad que figura en el texto ; la descripción del descubrimiento deja claro que la pieza estaba partida y reaprovechada en el pavimento; por otra parte, el número de mosaicos y su disposición sugieren más la existencia de una villa rústica a la que corresponderían los muros y estructuras descubiertas» ABASCAL, J. M., Fidel Fita. Su legado documental en la Real Academia de la Historia, Real Academia de la Historia, 1999, p. 199

(6) CIL II, 56666; EE II, 1877, Nº 26; GÓMEZ MORENO, M., Catálogo monumental de España. Provincia de León, Madrid, 1925, p. 37;

(7) VILLAR, F., PRÓSPER, B. M., Vascos, celtas e indoeuropeos. Genes y lenguas, Ediciones Universidda salamanca, 2005, pp. 73-78; «La raíz celta *uaco- “encorvado”, del ide. *wek- “hacer girar”, es un elemento de varios topónimos (Vacomagi en Britania, Vacontium en Pannonia Inferior, río Vacua en Lusitania). También encontramos los teónimos Vacodonnaego en Astorga (CIL, II, 2636) y Cosei Vacoaico en Viseu (HEp., 3, 496), un antropónimo Vacovia en Lusitania y un gentilicio Vacemorqum. El sufijo es compatible con el -iko- celta; cf. Moroeca en Cantabria». CURCHIN, L., Los topónimos de la Galicia Romana: nuevo estudio, Cuadernos de Estudios Gallegos, nº 121, 2008, p. 128

(8) «… Eso, de la pastora esa que cayó ahí en la Gollariza, ahí junto al camino. Que había como una cima allí. Y que se metió por allí. Y, bueno, que fue a salir a…
Bueno, pues yo solamente oí eso decir to la vida, que una pastora que se arrimó allí junto a la sima, que iba el agua, se filtraba por allí y que vino, lo que dice esta, un carnero y la corneó y que la echó por el agua abajo. Y la tragó la sima. Y se conoce que fue a salir a Cabornera, pero no sé adónde». Josefa García García, Geras, PUERTO, J. L., Leyendas de tradición oral en la provincia de León, 2011, p. 315; «Estaba en el alto de una peña y abajo había una sima, de ésas que tragaban el agua. Y la tiró el carnero, le dio un tochazo –decía mi padre– y cayó pal agua. Y la tragó la sima. Y que los collares habían salido en Vagorrey, en un arroyo que baja allí el agua, que habían salido los collares de esa chica. La Foz, ahí le llaman la Foz. De la Gollariza de abajo». Matilde Aragón Álvarez, Geras, PUERTO, J. L., Leyendas de tradición oral en la provincia de León, 2011, p. 315

(9) LLAMAZAREZ SANJUÁN, A., Rey, Reina y términos conexos en la toponimia leonesa, Lletres asturianes: Boletín Oficial de l'Academia de la Llingua Asturiana, Nº 49, 1993, pp. 115-129

(10) GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, M. C., Los santuarios del territorio en las ciuitates de la Asturia augustana: el ejemplo del deus Vagus Donnaegus, En Santuarios suburbanos y del territorio de las ciudades romanas, editado por Julio Mangas Manjarrés y Miguel Ángel Novillo López, 2014

(11) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., Quién es el dios Teleno. Conclusiones, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/01/quien-es-el-dios-teleno-conclusiones.html

lunes, 9 de marzo de 2015

Los dólmenes de Vidriales, Zamora



Una de las características más llamativas del solar meridional de los ástures es la ausencia de testimonios arqueológicos megalíticos, lo cual contrasta enormemente con su acusada presencia al Norte, al Oeste o al Sur. Al respecto, en Teleno. Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte decía:

«Entre estas escasas manifestaciones megalíticas leonesas estarían el menhir de La Uña (Valdosín) y las tumbas colectivas de Villanueva de Carrizo, Gordaliza del Pino y La Candamia, más una decena en el entorno de los Picos de Europa repartidos entre los términos municipales de Acebedo, Burón, Oseja de Sajambre y Posada de Valdeón . Entre los indicios, habría que considerar un bloque con motivos serpentiformes y cruciformes relacionables con algunos bloques dolménicos asturianos hallado en una cuadra de Cármenes, posibles estructuras tumulares en Babia, y finalmente, en Camposagrado, una punta romboidal que suele aparecer en ajuares megalíticos que P. Redondo encontró, habiendo apuntado el padre C. Morán la posible existencia de dólmenes en este mismo lugar»(1).

