Presentación

¡Bienvenido!

En este blog iré presentando distintos temas, tanto históricos como más actuales, relacionados con este olvidado rincón del Noroeste.

Ahora mismo, el objeto principal de mi interés es el estudio de los antiguos lugares sagrados y sus pervivencias en nuestro patrimonio cultural y arqueológico. Este blog es la continuación del estudio etnoarqueoastronómico con marco geográfico en el valle alto de los ríos Duerna y Turienzo en la comarca leonesa de Maragatería cuyos resultados publiqué en el libro Teleno, Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte. En este libro se sientan las bases sobre el origen y pervivencias de un calendario prehistórico basado en equinoccios, solsticios y fiestas de media estación, los fundamentos de la práctica astronómica antigua y el uso de los lugares de culto prehistóricos como calendario en el paisaje.

A la derecha puedes encontrar varias páginas con un índice temático que relaciona las distintas entradas publicadas clasificadas por temas, un índice geográfico que visualiza en un mapa los lugares estudiados, una página con enlaces a aplicaciones o utilidades de interés y una biblioteca con libros y artículos digitalizados sobre temas tales como Arqueología, Astronomía, Arqueoastronomía, Historia de las Religiones, Tradición Popular, Historia, etc.

Si deseas corregir, matizar, opinar o pedir más información sobre lo aquí apuntado, te animo a participar.

lunes, 14 de septiembre de 2015

San Mamede

No es frecuente tener noticia de que alguien ha encontrado provechosa la lectura de mi libro Teleno. Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte, pero cuando sucede y es con un investigador y divulgador tan notable como Fernando Alonso Romero, es para hacer fiesta. Su último libro, San Mamed. Origen precristiano y significado del Culto, editado por Andavira, reconstruye el origen precristiano del culto a San Mamed proporcionándonos interesantísimas notas de su hagiografía como santo gallego, su relación con lo alto de los montes y con el ganado: fue abandonado de niño por su madre en el monte y alimentado por animales salvajes por lo que recuerda a cierto arquetipo del héroe fundador como Rómulo y Remo, Habis, Moisés. San Mamed es un santo protector de los animales, tanto domésticos como salvajes y evidencia una estrecha relación con fuentes sanadoras. Antonio Alonso porne a este santo en relación con un dios indígena denominado Torolo Combiciego del que se conoce una inscripción en San Pedro de Pias, próxima a su ermita de la Sierra de San Mamed, edificio sagrado que, por otra parte, observa un alineamiento doble a los solsticios de verano e invierno.

En Teleno. Señor del Laberinto, del Rayo y de la Muerte, señalaba la existencia de dos topónimos en Maragatería que remitían a una ettimología basada en Lug: Lucillo como diminutivo de lucus, y Luyego como "relativo a Lug". También, la raíz oronómica *LUK está relacionada con topónimos de lugares elevados(1). Tanto en Lucillo como cerca de Luyego encontramos sendos cerros de San Mamede. Por otra parte tenemos la fecha de celebración del santo, el 7 de agosto que se corresponde con la irlandesa de Lughnasad, o "asamblea de Lugh", celebrada en montañas y colinas. En consonancia con esta identificación está la celebración de la renombrada feria de Lucillo, los lunes primeros de cada quincena, hasta avanzados los años sesenta del s. XX. A esta acudían gentes de Somoza, Valduerna, El Bierzo y Cabrera, siendo los días de mayor congregación por Reyes, Pascua y la Virgen de agosto. Sobre estas notas mías dice Fernando Alonso:

«Interesante opinión la de este autor que ha realizado un magnífico trabajo y que, a la vista de sus investigaciones resulta muy evidente que el culto que se celebraba en la ermita de San Mamed, frente al Monte Teleno, tuvo sus remotos orígenes en un culto pagano a una divinidad celeste. su interpretación me ha servido para poder comprobar que también el san Mamed de su sierra homónima en Galicia, vino a sustituir a una divinidad a la que se rendía culto en las alturas de las montañas»

Gracias.

