Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

Si deseas corregir, matizar, opinar o pedir más información sobre lo aquí apuntado, te animo a participar.

domingo, 26 de julio de 2015

Solaristas contra lunáticos: modelando patrones en astronomía megalítica

Hace poco encontré un artículo interesante de César González, Lourdes Costa y Juan Antonio Belmonte(1). Se titula Solarist vs Lunatics: modelling patterns in megalithic astronomy. Está en relación con un trabajo de Michael Hoskins del que ya hemos hablado(2) que concluye:

«Las tumbas colectivas ("dólmenes") construidas por toda Europa y las regiones del mediterráneo en el Neolítico Tardío casi siempre tienen una entrada que permite la introducción de los cuerpos difuntos, y consiguientemente una orientación. El trabajo de campo muestra que los constructores siempre estaban sujetos a observar una orientación fijada por la costumbre, y en la mayor parte de la Europa Occidental la costumbre bien podría haber sido dirigirse a la salida del Sol en cierta fecha del año,  o al Sol después de haber salido»(3).

Orientaciones de 1542 tumbas de la Península Ibérica y la región francesa de Causses, excluyendo Ardeche y Gard.  HOSKIN, M., El estudio científico de los megalitos. La arqueoastronomía, PH67, Especial monográfico, Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Agosto 2008, p. 89

Marciano de Silva, en su artículo considera un objetivo astronómico diferente que denomina "Luna Llena de Primavera" o "equinoccio megalítico" que define así:

«Después del solsticio de invierno, los acimutes del sol naciente y de la luna llena naciente se van aproximando hasta que se cruzan; esto mes, hasta que la luna llena es vista nacer al Sur de la dirección en la cual el Sol se vio nacer en el mismo día. Esto ocurre sobre el tiempo del equinoccio de primavera, y este cruce puede considerarse como el marcador del "equinoccio megalítico"»(4)

Los cálculos del autor muestran que esta salida de la luna se distribuye en acimut entre los 85º-110º con un valor promedio superior a 90º, y contrasta este objetivo astronómico con las orientaciones de las tumbas megalíticas del Alentejo Central que observan un acimut promedio de 99.3º. En la siguiente figura muestro una simulación que he realizado implementando el procedimiento anteriormente descrito y que muestra el acimut de la Luna Llena de Primavera para 100 años a partir del 2500 a.C..



González García et al. plantean un nuevo objetivo hipotético: la primera luna nueva o la última luna a partir de cierto hito solar como un solsticio o un equinoccio. A continuación confronta estos objetivos astronómicos con las orientaciones de los dólmenes en el Sur de Francia, en las regiones de Provenza y Languedoc. La propuesta de Marciano Da Silva me pareció algo arbitraria, mientras que la de González et al. me pareció factible ya que está en la base de los calendarios lunisolares(5). Sin embargo, el procedimiento de modelado descrito me pareció algo impreciso: considera la posición de la luna dos o tres días después de la luna nueva, que es determinado a partir del mínimo de la elongación lunar. En su lugar, he implementado el modelo descrito por Mohammad Sh. Odeh, New Criterion for Lunar Crescent Visibility (6).

Considera que el mejor momento para la observación de la primera aparición de la Luna se produce entre la puesta del Sol y de la Luna, en un momento dado por

Tb = Ts + (4/9) Lag

Siendo Lag el intervalo de tiempo entre la puesta del Sol y de la Luna, o entre la salida de la Luna y la del Sol.

ARCV es el arco de visión, definido como la distrancia angular en altitud entre el Sol y la Luna, en grados. W es la anchura del creciente o anchura de la parte iluminada de la Luna medida a lo largo de su diámetro, en arcominutos.

El criterio de visibilidad será:

V ≥ 5.65: el creciente es visible a simple vista
2 ≤ V < 5.65: el creciente es visible con ayuda óptica, pero podría ser visto a simple vista
-0.96 ≤ V < 2: el creciente es visto solo con ayuda óptica
V < -0.96:  El creciente no es visible con ayuda óptica

Siendo V = ARCV -(-0.1018*W^3+0.7319*W^2-6.3226*W+7.1651)

Nota: W^3 es W elevada a la potencia 3

Las siguientes figuras muestran las primeras lunas después del solsticio de invierno, equinoccio de primavera, solsticio de verano y equinoccio de otoño para 100 años a partir del 2500 a.C.