En este mismo libro apuntábamos la existencia de otros posibles vestigios como las Cruces del Monte Irago (entre las que se encuentra la célebre Cruz de Fierro), el Arca de la Pastora entre Lucillo y Quintanilla de Somoza, La Albarda del santuario rupestre de Peñafaciel, el megalito del santuario rupestre de San Salvador de Quintanilla de Somoza(2) o en este blog, el túmulo sobre el que se asienta la ermita de la Virgen de San Mamés de de Palacio de Torío(3), la desaparecida (H)orca de Cobrana(4), El Canto Fincao de Carrizal de Luna(5), la Piedra de la Fecundación de Castrohinojo(6), el círculo de piedras y túmulos de Acebedo(7), un alineamiento de rocas en Alija(8) o el Home de Pedra entre Quilós, Canedo y Villabuena(9).

En las zonas sedimentarias esta ausencia es explicada por la carencia de grandes bloques de piedra que es sustituida por enterramientos colectivos(10). Sin embargo, sorprende esta invisibilidad en comarcas en las que hay buena disponibilidad de grandes rocas como Cabrera, el Bierzo, Maragatería, Omaña,... y porque además hay evidencias en la cultura tradicional que denotan afinidades con regiones con vestigios megalíticos. Un ejemplo muy claro de esto está en el nombre con el que los habitantes de Maragatería se refieren a los mojones que señalan los límites entre pueblos: arcas, que es el mismo que se utiliza en Galicia, Asturias o Cataluña para aludir a restos megalíticos.

La notable excepción son los dólmenes de la comarca zamorana de Vidriales que vamos a tratar en este artículo. Me refiero al Casetón de los Moros de Arrabalde, y el dolmen de las Peñezuelas y la cista megalítica de San Adrián, en Granucillo. Fueron excavados y estudiados por primera vez por el omañes César Morán que publicó en el año 1935 en Excavaciones en dólmenes de Salamanca y de Zamora, en Memorias de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, nº 135. Se consideran del 3000 al 2500 a.C. Veamos cada uno.

CASETÓN DE LOS MOROS


Al fondo, el Teleno, oculto por las nubes
El Teleno, oculto
La entrada, hacia Carpurias
Se encuentra en Arrabalde, a poco más de 1 km. al Norte del potente castro de las Labradas y fue excavado en 1988 por A. Palomino(11). Según la Guía de la ruta arqueológica por los valles de Zamora, de Strato S.L. publicada por la Junta de Castilla y León pero disponible en internet gracias a la Fundación Saber.es(12):

«El monumento se encontraba muy deteriorado por el intenso laboreo agrícola. Conservaba in situ y en pie cinco ortostatos (piedras de gran tamaño) que delimitaban la mitad occidental de la cámara; durante la excavación se halló un nuevo bloque pétreo caído hacia el interior y cuatro improntas o zanjas de cimentación pertenecientes a otros tantos ortostatos desaparecidos. De la misma manera se pudo reconocer un corredor, orientado al sureste, gracias a dos pequeñas lajas colocadas en su sitio y a la huella de otras seis, dispuestas tres a cada lado del mismo.

«El dolmen se corresponde, por lo tanto, con la variedad de sepulcro de corredor; en el momento de la excavación el túmulo había desaparecido por completo, y todo el sedimento había sido alterado por repetidas remociones y rebuscas. Únicamente se pudo documentar la existencia, en el interior de la cámara y asentados sobre el mismo nivel en el que lo hacían los ortostatos, de varios hoyos de poste y de un hogar con carbones. Los materiales arqueológicos recuperados, restos de los ajuares en su día depositados junto a los muertos, no son muy abundantes. Entre ellos destacan varios útiles de silex (microlitos geométricos y laminitas) y un hacha de piedra pulimentada, además de algunos objetos de adorno, como un par de cuentas de collar discoides de pizarra y una cuenta de variscita.