Por cierto, Fernando Alonso añade un dato que refuerza esta identificación de San Mamede con la versión ibérica del Lug pancéltico. En El Niño Gigante, San Mamed, de López de Haro, de 1724, encontramos esta descripción del santo(2)

«Ahora en San Mamed repara, /qué rostro tan singular! / no es más bello el arrebol de la mañana [...] Aún le excede su hermosura: bien se puede llamar émulo del Sol»

El paralelo con el dios Lug en los relatos mitológicos irlandeses es evidente. En el Aided Chloinne Tuireann o El Destino de los Hijos de Tuireann, Lug se presenta ante el rey de Irlanda en la Colina de Balor, después denominada Uisneach, al frente de un ejército que viene del Este con su rostro y frente brillantes como el sol poniente de modo que no era posible mirarlo directamente o como el sol de un día claro de verano(3).

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(1) GARCÍA MARTÍNEZ, F.J., Topónimos dobles en los pueblos de León, Revista Tierras de León, nº 81-82, 1990-1991, pp. 16-17

(2) LÓPEZ DE HARO, El niño gigante, San Mamed, 1726, III, 30

(3) Aided Chloinne Tuireann. El Destino de los Hijos de Tuireann, editado por Society for the Preservation of the Irish Language, with notes, translation, and complete vocabulary by Richard O Duffy, 1901, pp. 70-71, 82-84

viernes, 4 de septiembre de 2015

Estudios arqueoastronómicos sobre la pintura rupestre esquemática ¿posible indicador de épocas de frecuentación?

Entre el 31 de agosto al 4 de septiembre de 2015 se han desarrollado en la ciudad de Cáceres el XIX Congreso Internacional de la International Federation of Rock Art Organizations (IFRAO). Junto con Feliciano Cadierno, hemos presentado el artículo Estudios arqueoastronómicos sobre la pintura rupestre esquemática ¿posible indicador de épocas de frecuentación? A propósito de Peña Piñera Librán y San Pedro Mallo. A continuación transcribo mi parte de la ponencia. Puedes acceder al artículo completo en este enlace.

En este trabajo exploramos la interpretación del arte rupestre del occidente de la provincia de León, particularmente la pintura rupestre esquemática, en base a un posible uso astronómico. Puede parecer excesivo que el hombre prehistórico, que hace varios miles de años realizó estas pinturas, tuviera y aplicara conocimientos en Astronomía, y es porque tenemos en mente sus posibilidades actuales en cuanto a predicción de trayectorias de astros celestes, o al estudio de la formación de galaxias, estrellas, planetas u otros cuerpos. Sin embargo, este uso sería más sencillo y con una importante componente práctica. El hombre, a partir del Neolítico, comienza a cultivar la tierra y criar ganado, por lo que necesariamente debe adecuar sus actividades de explotación agrícola y ganadera al ritmo estacional de la Naturaleza. Sin embargo, esta sucesión de estaciones está marcado por la rotación de la Tierra alrededor del Sol y el ángulo que forma su eje con el plano que contiene a ambos, y que denominamos eclíptica. Asimismo, este  comportamiento cíclico solar es observable mediante la ocupación del Sol en el horizonte durante su puesta o salida que oscila entre dos extremos: los solsticios. En el momento del solsticio de verano, con el Sol en su trayectoria más alta, la Naturaleza se manifiesta en plena efervescencia de vida mientras que en el del solsticio de invierno, la tierra parece estéril, fría, marchita y hostil. Una conclusión lógica para este hombre sería que los astros del cielo, y principalmente el Sol, influyen sobre la vida en la Tierra, por lo que  no sería de extrañar que a partir de entonces el astro rey pasar a ocupar un papel religioso predominante en la jerarquía de poderes que para esta gente gobernaba el mundo. 