Las siguientes figuras muestran las últimas lunas después del solsticio de invierno, equinoccio de primavera, solsticio de verano y equinoccio de otoño para 100 años a partir del 2500 a.C.





El que mejor se adapta como objetivo para la orientación principal de las tumbas megalíticas sería la última luna después del equinoccio de primavera, que no sigue una distribución normal sino que oscila entre los 115º a los 80º de acimut con un valor medio próximo a los 100º y una amplitud de oscilación de 18º.

No explicaría la campana que presenta el gráfico de frecuencias relativas de las orientaciones de los dólmenes recopilados por Hoskin porque, como ya hemos explicado, los acimutes de la última Luna después del equinoccio de Primavera no sigue una distribución normal. También habría que tener en cuenta que la oscilación con amplitud de 18º que presenta este fenómeno no es compatible, en absoluto, con direcciones precisas. También sería interesante averiguar qué significado tendría este fenómeno, más allá de su papel en la regulación de un calendario lunisolar. ¿Por qué sería más importante la última luna después del equinoccio de primavera que el resto de posibilidades lunares? 

En definitiva, el trabajo de Hoskin pone en evidencia una orientación deliberada de los dólmenes del occidente europeo. En cuanto a su interpretación nos encontramos con dos posibilidades principales: una orientación solar precisa que señala el punto medio entre los equinoccios y el solsticio de invierno o una orientación lunar oscilante que mira hacia el lugar de la ocultación de la Luna después del equinoccio de primavera definido este como el punto medio, en días entre el solsticio de invierno y el de verano.
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(1) GONZÁLEZ GARCÍA, C., COSTA FERRER, L., BELMONTE, J. A., Solarist vs Lunatics: modelling patterns in megalithic astronomy, Lights and Shadows in Cultural Astronomy, 2007, pp. 23-30

(2) HOSKIN, M., Orientations of Dolmens of Western Europe: Summary and Conclusions, Journal for the History of Astronomy, Vol. 39, No. 4, p. 507-514; HOSKIN, M., Orientations of dolmens of Western Europe, Complutum, Nº 20, 2, 2010, pp. 165-175; HOSKIN, M., El estudio científico de los megalitos. La arqueoastronomía, PH67, Especial monográfico, Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Agosto 2008, pp. 84-91

(3) HOSKIN, M., Orientations of dolmens of Western Europe, The Role of Astronomy in Society and Culture, Proceedings of the International Astronomical Union, IAU Symposium, Volume 260, p. 116

(4) MARCIANO DA SILVA, C, The Spring Full Moon, Journal for History of Astronomy, v. 3, 4, pp. 475-478

(5) RUGGLES, C.L.N., Ancient astronomy: an enciclopedia of cosmologies and myth, ABC-CLIO, 2005, pp. 228-230; RUGGLES, C.L.N., The Borana calendar: some observationes, Archaeoastronomy, 11. J Journal for History of Astronomy, XVIII, 1987, pp. 35-53

(6) ODEH, M. SH., New Criterion for Lunar Crescent Visibility, Experimental Astronomy, 18, 2004, pp. 39-64

domingo, 19 de julio de 2015

Los chamanes de la Prehistoria

Los chamanes de la Prehistoria es un interesantisimo y controvertido libro de Jean Clottes y David Lewis-Williams que plantea que las pinturas paleolíticas son el producto de estados de conciencia alterados experimentados por chamanes que posteriormente actuarían como inductores y canalizadores de nuevas experiencias. Para llegar a esta propuesta antes hacen un recorrido muy ilustrativo sobre las diferentes interpretaciones que se han aplicado a este fenómeno cultural como la teoría de la magia simpatética establecida por Reinach y popularizada por el abate Breuil y el conde Bégën o el arte estructurado en el que destacaba la oposición bisonte-caballo defendido por André Leroi-Gourhan. A mi, personalmente, esta propuesta me parece muy interesante aunque también me lo parecen las anteriores. Tengo la impresión de que la teoría aún no está madura, y que no es necesariamente irreconciliable con las anteriores. Es un tema que me gustaría explorar y desarrollar.