«El procedimiento de restauración se inició con el variado del relleno vertido tras la excavación arqueológica, descubriendo las antiguas improntas de los ortostatos desaparecidos y retirando el ortostado caído en el interior de la cámara para ser posteriormente reutilizado. En la reconstrucción se emplearon un total de 12 nuevas piezas pétreas, delimitando por completo el perfil original de la cámara y la totalidad del trazado del corredor. También se procedió a consolidar la cimentación de las piedras originales de la cámara.».

El eje del corredor señala, en dirección al interior del recinto, al monte Teleno sobre el que se pone el Sol del solsticio de verano. La misma dirección, pero esta vez desde el interior, hacia la falda norte de Carpurias, apunta a la salida del Sol del solsticio de invierno. Me pregunto si esta circunstancia tendrá algo que ver con la tradición popular recogida por Rúa Aller y Rubio Gago:

Cíclope bañezano,
CALLEJO, J., Gnomos. Guía de los seres mágicos de España,
Edaf, 1996, p. 227
«Según las supersticiones locales, en el citado monte [de Carpurias] vive un gigante de un solo ojo que guarda un tesoro [...] Este gigante, cuando está enfurecido, sopla el viento contra La Bañeza, en forma de tormentas rojas infernales, y ruge estrepitosamente, originando los truenos. Para librarse de tan horrible amenaza, un zagal debe clavarle una astilla hirviente en el ojo, produciéndole la muerte»(13).

Sin embargo, echando un vistazo con el Sigpac observo que existe un topónimo denominado Ladera del Sol desde el que se produce un alineamiento preciso en el amanecer del solsticio de verano sobre Carpurias que es más acorde al sentido mitológico de la tradición local, equivalente a lo visto sobre tradiciones de serpientes asesinadas.

LAS PEÑEZUELAS




Su primera referencia es de Gómez Moreno, a comienzos del siglo XX.

«No muy lejos, en el valle de Vidriales, habitación antigua de los superatios astures, existe la villa así nombrada, que sonaba con poca variedad Granuciello en 1215, y cuya radical se parece a la del Caranicum gallego. Ningún vestigio de población antigua ostenta, sin embargo, ni el terreno convida a buscarlos; pero al llegar allí dese Grijalva, tropecé con unas piedras hincadas, como resto de anta considerable, que en diagonal mediría unos 3,75 metros_ luego, supe que les llamaban las Peñezuelas. Su número es de siete; pero faltarán lo menos otras tantas, y su materia es cuarcita, bien difícil de obtener en pedazos algo regulares y del tamaño de éstos: el mayor levanta del suelo poco más de un metro.

«Otro cerco análogo, mejor conservado y con cinco o siete piedras, columbré en el valle, lejos y hacia el nordeste de la villa, y un tercero se me dijo que hubo más retirado, del que arrancaron todas las piedras. Allí no dan nombre especial a estas obras ni las enlazan con tradiciones de moros o de encantates, como se suele, y las explican diciendo que eran garitas avanzadas de un castillo, edificio relativamente moderno que domina la villa, formando un recinto con aspilleras, almenas de albardilla y puerta de arco redondo, en cuyo interior subsisten argamasones de un palacio, y era de los condes de Benavente»(14).