Hay estudios aplicados a distintos tipos de monumentos megalíticos europeos que evidencian la preferencia de ciertas orientaciones relacionadas con el Sol y la Luna(1). ¿Podría participar el arte rupestre de este significado? En relación con la pintura esquemática, en un principio consideramos el uso de puntos destacados del horizonte como marcadores de la salida o puesta de cuerpos celestes pero o bien no existían o bien no explicaban la extensión amplia de manifestaciones pictóricas en Peña Piñera, aunque reconocimos algunos casos interesantes. Así que exploramos la posibilidad de producción de efectos de luz y sombra singulares en fechas significativas (en un principio, solsticios, equinoccios y fiestas de media estación) y reconocimos algunos ejemplos, algunos espectaculares, que apoyaban este enfoque.
 
Furacón de los Mouros en el amanecer de primeros de febrero o noviembre
Detalle del soliforme iluminado
San Pedro Mallo en el anochecer de primeros de febrero o noviembre
Detalle del panel de San Pedro Mallo iluminado
La Escondida en el amanecer del solsticio de invierno
Salida del sol en el solsticio de invierno desde las pinturas de la izquierda del panel de La Escondida

La Cuevona de San Pedro Mallo en el anochecer de primeros de mayo o agosto
Ahora bien, podía objetarse que estos resultados eran fruto de la casualidad y de la arbitrariedad en cuanto a la selección del fenómeno luminoso y la fecha. 

Por esta razón decidimos sistematizar el estudio.

1.- En primer lugar decidimos establecer los distintos tipos de fenómenos de luz y sombra que íbamos a considerar en nuestro estudio y que clasificamos, sin pretensión de exhaustividad, en cuatro tipos: lateral, saliente, ocultación y ventana.

2.- Medimos el acimut y la elevación de la dirección astral que produciría el fenómeno en el conjunto de pinturas rupestres de Peña Piñera, San Pedro Mallo y Librán que están siendo catalogadas en la tesis doctoral de Feliciano Cadierno. Estas coordenadas del sistema horizontal apenas nos aportan información. Es conveniente transformarlas a otro sistema de coordenadas, el sistema ecuatorial en el que una de las coordenadas, la declinación o ángulo formado con el plano ecuatorial, nos va a permitir caracterizar el astro correspondiente. 

a.- En el caso de una estrella, su declinación se mantiene constante a lo largo del año aunque varía a lo largo de los siglos debido al fenómeno de precesión de los equinoccios. 

b.- La declinación solar, sin embargo, oscila entre dos extremos, los correspondientes a la oblicuidad de la eclíptica con un periodo de 365,24 días. 
c.- La declinación lunar, oscila entre dos extremos con un periodo de 27,3 días, valores modulados en un ciclo más amplio de 18,6 años.


3.- Graficamos las frecuencias relativas de aparición de las declinaciones medidas. Para ello obtenemos una estimación de la función de densidad de probabilidad con un estimador de núcleo gaussiano. Se trata de una especie de histograma pero para variable continua. De la misma manera que si lanzamos un dado muchas veces el hecho de que aparezca una de las caras con una frecuencia muy superior al resto sería indicativo de que el dado está trucado, los picos muy acentuados de esta función de densidad de probabilidad nos van a revelar un patrón, la preferencia de ciertas trayectorias astrales. En nuestro estudio las declinaciones preferidas, en orden de importancia son, redondeando,  -16°, 30°, 24°, -24°, -30° y 17°. 