Sin embargo, lo que más me llamó la atención es una posible relación con la pintura esquemática. A diferencia de las pinturas paleolíticas realizadas en la profundidad de las cuevas, aquí se eligen oquedades, abrigos y farallones rocosos expuestos a la iluminación solar. Sin embargo, llama la atención su inaccesibilidad y aislamiento.


Así cobra especial significado este párrafo tomado del libro:

«La forma de iniciación chamánica más conocida por todo el mundo es aquella que se denomina "la búsqueda de visiones". Un joven indio de América que quiere llegar a ser chamán, o que se siente llamado para ocupar este rol, se marcha a un lugar aislado, generalmente al borde de un precipicio o a una cueva. Escogerá frecuentemente un lugar con arte rupestre, considerado como un espacio adecuado para la búsqueda de las visiones. El criterio esencial del lugar escogido es su aislamiento. Lejos de los humanos y de la ayuda de su comunidad, ayuna y medita. Se provocará a veces el sufrimiento por medio de flagelaciones. Finalmente, el hambre, el dolor, la concentración intensa y el aislamiento social se combinarán para hacerlo entrar en trance. Es entonces cuando un animal-espítitu, que será su acompañante a lo largo de toda su vida, se le aparecerá y se sentirá investido de su poder sobrenatural. Entonces, el joven indio podrá comenzar su vida de chamán»(1)

Estas prácticas que en parte explicarían la situación y sentido de los lugares con pintura rupestre esquemática en León me recuerda a los anacoretas de las Cuevas del Moro en el valle del Esla o del valle del Silencio. Según Jimeno Guerra en Las prácticas espirituales del eremitismo peninsular altomedieval(2) «tanto las tentaciones sufridas como las visiones que estos hombres tienen del Señor en múltiples ocasiones, bien podríamos considerarlas como alucinaciones fruto de estas extremas condiciones de vida. La falta de alimento y sueño, así como las duras penitencias infligidas, provocaban en estos hombres un comportamiento mental insano, así como una debilidad absoluta que les abocaba a una muerte inevitable». Tal vez su origen no sea estrictamente oriental, especialmente de Egipto, como es la opinión de los especialistas(3)  y que tenga cierta base local. De Valerio del Bierzo, por ejemplo, opina José Carlos Martín que «fue, sin duda, un enfermo, debido, en parte, a una furiosa manía persecutoria y a frecuentes y aterradoras alucinaciones en las que se veía rodeado de demonios, producto de un ascetismo extremo provocado, parece, por un cierto placer en la propia mortificación»(4) o Domingo de Carracedo que en la Coba do Frade de Corullón en la que se había aislado, tenía alucinaciones en las que los rayos del Sol se convertían en un dragón que le atacaba:

«alguna vez ocurrió, cuenta san Herberto, que sentado en su guarida de ermitaño, levantando la mirada en contra de los rayos del sol, observaba atentamente su brillo. Y he aquí que se le aparecía un tortuoso Leviatán que se mostraba bajo la apariencia de un dragón ardiente y descendía por los propios rayos precipitándose en un súbito deslizamiento hacia su rostro como si fuera a devorarlo vivo. Y cuando aquel, estremecido, lo vela, como si de una amarillenta serpiente se tratase, se aterrorizaba por completo y casi exánime clamaba con votes anhelantes y oponía a la bestia feroz la insignia de la cruz»(5).
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(1) CLOTTES, J., LEWIS-WILLIAMS, D., Los chamanes de la Prehistoria, Ariel Historia, 2010 p. 23

(2) JIMENO GUERRA, V., Las prácticas espirituales del eremitismo peninsular altomedieval,  Espacio, tiempo y forma. Serie VII, Historia del arte, Nº 24, 2011, pp. 63-79

(3) TEJA, R., Emperadores, obispos, monjes y mujeres. Protagonistas del cristianismo antiguo, Madrid, Trotta, 1999, p. 152. CANELLAS, A., Noticias sobre eremitismo aragonés, España Eremítica, Leyre, 15 al 20 de sept., 1963, p. 257; citados en JIMENO GUERRA, V., Las prácticas espirituales del eremitismo peninsular altomedieval,  Espacio, tiempo y forma. Serie VII, Historia del arte, Nº 24, 2011, p. 63