Después de César Morán en los años 30 del s. XX fue excavado por Jesús del Val en 1984. La Guía de la ruta arqueológica por los valles de Zamora detalla:

«El monumento conservaba cuatro losas in situ y dos caídas en el suelo. En la excavación de 1984 se localizaron las bases de otros dos ortostatos y tres fosas de cimentación de otros tantos bloques de piedra, así como tres hoyos circulares de pequeño tamaño que delimitaban y cerraban la cámara en el sector suroriental. Tras el levantamiento de una de las lajas tumbadas aparecieron, con una clara disposición orientada al sureste, dos improntas de sendos ortostatos paralelas que parecen apuntar la existencia de un corredor. Del túmulo no restaba más que un pequeño peralte detrás de los ortostatos mayores. Entre los elementos de ajuar hallados destacan varias láminas de silex, una punta de flecha de aletas y pedúnculo, microlitos geométricos, un raspador, un perforador, varias cuentas de collar discoides de pizarra, así como algunas cerámicas decoradas de la Edad del Bronce, como muestra de la reutilización del sepulcro al cabo del tiempo.

«La restauración consistió en la recolocación en su mismo emplazamiento de los dos ortostatos inclinados que se conservaban originalmente, reinstalándose las otras tres piezas primigenias en el flanco derecho de la cámara. Por otra parte, el escaso espacio disponible para la reconstrucción del pasillo, puesto que éste se proyecta directamente sobre la cuneta que lo separa del camino vecinal, obligó a utilizar aquí únicamente dos piedras, una a cada lado. Por tal motivo, y para que su condición de pasillo o acceso quedara más resaltada, se han utilizado dos lajas de menor altura».


La declinación que arroja el eje del monumento es de -14,3º (acimut 109º), muy cerca de los -16,4º propio de las fiestas de media estación de primeros de febrero/noviembre con el que se produce un error de acimut de 2,7º. Ya hemos manifestado en varias ocasiones que una de las características más interesantes de los dólmenes del occidente europeo es la de que, mayoritariamente, señalan la fecha intermedia entre los equinoccios y el solsticio de invierno, según un estudio de Michael Hoskin(15). En cuanto a los hitos del horizonte, ha sido difícil obtenerlo, debido a las nubes. He reconocido al Vizcodillo, Calbarrás, Punta Negra, La Frisgia, Peña Llengua, Pico de los Bedules y el Teleno, de los que dos, La Frisgia y Peña Llengua, constituyen un preciso referente para señalar la puesta del Sol en las fiestas de media estación de primeros de mayo/agosto y de la Luna en el lunasticio menor Norte, respectivamente. La probabilidad de que sean simple casualidad es del 14,68%.

SAN ADRIÁN







Se encuentra muy cerca, a unos 100 metros, de la ermita de San Adrián. Se trata del cerco que menciona Gómez Moreno, al nordeste de la villa. Dice la Guía de la ruta arqueológica por los valles de Zamora:

«A las ocho losas, cuatro de ellas fragmentadas, documentadas en las viejas explotaciones, hay que añadir tres fosas de cimentación que completan el perímetro de la cámara, ligeramente oval, en la que, por otra parte, no se reconoce corredor y resulta difícil establecer una zona de acceso. El ajuar procedente de este dolmen está compuesto por una cuenta de collar de variscita y varias discoides de pizarra, una punta de flecha y un importante conjunto de micolitos geométricos, un prisma de cuarzo y varios fragmentos de cerámicas de la Edad de Bronce.

«La actuación en San Adrián consistió en una recolocación de los ortostatos existentes manteniendo sus posiciones originales y cubriendo los huecos con nuevas piezas, hasta completar el perímetro de una cámara circular. La estructura megalítica quedó cubierta prácticamente en su totalidad por un túmulo circular de tierra y piedras reforzado en su base por un anillo perimetral de piedras de mediano tamaño. Este monumento ha sido tradicionalmente interpretado como una cista megalítica, lo que determinó que el acceso al interior de la cámara se planteara mediante la colocación en el flanco sureste de un ortostato de menor tamaño, que permitiera el paso a través del túmulo, mucho más bajo en este sector».




La apertura que se considera acceso a la cista señala la salida del Sol en el solsticio de invierno. En cuanto a los marcadores del horizonte, repite el Pico de la Llengua (con mejor precisión), para la puesta de la Luna en el lunasticio menor Norte, y el Teleno, para la puesta de la Luna en el lunasticio mayor Norte.