4.- Posteriormente debemos interpretar estos resultados, planteando una explicación al patrón. Este podría obedecer a una cuestión topográfica: la propia configuración de las paredes observarían ciertas orientaciones de manera preferente. Sin embargo, hemos comparado los resultados obtenidos en distintos yacimientos de manera que se pueda descartar este condicionamiento y se observa que se repiten ciertas declinaciones. Nosotros vamos a preferir una interpretación en clave astronómica que nos satisface.

a.- Las declinaciones 24° y -24° pueden explicarse bien como correspondientes a los solsticios de verano e invierno. Las declinaciones -16° y 17° pueden corresponder a los puntos medios entre solsticios y equinoccios. Estos puntos medios entre solsticios equinoccios son denominados fiestas de media estación (cross-quarter days en literatura anglosajona) y se producen a primeros de febrero, mayo, agosto y noviembre. Sus reminiscencias actuales están en que se llaman "fiestas celtas" de las Islas Británicas o en nuestras fiestas de carnavales, mayos, fiestas patronales de cosecha y Todos los Santos. Es significativa la escasa importancia otorgada al acontecimiento del equinoccio.

b.- Las declinaciones 30° y -30° han sido obtenidos en estudios estadísticos realizados sobre orientaciones de poblaciones de monumentos megalíticos británicos como círculos o alineamientos de piedras. El significado de este fenómeno, denominado Lunasticio Mayor y que se produce cada 18,6 años, es discutido pero podría explicarse en el contexto de la transición de una sociedad lunar, cazadora y recolectora, a una solar, agrícola y ganadera. Durante un año con lunasticio mayor, la luna llena coincide con el solsticio de verano en el extremo meridional del ciclo lunar, y con el solsticio de invierno en el extremo septentrional. 

5.- Como conclusión, en este trabajo exponemos evidencia estadística de un patrón en la elección de los soportes de piedra de las pinturas rupestres de Peña Piñera, San Pedro Mallo y Librán, que tienen un gran peso en el conjunto de todas las pinturas del occidente de la provincia de León. Podemos preguntarnos si la función de la pintura rupestre esquemática era marcar o señalar paneles rocosos en los que se producían efectos de luces y sombras útiles para el seguimiento de un calendario lunisolar prehistórico, una calendario cuya parte solar estaría vertebrada por solsticios, fiestas de media estación y, en menor grado, equinoccios. Antes habría que aplicar con las necesarias adaptaciones el procedimiento a otros lugares y a otras regiones para comprobar si se aparece un patrón y si coincide con este. Tampoco podemos pensar en una función excluyente. El hecho de que las pinturas se encuentren en localizaciones aisladas y poco accesibles alienta la posibilidad de que se trate de lugares de reclusión, en los que un ermitaño busque experiencias con estados alterados de conciencia; o que, aunque se oponga a lo anterior, se trate de lugares de reunión en ciertas fechas, o que señalen aprovechamientos de recursos, etc. Por último hay que encontrar respuesta a la circunstancia de que hay pinturas esquemáticas que se encuentran en el interior de cuevas y que nunca son alcanzados por luz celeste. De hecho, la pintura rupestre tiene un antecedente en el Paleolítico durante el cual se aplicaba en la profundidad de las cuevas. Tal vez, el propósito de la pintura rupestre era humanizar o marcar la pared donde se manifiesta lo sagrado, con el fin de acceder e intervenir sobre ella: que la pintura propiciera la producción de una experiencia religiosa. Con el Neolítico se produce una solarización del sistema de creencias y de prácticas mágicas, una apertura de los espacios sagrados desde el interior de la tierra a los espacios abiertos, como bien señaló Richard Bradley en su Rock Art and the Perception of Landscape(2). Tal vez, lo sagrado que se manifestaba en la oscuridad ahora lo hace con la luz.

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(1) LOCKYER, J., Stonehenge and Other British Stone Monuments Astronomically Considered, MacMillan and Co., 1906; THOM, A., Megalithic Sites in Britain, Oxford University Press, Oxford, 1967; THOM, A., Megalithic Lunar Observatories, Oxford University Press, Oxford, 1971;  RUGGLES, C.L.N., Astronomy in prehistoric Britain and Ireland, Yale University Press, 1999; HOSKIN, M., Tombs, temples and their orientations, Ocarina Books, 2001

(2) BRADLEY, R., Rock Art and the Perception of Landscape, Cambridge Archaelogical Journal. 1 (1), 1991
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