(4) MARTÍN, J. C., Valerio del Bierzo, c. 625-695, Colección de Polígrafos Españoles, Pertenece al proyecto Escritores Visigóticos y Mozárabes dirigido por la Profesora Carmen Codoñer, de la Universidad de SalamancaFundación Ignacio Larramendi, http://www.larramendi.es/es/consulta_aut/registro.cmd?id=3653

(5) BALBOA DE PAZ, J. A., Mitos y supersticiones, Biblioteca leonesa de tradiciones, Diario de León, 2009, pp. 34, 56; FLOREZ, H., España Sagrada. Teatro Geográfico-Histórico de la Iglesia de España, Tomo XVI, 1762, pp. 218, 350, 416-424

lunes, 13 de julio de 2015

Observadores y Observatorios de solsticios en la California Nativa

En el artículo Solstice Observers and Observatories in Native California, Travis Hudson, Georgia Lee y Ken Hedges exponen evidencia etnográfica y arqueológica de prácticas astronómicas de los nativos americanos relativas al seguimiento de un calendario solar que organizara sus actividades religiosas, sociales y económicas. Los autores prestan especial atención a los procedimientos seguidos para detectar el acontecimiento de los solsticios, los hitos más sensibles del ciclo solar. 

La influencia del cielo sobre la vida en la Tierra es uno de los elementos más importantes, no sólo de la cosmología americana, sino que también se encuentra en la esencia de la cultura europea. Los autores lo explican así:

«Para mantener el universo en equilibrio, era necesario observar e interpretar cuidadosamente los cambios del cielo, y mediante el uso de poderes sobrenaturales manipularlos en beneficio de la sociedad. La astronomía observacional era necesaria para hacer frente de manera ritual al entorno natural.
«En la base de este comportamiento estaba la creencia de que los objetos celestiales eran divinidades cuyos atributos y poderes eran incomprensibles, predecibles y similares a los de los hombres. Como gente que vivía al aire libre, los nativos californianos estaban muy implicados en observar los ciclos rítmicos de la naturaleza de su entorno. Estos pueblos constataron que los cambios naturales de la tierra están relacionados con los cambios celestiales que tenían lugar sobre ellos.
«Aunque no alcanzaron a teorizar que los cambios estacionales terrestres eran producidos por la inclinación axial y revolución alrededor del Sol, comprendieron que cuando el Sol podía ser visto naciendo o poniéndose en cierta posición del horizonte, o cuando ciertas estrellas aparecían en el cielo crepuscular, tenían lugar ciertos cambios estacionales en la Tierra: llegaba el tiempo de lluvias, las hojas se secaban, las semillas maduraban, los ciervos emigraban y demás.
«En resumen, percibían un cosmos en el que los cambios estacionales en la Tierra eran causados por las fuerzas de arriba, y fue este concepto básico el que sin dudo transformó el objeto celestial  en una divinidad celestial. La magnitud de estos cambios era inmensamente poderosa [...] Es comprensible entonces que para los nativos americanos el Sol era un ser inmensamente poderoso: dispensador de la lluvia o de la sequía, de la luz o la oscuridad, del calor o el frío».

Esta concepción necesidad explica la necesidad de conocer con precisión el transcurso del ciclo solar. Las noticias etnográficas explican los procedimientos seguidos para este fin.  

«Las técnicas para observar el solsticio entre los nativos americanos fueron recogidas en la literatura durante algún tiempo, particularmente los de las costas del Suroeste y del Noroeste [...] La descripciones que fueron registradas para la Californa nativa pueden dividirse en dos categorías básicas: (1) Observación directa del Sol (16 tribus), en la que el Sol es observado en relación con el horizonte o con marcadores horizontales, o (2) observación indirecta del Sol (10 tribus) en las que se observaba un rayo de Sol a) incidir en una marca o serie de marcas sobre el suelo, un poste central o una pared de una estructura ceremonial; b) incidir sobre una pintura o un objeto situado en una abrigo o c) producir una sombra».