Como conclusión, hemos constatado la orientación de estos monumentos funerarios megalíticos a la salida del Sol en el solsticio de invierno y en las fiestas de media estación de primeros de febrero y noviembre, pero también alineamientos con puntos destacados del paisaje en el solsticio de verano, las fiestas de media estación de primeros de mayo/agosto y en los lunasticios al Norte. Entre estos histos horizontales debemos destacar al monte Teleno que evidencia su carácter sagrado, pero en esta ocasión para señalar el solsticio de verano y el lunasticio mayor al Norte, justo el papel opuesto al carácter invernal que el mismo monte revelaba en los santuarios rupestres de Maragatería.

Puedes obtener los cálculos en este enlace.

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(1) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 24-25; VV. AA. Historia de León. Tomo I, Universidad de León, Diario de León, 1999, pp. 62-66

(2) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M.A., Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y la Muerte. Un enfoque etnoarqueoastronómico para el estudio de los santuarios antiguos del corazón de la Asturia, Editorial Lobo Sapiens, 2011, pp. 24-25; VV. AA. Historia de León. Tomo I, Universidad de León, Diario de León, 1999, pp. 27-38

(3) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., San Mamés de palacio de Torío, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/02/san-mames-de-palacio-de-torio.html

(4) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., El círculo megalítico de Cobrana, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/03/el-circulo-megalitico-de-cobrana.html

(5) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., El Canto Fincao de Carrizal de Luna, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/06/el-canto-fincao-de-carrizal-de-luna.html

(6) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., La Piedra de la Fecundación de Castrohinojo, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/06/la-piedra-de-la-fecundacion-de.html

(7) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., Los monumentos megalíticos de Acebedo, Asturiensis Prouincia Indigena, 2012, http://asturiense.blogspot.com.es/2012/03/los-monumentos-megaliticos-de-acebedo.html; GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A.,El cromlech de Acebedo, Asturiensis Prouincia Indigena, 2013, http://asturiense.blogspot.com.es/2013/11/el-cromlech-de-acebedo.html

(8) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., alija, Asturiensis Prouincia Indigena, 2014, http://asturiense.blogspot.com.es/2014/02/alija.html

(9) GONZÁLEZ GONZÁLEZ, M. A., Home de Pedra, Asturiensis Prouincia Indigena, 2014, http://asturiense.blogspot.com.es/2014/07/home-de-pedra.html

(10) DELIBES DE CASTRO, G., FERNÁNDEZ MANZANO, J, Calcolítico y Bronce en tierras de León, Lancia: revista de prehistoria, arqueología e historia antigua del noroeste peninsular, Nº 1, 1983, pp. 21-27

(11) PALOMINO LÁZARO, A., Nuevas aportaciones al conocimiento del fenómeno megalítico en la provincia de Zamora. Actas del Primer Congreso de Historia de Zamora. T. 2. Prehistoria-Mundo Antiguo, pp. 173-200

(12) Guía de la ruta arqueológica por los valles de Zamora, Strato S.L., http://www.saber.es/web/biblioteca/libros/guia-ruta-arqueologica-valles-de-zamora/guia-ruta-arqueologica-valles-de-zamora.php?idLibro=204

(13) RUA ALLER, F.J., RUBIO GAGO, M.E., La piedra celeste. Creencias populares leonesas, Breviarios de la Calle del Pez, 1986, p. 76

(14) GÓMEZ MORENO, M., Catálogo monumental de España. Provincia de Zamora (1903-1905). Ministerio de Instrución Pública y Bellas Artes, 1927, pp. 3-4

(15) HOSKIN, M., Orientations of Dolmens of Western Europe: Summary and Conclusions, Journal for the History of Astronomy, Vol. 39, No. 4, p. 507-514; HOSKIN, M., Orientations of dolmens of Western Europe, Complutum, Nº 20, 2, 2010, pp. 165-175; HOSKIN, M., El estudio científico de los megalitos. La arqueoastronomía, PH67, Especial monográfico, Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Agosto 2008, pp. 84-91
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