A partir de la evidencia etnográfica, los autores prospectan arqueológicamente, principalmente con manifestaciones de arte rupestre, para reconocer lugares en los que se desarrollaran estas técnicas de observación de los solsticios. Concluyen que individuos o colectivos constituían una élite que aunaba capacidades artísticas, chamánicas y astronómicas para la práctica y seguimiento del calendario en relación con el ritmo solar, conduciendo además ceremonias que cohesionaban la comunidad y regulaban sus actividades económicas, legales y sociales. Detectan que la mayoría de los lugares de observación están asociados con elevaciones, que adquirían entonces un significado sagrado.

miércoles, 8 de julio de 2015

Los dioses de Newgrange en la literatura irlandesa y en la tradición romano-céltica


Este artículo, The gods of Newgrange in Irish literature & Romano-Celtic tradition, examina la propuesta postulada por los profesores M.J. y Claire O' Kelly según la cual la literatura irlandesa nos proporciona evidencia de los dioses que han recibido culto por aquellos que construyeron el monumento neolítico de Newgrange. El artículo objeta y propone un origen en los periodos del Hierro o Romano para el origen del culto a las divinidades descritas en estos textos medievales que aparecen ligados a los monumentos neolíticos.

Al margen de esta controversia, aquí nos interesa el acento que el artículo pone en que estos monumentos megalíticos eran más lugares de culto que espacios funerarios. Para ello cita a Stefan Bergh:

«Visto desde el punto de vista de la necesidad humana de crear un lugar final de descanso para los restos de los muertos, la erección de una tumba megalítica parece una tarea extremadamente complicada y extravagante. Si todo lo que se necesita es proteger el cuerpo del difunto, entonces un hoyo en el suelo debería ser suficiente, posiblemente complementado por alguna forma de marcado sobre la tierra por su fuera necesario regresar al lugar»(2). 

y concluye que esta ineficiencia lleva a muchos arqueólogos a considerar las tumbas megalíticas más como templos que como enterramientos.

Centra su estudio en el área que rodea Newgrange, conocoda en la literatura mediaval como Drug na Bóinne, la región de Boyne, morada de los Tuatha dé Dannan y lugar de enterramiento pagano de los reyes de tara ancestrales Uí Néill. La conexión con las divinidades irlandesas se resume en este párrafo:

«En síntesis, en la Irlanda medieval podemos detectar diferentes tradiciones contemporáneas concernientes con los habitantes del Inframundo de Brug na Bóinne. Encontramos la entrada del 863 que se refiere a las tumbas de Aldui. Boadan y ban Ángobann, o más bien, el Defensor Supremo, el Victorioso y la esposa del Martillo Resplandeciente. Encontramos el grupo familiar del Dagda, Boand y Oengus Mac In Óc, el Buen Dios, el río Boyne y el Dios Joven. Finalmente encontramos la figura del padre de  Cú Chulainn, el dios Lug samildanach, hábil en todas las artes».

Detengámonos aquí. Encontramos nuevamente la definición de una triada fundamental formada por el dios supremo, su esposa y su hijo heredero, así como un conflicto padre-hijo expresado en la apropiación engañosa de la morada del Dagda por parte de su hijo. Le pidió quedarse ahí "por un día y una noche", que en irlandés, debido a la ausencia del artículo indefinido, equivale a "día y noche". Este esquema funcional en el que podemos reconocer las oposiciones de contrarios hombre-mujer y padre-hijo encaja mejor con la que hemos expuesto en la serie de artículos Quién es el dios Teleno que la división en funciones real, guerrera y productora de Dumezil.

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(1) SWIFT, C., The gods of Newgrange in Irish literature & Romano-Celtic tradition, en Stones and Bones. Formal disposal of the dead in Atlantic Europe during the Mesolithic-Neolithic interface 6000-3000 BC. Archeological Conference in Honour of the Late Professor Michael J. O'Kelly, editado por Göran Burenhult y Susanne Westergaard, 2003

(2) BERGH, S., Landscape of the monuments: a study of the passage tombs in the Cúil Irra region, Stockholm, 1995, p. 141

Un gran calendario de piedra y luz

Publicado en el Diario de León, el 4/7/2015 por Emilio Gancedo:
 http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/gran-calendario-piedra-luz_991405.html



Un enorme calendario lunar y solar en plena naturaleza. Con ese fin habrían sido elaboradas las pinturas rupestres de los lugares bercianos de Peña Piñera, Librán y San Pedro Mallo si seguimos las conclusiones de un profundo estudio que acaban de terminar los expertos Feliciano Cadierno y Miguel Ángel González y cuyas conclusiones darán a conocer en el XIX Congreso Internacional de Arte Rupestre IFRAO, que se celebrará en Cáceres del 31 de agosto al 4 de septiembre.

Ambos firman el trabajo titulado Estudios arqueoastronómicos sobre la pintura rupestre esquemática, ¿posible indicador de épocas de frecuentación? A propósito de Peña Piñera, Librán y San Pedro Mallo, que proporciona «evidencia estadística» de que el conjunto de pinturas rupestres de Peña Piñera, así como otros del Bierzo, funcionaba como un enorme calendario lunisolar «gracias a los efectos de luces y sombras singulares que se producen en las representaciones justamente en el amanecer o el anochecer de ciertas fechas del año, o en los extremos de un ciclo lunar que dura algo menos de 19 años y que se conocen como lunasticios mayores y menores», según avanzó González al Diario.

Unas fechas del año que corresponden a la división del año en cuatro partes o estaciones —centradas por solsticios y equinoccios—, «que constituyen el calendario de los primeros agricultores y ganaderos de la Europa atlántica», según indicó este especialista, y cuyas reminiscencias actuales «son lo que llaman en las Islas Británicas ‘el calendario celta’, con sus fiestas de Imbolc, Beltaine, Lugnasad y Samain, o nuestras celebraciones de carnavales, mayos, San Juan, fiestas patronales de cosecha, Todos los Santos y Navidad», continuó. En cuanto a los lunasticios, el estudio revela una interesante conexión con los monumentos megalíticos británicos.

Aunque este tipo de propuestas son aún escasas en España, en el Reino Unido se ha generalizado con cierta normalidad el estudio de los megalitos bajo esta perspectiva. Una mirada «que no sólo puede ayudar a despejar parte de las tinieblas que ocultan el significado del arte rupestre sino que puede ayudar a comprender las raíces culturales de las regiones del Noroeste de la Península Ibérica, y particularmente la leonesa, y esto es así porque podemos rastrear los orígenes de sus tradiciones festivas populares hasta el uso festivo de los conjuntos megalíticos y el arte rupestre», prosiguió Miguel Ángel González.

¿Casualidad?

Los autores recuerdan que, como estos fenómenos de luces y sombras bien podrían responder a la simple casualidad, decidieron en su día realizar un estudio sistemático «que incluyera un análisis estadístico de gran cantidad de pinturas entre las que incluimos las de Peña Piñera, Librán y San Pedro Mallo. Definimos los tipos de fenómenos de luz y sombra que podían producirse, medimos las direcciones del sol o la luna asociadas y estudiamos las frecuencias relativas de estas direcciones», narran, y explican su proceder: «Es como contar el número de 1, 2, 3, 4 ,5 y 6 que aparecen al tirar un dado muchísimas veces. Lo normal es que la frecuencia de cada una de las caras sea aproximadamente igual, pero si una de las caras aparece muchas más veces que el resto, es que el dado está trucado».

«Esto es lo mismo pero con direcciones astronómicas —aclaran—. Encontramos que algunas direcciones aparecían con mucha más frecuencia que el resto, lo cual indicaría que hay un patrón deliberado en el emplazamiento de las pinturas. Una de esta direcciones destacadas es la que corresponde a las fechas de primeros de febrero y noviembre. Otras direcciones son las de los solsticios, la de primeros de mayo y agosto y otras correspondientes a un fenómeno lunar que sucede cada 19 años, ya reconocido en alineamientos presentes en algunos tipos de monumentos megalíticos británicos entre los que se incluye, por ejemplo, el célebre de Stonehenge».

Feliciano Cadierno es arqueólogo y está realizando una tesis doctoral en la Universidad de Valencia cuyo objeto es catalogar el arte rupestre esquemático leonés recopilando yacimientos y detallando representaciones de las pinturas mediante técnicas avanzadas de procesamiento de imagen. Por su parte, Miguel Ángel González es ingeniero y desde hace seis años se ha especializado en la interpretación del arte rupestre en base al seguimiento de un antiguo calendario lunisolar al señalar ciertos hitos del ciclo solar y lunar. Ha publicado sus avances en un libro, Teleno, señor del laberinto, del rayo y de la muerte (ed. Lobo Sapiens) y en su blog personal, asturiense.blogspot.com.
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